06 de diciembre de 2018
06.12.2018

Nace en Brasil el primer bebé fruto de un trasplante de útero de donante fallecida

La Organización de Trasplantes rechaza la intervención por sus "enormes riesgos" y por cuestiones éticas, pues no busca salvar una vida sino cumplir el anhelo de ser madre

06.12.2018 | 01:53
Fotografía facilitada por el Hospital de las clínicas de la facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo.

La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se mostró ayer en contra de que se realice trasplante de útero a las mujeres que carecen de este órgano reproductor femenino y por tanto no pueden tener hijos, dados los "enormes cuestionamientos éticos y riesgos" que implica esta técnica tanto para la receptora como para su bebé. Tras conocer el nacimiento en Brasil del primer bebé del mundo nacido tras un trasplante de útero de una donante fallecida, ocurrido en diciembre 2017 pero que se acaba de publicar en la revista médica The Lancet, la directora de la ONT, la gallega Beatriz Domínguez-Gil, señaló que se trata de "un importante avance desde el punto de vista técnico", pero hizo hincapié en sus "enormes cuestionamientos éticos".

"En trasplante de órganos como corazón, riñón o pulmón existe un riesgo quirúrgico, y también un riesgo asociado a la necesidad de tomar una terapia inmunosupresora de por vida que tiene una serie de efectos secundarios. Sin embargo, compensan con el beneficio que se obtiene: una mejora de la supervivencia y de calidad de vida. Esos pacientes no tienen otra opción para seguir viviendo o están abocados al tratamiento con diálisis. Ahí el balance riesgo-beneficio es claramente favorable", explica la directora de la ONT que, sin embargo, no observa lo mismo en el caso de trasplante de útero.

Domínguez-Gil defiende que "no es una intervención que salve la vida, es cuestionable si mejora la calidad de vida y, además, su probabilidad de éxito es reducida". "Está destinado a que culmine con éxito el deseo de ser madre, lo cual es loable y respetable, pero para culminar ese anhelo se exponen a dos intervenciones quirúrgicas (el del implante de útero y, posteriormente, su retirada si el embarazo es exitoso) y a una inmunosupresión que la madre, por su estado de salud, no necesitaría", justifica.

Además, recuerda que el feto "nace expuesto a los efectos secundarios de los fármacos inmunosupresores, lo que podría tener un impacto negativo en el desarrollo del bebé". A la vista de estas circunstancias, resume que se trata de un procedimiento en el que "la madre y el bebé asumen unos riesgos para obtener un beneficio (culminación del deseo de ser madre) que se podría lograr de otras formas que no conllevan esos riesgos".

Sobre si su valoración cambia si el trasplante de útero se realiza con una donante fallecida o viva, Domínguez-Gil señala que en el caso de donante viva "se añaden los riesgos para la donante". "En fallecidas, esos riesgos desaparecen, pero no resuelve el resto de cuestionamientos éticos asociados, así como los enormes riesgos para la madre y el feto", añade.

La directora de la ONT, que califica este tipo de intervención como "muy cuestionable a día de hoy", afirma que en España "nunca" se ha realizado un procedimiento similar, aunque reconoce que "ha habido equipos que han expresado su deseo de poner en marcha un programa de estas características, pero sin una petición oficial".

Domínguez-Gil puntualiza que, "en principio", la posición de la ONT sería "muy desfavorable". "Existen pocas dudas al respecto", agrega. En una hipotética situación, considera que esta intervención no debería cubrirse con fondos públicos. "Es difícil justificarlo éticamente y también que se utilicen recursos sanitarios públicos", apunta.

La técnica ahora conocida hace referencia al trasplante desde una donante fallecida pero hace ya cinco años que se conocen los trabajos de varios grupos para mejorar esta técnica.

El primero que logró que un bebé sano naciese tras un trasplante de útero, en esa ocasión de una donante viva, fue el grupo del ginecólogo sueco Mats Brännström, en 2014. En ese grupo trabajó activamente el investigador español César Díaz-García y desde entonces once bebés han nacido tras esta técnica quirúrgica que se llevó a cabo en 39 ocasiones. Antes del éxito de la bebé nacida en Brasil, se llevaron a cabo diez trasplantes de donante fallecida sin que el embarazo llegase a término.

Díaz-García, especialista de la corporación dedicada a la reproducción asistida IVI-RMA, participó en 2017 en A Coruña en las II Jornadas Galaico Portuguesas de Reproducción Asistida y ya entonces presentó los avances de esta novedosa técnica.

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