24 de marzo de 2019
24.03.2019
La Opinión de A Coruña
El vestidor

Modernos prometeos

23.03.2019 | 20:26
Modernos prometeos

Emejota. Las misses, algunas, andan siempre bajo sospecha. Las emejotas, cuanto menos. Emejota Ruiz es sospechosa de ponerle un poquito de acting a los dramas que con tanta intensidad vive delante y detrás de las cámaras. Es normal, a la que lleva la interpretación dentro llega un momento que le cuesta discernir. También le airean las sospechas del pasado, las que rodearon a la corona. A las coronas también les suelen rodear los recelos. Por el brilli-brilli.Las teles recuperan a las otras aspirantes hablando de tongo. Por remover sospechas, hasta sobre su acento natal, su natural deje, las dejan caer. La otra miss y otra emejota, Emejota Suárez, pisa tierras españolas procedente del Caribe y van y me la detienen, o retienen, por un quítame allá esas pajas. O lo que sean. Se dice que deudas económicas. Se dice que unas multas de tráfico. Cosillas pendientes de esas que una deja atrás cuando hace las maletas y mete en ellas la corona brilli-brilli. ¿A quién no le ha pasado? Este país es que no perdona la belleza. Por eso llora emejota. Sin lágrimas, porque es la interior.

Papanatismo. Hay comentaristas y comentaristas rosas. Cuando un colaborador de chascarrillos es leído se nota enseguida por las descalificaciones. Por ejemplo, el corral puede andar revuelto grito arriba grito abajo, lanzando palabras malsonantes como huesos de aceitunas y, de repente, se hace como un silencio, pasa un ángel, sube el nivel. Es el caso de Alba Carrillo. O Alessandro Lequio. Solo ellos utilizan, con la precisión de un cirujano el bisturí, digo más, un neurocirujano el bisturí láser, palabras como papanatas. El conde considera que Alejandro Albalá va de papanatas pero no. También habría servido pazguato. Papanatas es alguien excesivamente simple o crédulo, un compuesto popular que significa come-natas, siendo la nata metáfora de superficial y papar, alusión al tragar inconsciente de las papillas de los niños. ¡Y luego dicen que el pescado es caro!

Cejas. Si el rostro es un cuadro, un lienzo, un retrato, el reflejo, el espejo del alma, las cejas „lo dicen los visagistas expertos„ son el marco. Y marcos hay tantos como famosos nacionales: minimalistas, recargados, de pan de oro, de plástico fino, caros, baratos, inexistentes, desmesurados... Las cejas igual. Si las tienes arqueadas, eres un dramaking o una dramaqueen. Si rectas, severo/a. Pero luego las modas se imponen al carácter. Hay quien empieza por un pelillo y ya no para. Belén Esteban ha decidido devolverles espesura. Microblading.Y es noticia. Notición. Chelo cuenta que se hizo medio lifting. Y nada.

La tele de 'Cantora'. Mamá te está viendo 24 horas en la tele de Cantora. Cantora es una suerte de casa del misterio, búnker inexpugnable. Así que, seguro sin quererlo, Isa Pantoja ha sacado a la luz uno (otro más, todos ellos seguro sin quererlo) de sus secretos. Durante años negaron que ella viera Telecinco. Luego tenía a los chicos. Después llamaba, de tanto en tanto. La tele de Cantora. Una se imagina que Cantora, como la casa de María Teresa Campos, debe tener televisiones por todas partes. Así que la tele de Cantora tiene que ser La-Tele-De-Cantora, es decir, la flor de su secreto, el cogollo más íntimo, el patio de su recreo, los aposentos privados, el corazón del organismo vivo que es Cantora.

Clásicos. Han pillado al príncipe Carlos, que es príncipe, y delfín, porque ahí sigue, aspirando al trono británico, pero ya maduro, en paños menores. El paño menor es un bañador. Discreto en hechuras. Menos en estampado. Floral y colorido, para más señas. Hay „es de suponer que monárquicos en general, charlistas en particular, antidianistas tal vez o público general„ quien ha destacado su buena forma, su apolínea figura. Otros, más observadores, como el portal TMZ, han reparado en el dato: el bañador es el mismo con el que el delfín (con perdón) ya fue fotografiado hace diez años en otras playas. Es más, las flores del estampado ya lucen cierto desgaste cromático. The Guardian ha puesto nombre y apellido al bañador: pertenece a una marca de lujo francesa y cuesta más de 220 euros. Un portavoz de la marca ha declarado que la pieza tiene más de 16 años como recoge Page Six. "Los diseños tienden a no quedarse más allá de una temporada", aclara un portavoz de la firma. Es lo que tienen los clásicos.

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