26 de mayo de 2019
26.05.2019
Un día en la Farmacia del Hospital de A Coruña

Los entresijos de la botica hospitalaria

Más de 90 personas trabajan en este servicio para garantizar que los ingresados tienen su tratamiento a tiempo, atender consultas, preparar la quimioterapia o asistir a residencias de mayores del área

25.05.2019 | 19:34
Los entresijos de la botica hospitalaria

Una pieza clave en el engranaje hospitalario, pero desconocida para gran parte de los pacientes. El Servicio de Farmacia del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña —donde trabajan 92 profesionales— no solo se encarga de garantizar que cada paciente ingresado tenga los medicamentos que precisan en el momento adecuado sino que supervisa que no haya interacciones o problemas con los tratamientos prescritos, tiene a punto la quimioterapia para los oncológicos, dispensa los fármacos hospitalarios de uso en el domicilio y pasa consulta para ver la evolución, elabora fórmulas magistrales cuando se precisa un tratamiento personalizado que no existe en el mercado y atiende las necesidades de residencias de mayores de la comarca. Todo ello sin descuidar la investigación ya que cada año se realizan unos 400 ensayos clínicos en estas instalaciones de 1.200 metros cuadrados. "Somos un servicio clave. Todos los pacientes deben saber que cualquier tratamiento que se le prescriba está supervisado por un farmacéutico para evitar interacciones, alergias, etc. Tenemos que ganar en visibilidad, la nuestra es una tarea silente", reconoce la jefa del servicio, María Isabel Martín.

Ubicada en la primera planta del hospital, en la Farmacia del Chuac siempre hay actividad. Repartidos en tres turnos diarios, se trabaja las 24 horas de los siete días de las semana para cubrir las necesidades de los casi 1.500 pacientes que están ingresados en cualquiera de los hospitales del Complexo. Sus números dan vértigo. Además de ser la farmacia hospitalaria gallega con mayor volumen de pacientes —en Vigo se reparten el área entre dos centros—, atiende cada año a unos 40.000 ingresados, a 10.000 pacientes de consultas externas, mueve unos 15 millones de unidosis de medicamentos anuales, 40.000 dosis de medicación intravenosa y supera las 80.000 fórmulas magistrales.

Pese a que realizan múltiples tareas, Martín reconoce que el 60% de su trabajo "se centra en el almacenamiento y la dispensación de medicamentos". Todo un proceso que, debido al volumen de fármacos que se maneja precisa de una precisión y un trabajo en cadena exhaustivo para evitar errores y llegar a los pacientes en el tiempo marcado.

Lo primero es recibir los medicamentos. Pese a contar con un amplio almacén en el que hay reservas, la primera estancia del servicio de Farmacia es un ir y venir de cajas, donde varios trabajadores se afanan por sacar los pedidos y clasificarlos para su posterior almacenaje. Pero la farmacia hospitalaria no es una botica al uso y por ello, no basta con sacar los envases de fármacos de la caja y guardarlos en el almacén. Aquí se trabaja con unidosis. "Cada medicamento que llega al paciente tiene que ir totalmente identificado, con el número de lote y su fecha de caducidad, algo que no ocurre si se separan las pastillas de un blíster, por ejemplo", explica María Isabel Martín.

Para aquellos fármacos que no les llegan ya en este formato está el área de reenvasado, donde gracias a tres máquinas (dos manuales y una automática) el blíster se transforma en unidosis bien identificadas. "Es un trabajo de mucha responsabilidad porque no puedes equivocarte en lo que envasas y clasificar como Sintrom, por ejemplo, algo que no es. Pese a que pasa por cinco pasos de revisión, es una tarea importante", indica Óscar Espasandín mientras convierte en unidosis varios medicamentos.

Una vez en el formato de uso hospitalario, los fármacos se guardan en almacén, una amplia estancia totalmente mecanizada, donde en cuestión de segundos el trabajador puede localizar el medicamento deseado. "Basta con introducir en el ordenador el nombre del fármaco y en nada llega la caja con él", explica Martín.

Una automatización clave para que los profesionales puedan distribuir los fármacos que precisa cada paciente ingresado. Tras el almacén hay pequeñas zonas con dispensadores —medicamentos organizados en diferentes cubículos— en donde los técnicos de farmacia se encargan de rellenar los carros con cajetines personalizados (uno por paciente) que después llegarán a planta con la medicación adecuada para cada uno. Noelia Pérez es una de ellas. Consulta en el ordenador la prescripción de cada enfermo (medicación, dosis y hasta tipo de administración), busca los fármacos estipulados y los incluye en el cajetín de ese paciente. "No tienes contacto con el paciente pero es una gran responsabilidad y se busca que los medicamentos lleguen lo antes posible a planta", indica esta joven. Otra opción es recurrir a dispensadores —hay 30 distribuidos por las plantas—, unas máquinas que solo se activan por huella dactilar y donde los enfermeros pueden acceder directamente a diferentes medicamentos y hacer el mismo proceso que en la Farmacia.

Los farmacéuticos envían el tratamiento de cada paciente para 24 horas, pero si hay algún cambio a lo largo del día se notifica y se envían los nuevos medicamentos. Lo mismo ocurre si un enfermo no toma alguno. "La enfermera lo deja registrado en el ordenador y se devuelve al almacén", indica Martín.

La Farmacia también se encarga de preparar y personalizar los tratamientos de quimioterapia para pacientes con cáncer, dispensar las terapias inyectables o elaborar la nutrición vía parenteral para los hospitalizados.

Pero la Farmacia del Chuac —con sede central en el Hospital Universitario, pero personal también en el Materno y Oza— no solo cubre las necesidades de los ingresados. Cada año atienden a unos 10.000 pacientes del área sanitaria que necesitan de lo que el Ministerio califica de medicamentos H, es decir, fármacos que se toman en casa pero cuya dispensación es únicamente en hospitales. Se trata de pacientes con VIH, esclerosis múltiple, artritis o enfermedad de Chron, entre otros. "Y no se trata solo de dispensarlos, sino que el paciente va a consulta y en coordinación con el médico, el farmacéutico observa la adherencia al tratamiento o si hay algún problema", dice Martín.

Sea con los pacientes ingresados o aquellos que vienen a consulta, médicos y farmacéuticos realizan un trabajo en equipo para velar por la seguridad y mayor eficacia del tratamiento. Por ello, la Farmacia del Chuac cuenta con personal especializado en áreas relevantes como los antibióticos o hematología. "Se busca la mejor terapia posible para el paciente y con el fin de no generar resistencias", señala José Manuel Gutiérrez, especializado en antibióticos.

Casi cien profesionales que velan por los pacientes desde el corazón del hospital.

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