04 de julio de 2019
04.07.2019
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No hay quien entienda a Spock

03.07.2019 | 22:22

Ya saben, el ser humano es un animal racional, y bla, bla, bla. Por eso los humanos somos inescrutables. Seth Lloyd, profesor de ingeniería mecánica en el MIT, dice que los ordenadores y los seres humanos compartimos la característica de la inescrutabilidad en nuestro comportamiento, y no hay nada que hacer al respecto. Nunca eliminaremos la incertidumbre en ordenadores y humanos porque esa es la naturaleza de cualquier cosa que se comporte de manera lógica. Por eso el señor Spock, que es medio vulcano, es más difícil de comprender que si fuera un ser absolutamente irracional. Es la racionalidad lo que nos hace inescrutables, concluye Lloyd, no la irracionalidad. Y la prueba es la alucinante serie documental Lugares singulares (#0).

Como los humanos somos seres racionales, no hay quien nos entienda. Por eso un griego puede ganarse la vida con un fenómeno óptico en una cueva de la isla de Cefalonia que hace que los barcos vuelen. Por eso un argentino puede vivir en Epecuen, un pueblo que solo es un fenómeno óptico porque no aparece en los mapas modernos ni en navegadores, pero sí en un mapa antiguo. Por eso la vida entera en la isla de Nauru, la república más pequeña del mundo, es un fenómeno óptico porque se puede recorrer en coche en solo quince minutos pero cada habitante recorre en coche al mes seis mil kilómetros. Y por eso en Macao es posible alojarse en un hotel que es una ilusión óptica porque es una copia de la imitación de Venecia en Las Vegas. Y todo así. Los seres humanos somos tan inescrutables que podemos esperar horas hasta que un barco levite, vivir en una ciudad fantasma, lograr que el 70% de los habitantes de una isla sean obesos a golpe de frituras, porciones grandes de todo y desconocimiento de las verduras, y alojarnos en un hotel con vistas a una copia de una imitación de Venecia. Lugares singulares nos traslada de un lugar a otro de nuestro planeta y es imposible saber con qué nos va a sorprender en cada capítulo. Podemos entender al perro o a las ciento cincuenta gallinas de Pablo, el único habitante de la inexistente Epecuen, pero Pablo es tan inescrutable como Spock. El hombre es un animal racional inescrutable que vive en un mundo de ilusiones ópticas singulares. Y ni así podemos entender a Spock.

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