03 de octubre de 2019
03.10.2019
La Opinión de A Coruña
en canal

Cocaína

02.10.2019 | 22:12

El Dios de las televisiones se desperezó. No quedaba otra que hacer un genocidio. Un hermoso genocidio que sirviera de ejemplo y advertencia. A puntito estuvo de sentir escrúpulos morales ante una acción tan terrible, pero los apartó de su mente infinita (y eso que sitio tenía). No iba a andar con miramientos. Desde el principio de los tiempos hicieron exterminios sistemáticos de pueblos enteros todos los grandes dioses únicos y todopoderosos que en el mundo han sido (y mejor no dar nombres, que algunos siguen teniendo mucho poder y seguidores capaces de todo). Un Dios único y todopoderoso que no hace algún genocidio ni es Dios único y todopoderoso ni es nada. A ver por qué Él iba a ser menos que los Demás.

Pasapalabra se moría. El último programa justo de Telecinco desaparecía de la parrilla. El último escollo que hasta ahora había evitado que toda la cadena sufriera su ira justiciera ya no estaba ahí. No había ningún motivo para salvar Telecinco de la destrucción. Incluso los informativos hacía años que había dejado de hacer programas gratos al Dios de las televisiones para entregarse a la depravación de los sucesos truculentos, para recrearse en el fornicio de lo anecdótico y lo intrascendente, para refocilarse con la obscenidad de la violencia, la sangre y la muerte. Sin Pasapalabra, sin el único espacio que evitaba que la cadena entera fuera un miserable nido de insolentes blasfemos, nada podía evitar la justa cólera divina.

Solo faltaba determinar bajo qué forma terrible se presentaría el castigo. Desechó el diluvio, el exterminio de primogénitos, las plagas de ranas, moscas y langostas, la transformación del agua en sangre, la peste, las úlceras, la lluvia de granizo y fuego, las tinieblas, el envío de un ángel exterminador, transformarlos en rocas de sal o rociarlos con azufre incandescente. Ni siquiera derribaría las murallas de Fuencarral ni detendría el Sol para que diera tiempo a exterminarlos a todos. Sería original: sin Pasapalabra, Sálvame pasaría a durar cinco horas. Diarias. Seguidas. Cada tarde. Eso no hay cocaína que lo aguante.

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