09 de octubre de 2019
09.10.2019

"El acceso al porno empieza a los 8 años y a los 14 se generaliza"

"Los miedos y las dudas son naturales y necesarios cuando descubren la sexualidad. Lo malo es cuando actúan como si ya lo supieran todo"

09.10.2019 | 09:41
Ricardo Fandiño y Vanessa Rodríguez.

Ricardo Fandiño es psicólogo clínico, psicoterapeuta experto en adolescentes en el Instituto Wilhelm Reich-Europa y presidente de la Asociación para la salud emocional en la infancia y la adolescencia (Aseia). Vanessa Rodríguez es psicóloga, psicopedagoga y profesora colaboradora en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), además de miembro de la directiva de Aseia y vicepresidenta de la Sociedade Galega de Sexoloxía (Sogasex). Ambos dan charlas sobre educación sexual y publicaron un libro conjunto: "La lucha sexual de los adolescentes en la hipermodernidad" (UOC, 2018)

¿Cuáles son las principales dudas de los adolescentes en cuanto a sexualidad? ¿Y los miedos?

En primer lugar tenemos que pensar que las dudas y los miedos son naturales y necesarios cuando uno está descubriendo una dimensión de lo humano tan compleja como es la sexualidad. Lo malo es que en ocasiones los adolescentes actúan como si esas dudas y miedos no existieran, como si ya lo supieran todo, y es entonces donde pueden aparecer más dificultades.

En lo concreto actualmente nos encontramos muchas dudas sobre diversidad sexual, y miedos centrados sobre todo en "no hacerlo bien" ya que la sexualidad está demasiado ligada a ideales de rendimiento. También es cierto que en general nos encontramos con que poseen una visión muy sesgada de la educación sexual, focalizando esta al acto sexual en sí mismo y al abrirles la mirada a una dimensión más amplia aparecen en los adolescentes replanteamientos que van desde la vivencia del propio cuerpo hasta el cuestionamiento de las diferentes morales imperantes en lo social.

¿Son los mismos los de ellos y los de ellas?

Progresivamente las inquietudes de chicas y chicos se van igualando. Tanto ellas como ellos tienen miedo a no ser aceptados por sus iguales, a no estar a la altura de esos modelos de mujer u hombre hiperactivos sexualmente que "saben hacer de todo y todo lo hacen bien". La cuestión de la propia identidad aparece muy centralizada y cuando no existe una identificación con los modelos heteropatriarcales impuestos, suelen aparecer más miedos por poder ser tachados de "anormales" o "diferentes" por sus iguales. En las chicas hay además mayor preocupación por los riesgos, particularmente el embarazo.

¿Cómo aprenden sobre este tema? ¿Cuáles son sus principales fuentes?

Sin duda internet es la gran fuente de información sobre sexualidad para los jóvenes actualmente. Lo característico de este tiempo es que tienen acceso a mucha información antes de entrar en el terreno de la experiencia, con lo cual el proceso de descubrimiento que implica la sexualidad está excesivamente condicionado de antemano. Además la información que tienen es con demasiada frecuencia de una sexualidad muy banalizada y estereotipada. Otra característica de esta búsqueda de información es que el discurso de los adultos está perdiendo relevancia para ellos y suelen centrarse en los discursos de otros adolescentes, buscan un otro que de alguna forma esté viviendo o sintiendo lo mismo que ellos.

¿Falta formación afectivo sexual en las escuelas?

Sin duda. Es la única forma de garantizarnos un acceso igualitario para todas las niñas y niños. La educación sexual es muy necesaria actualmente porque el tabú y el silencio sobre la sexualidad no funcionan. Si niñas y niños no tienen acceso a una buena información sobre sexualidad, la van a buscar y encontrar por sí mismos de una forma muy accesible y sin un análisis crítico para el que necesitan el acompañamiento de un adulto formado en este ámbito.

¿Y en las familias?

También es necesaria, sin duda, por la misma razón que en las escuelas. La cuestión que nos tenemos que preguntar en este punto es si los adultos estamos en disposición de educar en sexualidad a nuestros hijos. Vivimos en una época en la que la diversidad sexual y la lucha por la igualdad de género han abierto mucho el espectro de la sexualidad en un sentido muy positivo. Pero eso lleva a que las preguntas que nos trasmiten nuestros hijos sean ahora más complejas. Pueden preguntarnos sobre orientación del deseo, expresión de género o transexualidad, y debemos estar dispuestos a responderles y a asumir que no tenemos todas las respuestas. En ocasiones no se trata de ofrecer una respuesta académica, sino de acompañar en la búsqueda de la respuesta y de que sientan que la comunicación es posible. Eso nos lleva a la cuestión de que la educación sexual también la necesitamos las madres, los padres, los profesionales. Tenemos que estar preparados y necesitamos formación.

En los últimos años vemos muchas familias preocupadas por el acceso de los pequeños/as a la pornografía. ¿A qué edad se interesan por el porno y acceden a él a través de dispositivos móviles?

Hay estudios que estiman que la edad del primer acceso a contenidos pornográficos gratuitos ha bajado hasta los 8 años, mientras que a partir de los 14 el consumo de pornografía en dispositivos con acceso a internet es generalizado. También debemos tener en cuenta que actualmente no se necesita de una búsqueda específica del material pornográfico para acceder a este, muchas veces aparece al acceder a otro tipo de contenidos. En todo caso nuestro enfoque no es una demonización de la pornografía, sino plantearnos que no podemos dejar en manos de ella la instrucción sexual de los más jóvenes. Al modelo pornográfico de la sexualidad hay que acercarse con una visión crítica, entendiendo que se trata de una ficción muy cargada de estereotipos, y proponiendo alternativas desde una visión saludable emocionalmente de la sexualidad, centrada en el placer, pero también el respeto por el otro.

Como estudiosos y expertos en este tema y edades, ¿creen que es el principal problema actual de los jóvenes en relación con el sexo y las relaciones afectivas?

Nos parece un problema la confusión que se les crea entre el exceso de estimulación y el bajo conocimiento. La sexualidad aparece en todas partes de forma muy banalizada y estereotipada. Por ejemplo, como reclamo publicitario. Los jóvenes creen saber mucho más de lo que saben en realidad. También el tener una visión de la sexualidad como performance, como práctica estandarizada, que los aleja del descubrimiento y la espontaneidad que los lleva a centrarse en actos más que en emociones y sensaciones implicando un analfabetismo relacional en el encuentro con un otro.

¿Es cierto que reproducen comportamientos (tipo sexo en grupo) sin saber si está bien o mal? Me refiero a si puede existir un componente de agresividad, que gane peso a la empatía, a hacer sentir bien al otro€

El sexo en grupo no está bien ni está mal siempre que sea una práctica consentida. Otra cosa es valorar qué aspectos de la sexualidad corresponden al ámbito de la intimidad, de lo privado y de lo público. Este es un aspecto importante en el que los jóvenes, y los adultos también, tenemos que reflexionar mucho. Es importante además en un momento en el que la publicidad de lo privado a través de las redes sociales es una práctica habitual. Si te refieres a la violaciones grupales y al posible efecto de imitación que se pueda producir en jóvenes, es cierto que los delitos por violencia sexual están subiendo de forma paulatina en los últimos cinco años. En estas situaciones hay una cosificación de la víctima, un placer ligado a la crueldad y una extrema falta de empatía. Las agredidas son muy mayoritariamente mujeres y algunos hombres. Los agresores son siempre hombres y es ineludible hacer una lectura de género esta realidad.

¿Cómo solucionar este tema?

Educación sexual, prevención de la violencia y trabajo por la igualdad de género son tareas fundamentales en las que tenemos que estar muy implicados y comprometidos los adultos de una forma transversal: madres y padres, profesionales y medios de comunicación. Ahora es una realidad más visibilizada, pero atribuirle estas conductas a un otro, migrante, marginal, enfermo, hacer de ella un espectáculo, distorsiona la realidad. Debemos poner mayor esfuerzo en la educación de los que un día podrían ser agresores en lugar de instruir a las niñas permanentemente sobre los riesgos de determinadas horas, ropas y actitudes.

¿Qué consejos darían a centros educativos? (crear una asignatura en concreto para este tipo de formación o hacerlo de manera transversal)

La transversalidad sería la opción correcta si realmente se llevara a cabo y los profesionales tuvieran formación específica para poder desarrollarla. La realidad es que la educación sexual también está ausente en las facultades de lo educativo, lo social y lo sanitario. En el punto en el que estamos creemos que lo operativo es que funcione como materia específica impartida por profesionales especializados. A los centros educativos les diríamos que apuesten por la educación sexual. Es cierto que existen reticencias en algunos sectores de la sociedad, que confunden la educación sexual con cuestiones de instrucción ideológica. Pero si se acercan a esta materia sin prejuicios verán que los profesionales de la sexología y la educación sexual llevan años investigando y consensuando objetivos, contenidos, enfoques que están muy centrados en el respeto y la integración de la singularidad de cada uno.

¿Y a las familias preocupadas por el comportamiento afectivo-sexual de sus hijos/as?

Sobre todo que no les transmitan miedos y que trabajen por aparecer como figuras a las que se puede recurrir en caso de necesitarlo. Para esto es necesario dejar a un lado la censura y el cuestionamiento prematuro, antes de hablar es necesario escuchar lo que tienen que decir. Demasiadas veces nos hemos acercado a la sexualidad desde una supuesta peligrosidad, pero la sexualidad es muchas otras cosas; placer, encuentro, descubrimiento, respeto por el otro y por uno mismo... Como muchas otras cuestiones implica unos riesgos que debemos conocer, como forma de cuidado al otro y autocuidado. Pero poner un excesivo acento en este aspecto desvirtúa la realidad y hace que nuestro discurso sobre el sexo no sea atractivo ni creíble para nuestros hijos.

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