14 de octubre de 2019
14.10.2019

Adiós, adiós camisas negras...

Mosley, líder de los fascistas británicos, es el nuevo villano en 'Peaky Blinders'

13.10.2019 | 22:16

A Nancy Mitford, la más brillante de las famosas y disparatadas hermanas de Swinbrook y la única que no tenía el pelo rubio y los ojos azules, jamás le gustó Oswald Mosley. Ni cuando se casó con su hermana Diana. Lo llamaba sir Ogro. Sentía aversión por la naturaleza violenta de sus métodos fascistas, pero inicialmente simpatizó con su política como lo haría una parte importante de la aristocracia inglesa temerosa de los bolcheviques y convencida de que la civilización occidental estaba en decadencia y necesitaba un cambio enérgico. "Entonces éramos jóvenes y fogosos y no sabíamos nada de Buchenwald", comentó más tarde cuando ya había escrito Trifulca a la vista (1935), la novela en la que satiriza al fascismo británico por medio del personaje del Capitán Jack y sus camisas tricolores, un trasunto del propio Mosley y su British Union of Fascists (BUF). Más tarde ella misma prohibiría la reedición de la novela por el disgusto que produjo en dos de sus hermanas, Diana y Unity y el temor a que dejaran de hablarle. Pronto en las calles los manifestantes de izquierda entonarían como himno Bye, bye blackshirt para protestar contra los camisas negras, con la misma música de la popular canción Bye, bye blackbird, de Henderson y Dixon.

En 1933, Lady Cynthia Curzon, hija del famoso virrey de la India y primera esposa de Mosley, murió de peritonitis con 34 años, por lo que este contrajo matrimonio con su amante Diana Guinness, nacida Mitford. Se casaron en 1936 en Alemania, en la casa del jefe de la propaganda nazi Joseph Goebbels, con Adolf Hitler como invitado especial. La unión se hizo pública, pasado un tiempo, tras el nacimiento de su primer hijo.

La nueva esposa de Mosley era efectivamente una de las seis hermanas Mitford, conocidas por sus devaneos políticos, que iban desde el comunismo al fascismo pasando por la confusión que rige las cabezas de muchas de las criaturas de entonces crecidas en el campo, entre mermeladas caseras y clases de equitación, y que más tarde se contagian de mundanidad.

Diana y su hermana Unity eran especialmente cercanas a Hitler, mientras que Jessica, comunista, huyó a España para apoyar a la República en la guerra civil, y Nancy acabó proclamándose levemente socialista. También la historia de las Mitford es levemente tragicómica: Unity, la nazi más ferviente, se pegó un tiro en la cabeza el día en que Inglaterra declaró la guerra a Alemania con la mala fortuna de que no logró matarse. Regresó a Inglaterra en un estado deplorable y sus días terminaron poco después en medio de una terrible enajenación mental.

Mosley, en la opinión de sus biógrafos, era un sujeto hecho de la materia de los fanáticos. Orador encendido, de una locuacidad asombrosa, seductor, deportista y errático, primero fue conservador, después independiente, más tarde laborista con Ramsay McDonald, acto seguido fundaría su propio partido y posteriormente la BUF, la Unión Británica de Fascistas. Este período transitorio es el que recrea la quinta temporada de la magnífica serie Peaky Blinders, en la que Mosley es el villano al que Tom Shelby quiere parar los pies.

Uno de los primeros partidarios de la BUF fue Lord Rothermere, magnate de prensa y admirador de la Alemania nazi. Era propietario del Daily Mail cuando en 1933 imprimió en la portada y con gran alarde tipográfico el titular "¡Hurra por las camisas negras!", elogiando el movimiento fascista británico, que nunca obtuvo ningún escaño parlamentario, y solo obtuvo a un puñado de concejales locales. Su odio a los judíos no aportó los partidarios deseados, pero sí lo hizo en cambio la supuesta campaña de paz para evitar una Segunda Guerra Mundial y respaldar a los nazis, idea extendida entre algunos conservadores que Churchill, consciente de que era necesario derrotarlos, se vería obligado a combatir con firmeza.

En 1940, la Unión Británica de Fascistas fue prohibida por el Gobierno y Mosley internado durante gran parte de la contienda en la prisión de Holloway, junto a su esposa y cientos de camaradas. Tras la guerra, desmotivado por el fracaso de sus convocatorias civiles, dejó Inglaterra y regresó a finales de la década de los cincuenta para intentar resituarse en la política liderando una plataforma contra la inmigración. Volvió a intentarlo a mediados de la década siguiente. Luego arrojó la toalla y volvió a Francia para escribir su autobiografía. Allí murió en 1980.

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