01 de diciembre de 2019
01.12.2019
la mirada femenina

La soledad se cura con música

30.11.2019 | 23:18
Estatua del artista Rubén Orozco.

Últimamente todo parece estar en proceso de fragmentación.

Desde la Antártida que se deshiela hasta nuestro país que se descompone.

Y más con la última hora del Parlamento Vasco que ha aprobado el derecho a decidir.

Con lo bien que viven los vascos, por Dios. ¡Qué decepción sentí al leer la noticia!

El único movimiento territorial que me merece un respeto en estos momentos es Teruel existe.

Si pudiéramos tener vista de pájaro tal vez veríamos lo cazurros que llegamos a ser a veces.

Me cuesta creer que aún estemos tan lejos de la constitución de un Gobierno estable y que sigamos enzarzados en temas territoriales cuando el mundo está en emergencia climática.

De hecho empiezo a ver una sospechosa relación entre ambas cosas. ¿Será que el norte quiere cerrar fronteras al sur?

Torra pide a los catalanes que se sacrifiquen más, y los impresentables de Vox crean incendios innecesarios por dónde pasan.

¿Se conformará Esquerra con algo que no sea el indulto y el referéndum?

Y el PP, que no supera la moción de censura a Rajoy ni a tiros y está cada vez más vengativo contra Sánchez.

Ciudadanos ahora le ruega que no pacte con los independentistas pero tanto ellos como el PP en declaraciones públicas se han negado sistemáticamente a apoyarle.

En fin, no entiendo nada.

La noticia positiva es que Europa será quien lidere la batalla contra el cambio climático. Digo positiva por decir algo. Ojalá hubiéramos empezado hace diez años con todo ese asunto. Mejor tarde que nunca.

Me aferro al día a día porque no queda otra.

Ayer, en la escuela de escritura, celebramos que la escritora novel Julia Soria ha acabado la que será su primera novela, Campos azules.

Entre todo lo que destila la preciosa novela de Julia y la irrupción en escena de Mercedes, la anciana bilbaína que el maestro mexicano Rubén Orozco ha materializado en escultura hiperrealista, parece obligado reflexionar sobre la soledad.

La soledad no es exclusiva de la vejez aunque sin duda alguna los más vulnerables sean los niños y los ancianos.

Hay muchos niños que también se sienten solos, incluso llegan a acabar con sus vidas por esa soledad terrorífica.

De niña le olí el pescuezo y más tarde, a raíz de mi divorcio, volví a ver al monstruo pasar muy de cerca y es bien feo.

Tal vez por ello veo una diferencia entre estar solo y sentirse solo.

Uno puede estar rodeado de gente y sentirse tan o más solo que estando solo. Y puedes estar solo y sentirte bien. Aunque es fundamental estar activo y hacer cosas que no te disgusten.

Para las personas creativas podría ser más fácil sobrellevar la soledad porque no te aburres; observas, aprendes y creas. Aunque también está el cementerio lleno de artistas incomprendidos que se sintieron muy solos.

El problema es cuando uno llega a la vejez impedido y sin ilusión alguna. Cuando uno se jubila y ya no sabe cómo matar el tiempo. Ahí comprendo que el latir del propio corazón, hora tras hora, pueda tornarse insoportable.

O como le sucede a la madre de Julia, protagonista de su novela, que la sacaron del campo para traerla a la ciudad.

Mucha gente del campo se siente perdida en la ciudad.

En cualquier caso, hay algo que ayuda a mitigar los efectos de la soledad y es la música.

La música cura a un nivel mucho más profundo de lo que imaginamos.

Alivia la soledad y ayuda a que muchos procesos de enfermedad y muerte sean algo más llevaderos.

Cuando no sabes cómo ayudar a un enfermo o a un anciano, cuando ya no fluyen las palabras, cuando el dolor no desaparece, puedes mejorar la situación simplemente poniendo un poquito de música.

Con el móvil y un altavoz de esos de silicona que cuesta quince euros puedes lograr que cualquier anciano o enfermo llegue incluso a emocionarse. Sonreír, o llorar. Tal vez esa persona lo necesite.

Hay que conocer al paciente mínimamente y poner piezas o canciones que sepas que pueden gustarle. Y observar las reacciones. Si hay alguna canción que no le gusta quitarla y probar con otra. Si el enfermo se niega, no insistir. Y tal vez probar otro día. Si se niega en rotundo, no queda otra que aceptarlo. Ellos mandan.

Incluso funciona en casos extremos, si el paciente es capaz de oír el efecto se producirá a nivel interno.

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