12 de mayo de 2020
12.05.2020
La Opinión de A Coruña
Vocaciones religiosas en el siglo XXI

El reto de un clero envejecido

Cuatro de cada diez sacerdotes que ejercen en la diócesis compostelana superan los 75 años - Una veintena de alumnos, entre los 18 y los 50 años, se forman en el Seminario Mayor de Santiago

12.05.2020 | 01:08
Un sacerdote durante una bendición de mascotas al aire libre.

Garantizar el relevo generacional de los sacerdotes es uno de los principales retos de la Iglesia. Con un clero cada vez más envejecido y en plena crisis de vocaciones religiosas, el déficit de profesionales obliga a que un mismo cura tenga que atender a un gran número de parroquias o que algunas localidades no puedan tener misa todos los domingos. Un fenómeno al que no escapa la diócesis compostelana. La edad media de los 383 sacerdotes en activo es de 72 años y mientras el 41% supera ya los 75 años, los menores de 30 no llegan a media docena, según los últimos datos del Arzobispado de Santiago, correspondientes a junio de 2019. La clave está en fomentar las vocaciones y eso, según apuntan desde los seminarios, es una tarea de toda la sociedad. "Es una preocupación que nos atañe a todos, hay que mentalizar desde la Iglesia pero también en las familias, la enseñanza, desde la sociedad laica... porque el beneficio de que una parroquia tenga sacerdote es para todos", explica el rector del Seminario Mayor Compostelano, Carlos Álvarez.

El relevo de sacerdotes depende del número de ordenaciones que realicen los seminarios cada año. En el caso del de Santiago, pese que las cifras han caído en picado -se pasó de las 69 de inicios de la década de los 60 a las catorce de 1993 o las siete de 2007-, cada año finalizan sus estudios y pueden comenzar a ejercer una media de "tres o cuatro" seminaristas. En el último lustro se ordenaron diez nuevos sacerdotes y este curso se prevé que lo hagan otros dos y tres diáconos. Aunque a menor ritmo que hace unas décadas, el Seminario Mayor mantiene su actividad: un total de 21 alumnos se forman allí en la actualidad. Eso sí, el perfil ha cambiado. Si antiguamente la mayoría procedía del seminario menor o eran jóvenes que al cumplir los 18 años y terminar sus estudios de Bachillerato tenían claro que querían ser sacerdotes e ingresaban directamente en el Seminario Mayor, ahora la edad de los estudiantes oscila entre los 18 y los 50 y ya no es anecdótico que alguien se decida a ser religioso tras haber estudiado una carrera, haber trabajado o incluso haber tenido una pareja. Dentro del seminario, la formación es multidisciplinar (intelectual, humana y pastoral) y se combina con la vida espiritual en comunidad. Como en cualquier otra carrera, los alumnos realizan además prácticas fuera de la entidad para conocer el día a día de las parroquias.

El descenso en el número de seminaristas y el progresivo envejecimiento de los sacerdotes en activo provoca un déficit de profesionales que obliga a cambios en la organización del trabajo en las parroquias. "La atención está garantizada y por semana suele mantenerse la normalidad", explica Carlos Álvarez, quien reconoce que sí es cierto que, al no haber curas suficientes, algunas zonas ven alterados los horarios habituales de las misas (del domingo al sábado, por ejemplo) y los sacerdotes suelen tener que hacerse cargo de más de una parroquia, algo que, en su opinión, no debe trastocar el funcionamiento habitual de la misma. "La eucaristía es una parte principal de la vida en la Iglesia, pero la parroquia y las tareas del sacerdote van más allá: está la catequesis, las visitas a enfermos...", explica y recuerda que el hecho de que un mismo cura atienda varias parroquias "no es nuevo". "Hay incluso referencias en documentos de los años 40 y ahora gracias al coche y la mejora de las comunicaciones es más sencillo el desplazarse de un sitio a otro", indica el rector, quien añade: "Cuantos más sacerdotes haya mejor, pero hay que tener en cuenta que no son los únicos que trabajan, en las parroquias colabora mucha más gente. La idea es todos a una".

Otra de las medidas que permite frenar la caída de religiosos es que los sacerdotes pueden alargar su actividad profesional más allá de la edad de jubilación. Pese a que la edad canónica de retiro se sitúa en los 75 años, en la práctica, según explica Carlos Álvarez, "suelen seguir oficiando" salvo que tengan una situación grave de salud. Todo con el objetivo de hacer frente al reto del relevo generacional en el clero.

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