09 de octubre de 2020
09.10.2020
La Opinión de A Coruña

Coronavirus en A Coruña | "Frente al Covid, prudencia"

"Mascarilla y lavado de manos siempre", reclama un matrimonio coruñés que venció al virus desde la misma habitación del Hospital de A Coruña

09.10.2020 | 01:02
Encarna Díaz y Joaquín Carro, con mascarillas, se echan gel en las manos.

En la riqueza, y en la pobreza. En la salud, y en la enfermedad. Joaquín Carro y Encarna Díaz, de 72 y 69 años, mantienen esta promesa desde hace casi cinco décadas, las que han pasado ya desde aquel 10 de noviembre del 73, cuando se dieron el sí quiero en la parroquia de Santa Gema, junto al Puente de A Pasaxe, donde ella era catequista. Juntos formaron un hogar, criaron a su única hija, Gema -"nació el 14 de mayo, día de esa festividad, ¡qué curioso!", apunta Joaquín-, rieron, lloraron, pasaron todo tipo de vicisitudes (incluido un cáncer que le fue diagnosticado a él hace ya nueve años)... y juntos, también, se enfrentaron a la Covid. Y la superaron. Seis meses después, con la autoridad que les otorga haber vencido al mayor enemigo público de los últimos tiempos, lanzan un mensaje de prudencia a la población: "Hay que ser muy precavidos y cumplir a rajatabla las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Lavarse con frecuencia las manos, y usar siempre la mascarilla. El enemigo está en nuestra nariz y en nuestra boca", subrayan.

La pesadilla de este matrimonio de la parroquia oleirense de San Pedro de Nós empezó a finales de marzo, tras un diagnóstico inicial de bronquitis que pronto se complicó. "Cuando me metía en cama, sentía una especie de pitido al respirar. Se lo consulté al médico de cabecera, que me diagnosticó bronquitis y me prescribió un tratamiento. Pero unos días después aparecieron la fiebre y la diarrea, síntomas que ahora ya sabemos que son característicos de la Covid. Nuestra hija, que es enfermera, llamó entonces a nuestro centro de salud y vinieron a casa a hacernos una PCR, con resultado positivo. Al día siguiente, yo me puse mucho peor, hasta el punto de tener la sensación de que me pesaba la ropa de la cama. Entré en el Chuac por Urgencias, y esa noche la pasé ingresado en una habitación de la novena planta. En la noche siguiente, ya me acompañó mi mujer", explica Joaquín.

Arrancaba el mes de abril, y en pleno pico de la primera ola de la pandemia en el área sanitaria coruñesa, este matrimonio se aferraba a la vida en sendas camas de hospital, separados por apenas dos metros de distancia. "La Covid es una enfermedad muy dura, y en el hospital se pasa mal. Nos costaba respirar, estábamos muy débiles... Yo tenía la sensación constante de querer ir al baño, pero era incapaz de hacer las deposiciones en el pañal. Y cuando lograba ir, las heces eran de un color muy extraño, como amarillo fosforito, asustaba bastante", señala Joaquín. "También impresionaba ver al personal sanitario entrar y salir de la habitación, pertrechados con sus trajes de protección. Bata sobre bata verde. Solo les veíamos los ojos. Pero a todos ellos les estamos muy agradecidos, al igual que a los médicos nos trataron. Fueron muy cercanos y nos cuidaron con muchísimo cariño", subraya.

En el hospital, Joaquín y Encarna fueron tratados con un cóctel de antivirales. "Fármacos para la malaria, el VIH, las fiebres africanas...", comentan. A ella le funcionó. Él no tuvo la misma suerte. "Al quinto día, entró una enfermera en la habitación y me dijo: 'Cani, eres una campeona. Has reaccionado bien al tratamiento que te pusimos y te vas para casa", recuerda Encarna. '¿Y mi marido?', le pregunté. 'Con él no hay nada más que hacer. Ya le hemos administrado todo lo que hay', me contestó. En ese momento, bajé a los infiernos", rememora, todavía emocionada.

Solo en el hospital, ya sin su mujer al lado, el estado de Joaquín empeoró hasta el punto de que llegó a estar con un pie en la UCI. "Pero empezaron administrarme corticoides y, milagrosamente, mejoré", señala. Quince días después de iniciar la batalla, el 14 de abril, llegó el ansiado regreso a casa. "Cuando dejé el hospital estaba hecho un trapo. Pesaba 15 kilos menos. Era incapaz de ponerme el pijama solo", señala él, a lo que Encarna agrega: "La recuperación total es muy lenta. A Joaquín le encanta caminar, pero a día de hoy, seis meses después, todavía se fatiga. Esta enfermedad te debilita un montón, y a nivel emocional también pasa mucha factura. Yo aún estoy tocada. Siempre he sido una persona pausada, y ahora me noto nerviosa e insegura. Me ha cambiado completamente la sensibilidad", concluye.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Neomotor

Toda la información sobre el mundo del motor

Conoce las últimas tendencias y las novedades en coches, motos y la industria automovilística.