Ofrecer atención psicológica a hombres que tienen problemas a la hora de resolver conflictos en el ámbito familiar o que mantienen conductas inadecuadas en sus relaciones sentimentales. Este es el objetivo del programa Abramos o círculo, financiado por la Secretaría Xeral de Igualdade y que desarrolla el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, destinado a evitar que estos hombres -sin denuncias por violencia de género pero en cuyo día a día en pareja ya son habituales los gritos, los portazos o los golpes en la mesa- puedan revertir su comportamiento antes de dar un paso hacia delante y convertirse en maltratadores. Si el año pasado participaron en el programa 121 gallegos, en los seis primeros meses de esta año han sido 90, doce más que en el mismo periodo de 2019. El coordinador de este proyecto de atención psicológica, Rubén Villar, reconoce cierto repunte pero no lo vincula directamente al confinamiento vivido por la pandemia y deja claro que el perfil de quienes solicitan ayuda es muy variado. "Tenemos desde jóvenes de 18 y 19 hasta hombres que rozan los 80 años", sostiene este psicólogo.

¿Han notado un repunte de hombres que pidan ayuda tras los meses de confinamiento?

Durante el primer semestre de este año hemos atendido 90 casos mientras que en el mismo periodo de 2019 fueron 78. Estadísticamente sí hay un pequeño repunte, pero no es muy significativo.

Inscribirse en el programa es voluntario. ¿Quiere decir que todos son conscientes de que su actitud no es la adecuada?

Anotarse al programa es voluntario, no es como otros en los que obliga un juez. Es para hombres que no hayan tenido una denuncia previa por violencia de género. Es cierto que algunos llegan por propia iniciativa pero la mayoría lo hace movido por el entorno que observa que tiene una conducta problemática y cuando ocurren cosas más serias, más graves o cuando aparece el riesgo de una separación o ruptura con la pareja.

Cuando habla de llegar a cosas más serias, ¿se refiere ya a agresiones?

La mayoría viene cuando las discusiones van a más, hay una especie de escalada y en algunos casos ya hay portazos, se golpean cosas, se tira el mando de la tele o se dan empujones, por ejemplo, y es entonces cuando toman conciencia de la situación.

¿Cuándo hay que pedir ayuda?

Hay que escuchar al entorno y también verse a uno mismo desde fuera, ver la conducta que se tiene y cómo se reacciona ante determinadas situaciones y esto suele funcionar porque ven que eso no puede seguir así y hay que pedir ayuda antes de que la cosa vaya a más.

¿Cuál es el perfil de los hombres que acude a terapia?

Tenemos gente de todas las edades. La mayoría suelen estar entre los 30 y los cuarenta y pico años pero en el último año, por ejemplo, hay desde jóvenes de 18 y 19 años hasta un señor de 78. Solo atendemos a mayores de edad pero recibimos llamadas de ayuntamientos, de servicios sociales por casos de chicos de 16 años con este problema.

¿Qué cosas tienen en común?

Es frecuente que tengan problemas para controlar sus impulsos, no saben manejar ciertas situaciones y explotan. Pero aunque ese comportamiento pueda ser común, lo que hay detrás, el origen es diferente en cada caso.

¿En qué consiste exactamente el programa?

Se trata de una terapia individual, nunca de pareja porque hay muchos que llegan con esa idea pero no. El Colexio tiene una red de psicólogos por toda Galicia y quienes entren en el programa tendrán hasta diez consultas gratuitas, con opción de ampliarse, con uno de los especialistas de la red gallega que esté cerca de su residencia. Hay contenido transversal y común para todos con temas de igualdad o de género y luego se aborda cada caso concreto: si es un problema de celos, de impulsos, etc...

¿Cómo se trabaja con ellos?

Lo primero es abordar la motivación de cambio, es decir, saber que hay algo de su actitud que hay que modificar. Como se trata de un programa voluntario, esta parte ya suele estar cubierta. Después hay que trabajar con ellos en varias esferas: la comportamental (temas como la impulsividad, las conductas posesivas, el tomar decisiones unilaterales); la cognitiva (evitar el negacionismo o minimizar la situación con expresiones del tipo 'es que perdí los papeles') ; la afectiva (trabajar la falta de expresividad de las emociones) y la relacional (saber comunicarse con su pareja, tener recursos ante ciertos problemas, etc..).

¿Cómo se mantuvo el programa durante estos meses de pandemia?

Durante el confinamiento se priorizó entre quienes podían la consulta vía telemática gracias a una plataforma que habilitó el Colexio y el seguimiento telefónico. En los casos en que precisaban cita presencial se hizo adaptándose a los protocolos sanitarios.

¿Les comentaron los participantes si tuvieron más dificultades durante los meses que tuvieron que estar confinados con sus parejas?

No, creo que lo fueron llevando más o menos razonablemente y no sé si algún terapeuta tuvo algún caso concreto pero a la coordinación no llegó nada relevante sino los problemas habituales en otros meses.

¿Qué tasa de éxito tiene el programa? ¿Hay muchos abandonos?

El programa lleva en marcha desde 2001 y en 2015 hicimos un estudio sobre los más de 700 hombres que habían participado hasta entonces y reveló que el 70% recibieron el alta terapéutica, que un 8% se informaron pero después no llegaron a comenzar la terapia y que un 22% lo dejaron. Lo que no se analizó son los motivos que pueden ser desde cambios de residencia o laborales hasta que no le interesase o que tenía intereses secundarios en apuntarse como el hecho de que la pareja volviese con él y al ver que no es así, lo deja.

¿Qué deben hacer los interesados en reconducir su conducta?

Llamar al teléfono 639170140. Se les explica el programa y resuelven dudas y si está interesado se le asigna un código alfanumérico para poder citarle con un terapeuta próximo.