Tiene dos hijas, una mujer enfermera, un humor excelente y las ideas muy claras. El graduado social gallego Xesús Vázquez lleva tres años conviviendo con la imposición física de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) como la que postró lentamente el cuerpo del brillante científico Stephen Hawking en una silla, aunque nunca lograse nublar su mente. Pero Xesús tiene claro a sus 56 años que algún día la enfermedad podría afectarle a los músculos de la deglución o impedirle coger aire.

Llegado ese punto, tiene claro lo que haría: la eutanasia es su plan B. “Ahora tengo el movimiento muy limitado, pero estoy hablando contigo y puedo respirar por mí mismo. En el momento que eso cambie, podría contemplar acogerme a esta nueva ley”, explica. “En agosto cumpliré cuatro años con la enfermedad. Y si me llega la hora, solicitaré la eutanasia”, avanza.

Aficionado a la filosofía elige, irónico, una frase que define su pensamiento: “No hay duda de que hay vida antes de la muerte. Lucharemos lo que podamos mientras estemos aquí”. También defiende el derecho a rendirse, a decir ‘hasta aquí’. Ahora mismo tiene soporte (mucho) familiar y de la Asociación Agaela. Es una decisión “individual” y personal, reivindica. “No son problemas morales. Tiene que haber una ley que lo regule y quien debe decidir es cada persona”.

El Congreso aprueba la primera ley de eutanasia Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: EFE

“Con la enfermedad que tengo, personalmente, no me gusta que haya que decir en un plazo de un mes hasta cuatro veces que sí se quiere la eutanasia”, asegura. Consciente de que para la aplicación de la ley —la constitución de la Comisión evaluadora— dependerá de las autonomías, Vázquez espera a ver “cómo lo hace a la Xunta” en Galicia.

“Yo particularmente estaba esperando a ver si daban pasos adelante. Aún hace relativamente poco que el pleno del Congreso votó la toma en consideración”, relata desde su domicilio de A Coruña. Hasta ahora y a pesar del COVID, ha podido salir de casa y mantener cierta vida social. “Tengo el cuerpo con una movilidad muy limitada”.

Aunque no se muestra —ni quiere— como un símbolo de esa lucha, Xesús Vázquez ha defendido la eutanasia públicamente. Sus hijas le ayudaron a hacer un vídeo, que subió hace meses a una red social, para concienciar sobre la necesidad de legislar la muerte digna. Reivindicaba la ley que acaba de ver la luz. Y lo hizo tras conocer a personas en su misma situación, por enfermedad o accidentes de tráfico. “Lo que me movió a hacer el vídeo fue darme cuenta de la hipocresía de los partidos de derecha sobre este tema. Las declaraciones de Casado me encendieron bastante a nivel personal”, reconoce. “La otra opción es salir a otro país a hacerlo...”. De hecho, aprovechó —como otros activistas en Madrid— la aprobación de la ley para rendir homenaje a personas que a lo largo de los años han luchado por el reconocimiento de este derecho, desde Ramón Sampedro a María José Carrasco.