El miedo al coronavirus y a contagiarse si se acudía al hospital convirtió a 2020 en un año anómalo para los servicios de Cardiología. Solo durante la primera semana del estado de alarma, en marzo, los centros hospitalarios atendieron de media un 40% menos de casos de infarto en toda España y esto provocó que la mortalidad aumentase hasta un 50% en los dos primeros meses de confinamiento, según un estudio de la Sociedad Española de Cardiología. El Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) no fue ajeno a esta situación. “En la primera ola los pacientes no venían y si lo hacían llegaban mucho más tarde, intentaban aguantar a ver si les pasaba y en el infarto cuanto más se tarde en ser atendido, más complicaciones habrá”, sostiene el jefe de Cardiología del Chuac, José Manuel Vázquez, quien explica cómo se adaptó este área a una pandemia que obliga a retrasar ciertos procesos y a recurrir más a la teleconsulta.

El primer mes de confinamiento vieron casi un 30% menos de pacientes con infarto que el mismo periodo de 2019. ¿Cómo se cerró finalmente el año, hubo un descenso o la situación se normalizó?

Nosotros en las primeras semanas de la pandemia registramos un 30% menos de casos de infarto y un estudio a nivel estatal, donde participamos muchos hospitales, lo eleva al 40%. Fue algo generalizado que ocurrió también en otros países, sobre todo en la primera ola. En la segunda la gente sí que venía al hospital y ahora no percibo tanto miedo como al principio. En el conjunto del año, la caída de pacientes que vimos con infarto fue de entre un 20 y un 30%.

¿El miedo es lo único que explica esta caída?

Puede haber alguna otra causa pero principalmente fue el miedo, la gente no venía pero no era que hubiese menos infartos. Se observó que los pacientes llegaban más tarde, aguantaban más en casa pensando ‘si me pasa ya no voy’ y al llegar más tarde, el infarto está más avanzado y hay más complicaciones. En el estudio se revela que la mortalidad por infarto subió hasta un 50% en los hospitales.

¿Por qué es tan vital el tiempo que se tarda en recibir asistencia ante un infarto?

Un infarto se produce porque una arteria se ocluye y provoca que parte del tejido se estropee. Cuanto más tiempo pase sin recibir asistencia más daños se producen que no se podrán recuperar, aparecen más complicaciones como arritmias, problemas en las válvulas, etc... De hecho el protocolo del programa para la atención de infartos del 061 hace que estos enfermos ni pasen por Urgencias, van directamente a la sala de hemodinámica para atenderlos rápidamente.

Más allá de los infartados, ¿la pandemia influyó en que viesen a menos pacientes que otros años ?

En la primera ola llegó menos gente por Urgencias. De hecho, siempre solemos tener todas las camas del servicio ocupadas y el pasado año hubo momentos en donde sobraban, la mitad de la planta estaba vacía.

¿Se ha recuperado la normalidad o la gente aún tiene miedo?

Durante el confinamiento fue cuando la gente más se retrajo de venir, en la segunda ola la afluencia fue normal y en esta tercera parece que hay un poquito menos quizás por los mensajes lanzados de hacer un correcto uso de los servicios sanitarios, pero creo que la gente ya no tiene tanto miedo. Yo no percibo tanto, igual algo más que hace un mes o dos, pero ya no se plantean tanto esperar como en marzo.

¿Cómo se ha realizado el seguimiento a los pacientes crónicos?

Nosotros llamamos a todos los pacientes que tenemos en consulta y analizados cada caso. Si veíamos que su situación era estable y que no pasaba nada por posponer la revisión, aplazábamos la cita y cuando no ocurría así, los veíamos en consulta. Yo tuve mi consulta abierta todos los días pero al principio ocurría también que algunos tenían miedo y no querían venir al hospital. En cualquier caso estuvimos siempre muy pendientes y hay pacientes a los que se les llamó cuatro o cinco veces porque hay que ver el efecto del tratamiento, ver qué síntomas tiene para ver si va en un sentido u en otro...

Entonces, no siempre han recurrido a la teleconsulta.

No, por ejemplo, con un paciente que nunca he tratado, que es nuevo, al que no he explorado, nunca lo he hecho. Puede usarse con pacientes que ya conoces o para determinadas cosas como modificar un tratamiento o simplificar una prescripción como cambiar un fármaco para la tensión, por ejemplo.

En esta tercera ola se están aplazando procesos no urgentes. ¿Cómo afecta esto en Cardiología?

Durante la pandemia, como ocurrió en el resto de especialidades, hubo que retrasar procesos no urgentes. Ahora, llevamos dos o tres semanas que hemos tenido que volver a posponer algunas cosas programadas como puede ser un paciente que está bien pero que entre las pruebas que necesita está un cateterismo. Si es un urgente y no se puede esperar, lo hacemos. Todos los días hacemos procesos de este tipo, solo se retrasa cuando el paciente no corre riesgo por su enfermedad. Hay casos donde no pasa nada por retrasar ciertos procesos uno o dos meses. En cualquier caso, los pacientes no tienen que tener miedo a venir al hospital. En Cardiología hay un servicio de guardia las 24 horas y atendemos sin problemas. Si hay síntomas con sospecha de que puede ser algo grave hay que llamar al 061 porque si no puede ocurrir que haya gente que minimice los síntomas y las enfermedades avancen y al final sí sean graves.

Cuando la situación mejore, ¿habrá, entonces, más carga de trabajo ante el número de pacientes con procesos aplazados?

Habrá que hacer todo lo posible para adelantar estos procesos, puede haber un pequeño cúmulo de pacientes e imagino que es razonable que haya más carga de trabajo.

¿Cómo afronta la elevada presión asistencial que sufre ahora mismo el Chuac?

Creo que hay que reconocer, y no siempre se hace, la labor a nivel de dirección que tiene que hacer la gerencia. Se está haciendo un gran esfuerzo organizativo en todo el área, sin descanso para adaptarse a la nueva situación que obliga a cambiar recursos, personal, etc.