Mientras aguardamos a que llegue nuestro turno para remangarnos el jersey y ofrecer nuestro músculo deltoides, dejando vía libre a los avances de la ciencia, es muy posible que decenas de dudas relacionadas con las vacunas contra el SARS-CoV-2 asalten nuestra cabeza. ¿Cuándo me tocará? ¿Puedo elegir qué vacuna quiero que me administren? ¿Debo usar mascarilla y mantener la distancia con otras personas si ya recibí la dos dosis? Ya superé el COVID, ¿me tengo que vacunar igual? Para la mayoría de estas cuestiones, podremos encontrar respuesta en la página web habilitada por el Ministerio de Sanidad para resolver las incógnitas más frecuentes, pero hay un asunto que al inicio de la campaña de vacunación creó bastante alarma, y que todavía genera cierta inquietud a algunos ciudadanos: el de las alergias. ¿Es segura esta vacuna en todos los casos? ¿Hay personas alérgicas que deben consultar antes de recibir la primera dosis?

La doctora Rosario López Rico, especialista del Servicio de Alergología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), explica que la vacuna frente al SARS-CoV-2 solo está contraindicada en personas que tuvieron “reacciones previas con alguno de sus excipientes”. “Hubo cierta confusión al principio, pero me gustaría lanzar un mensaje de tranquilidad. Las reacciones alérgicas a las vacunas han existido siempre, en general a cualquiera de ellas, pero son muy poco frecuentes. Y lo mismo sucede con estas”, apunta la doctora López Rico, quien subraya que las vacunas contra el COVID que ya se utilizan en nuestro país —Pfizer/BioNTech, Moderna y AstraZeneca— “se probaron previamente en miles de voluntarios”. “Y no solo eso. Se han administrado ya un montón de dosis y no se han notificado casos de reacciones llamativas, en cuanto a frecuencia o importancia”, remarca.

Informaciones “confusas”

La vacunación contra el COVID, reitera la doctora López Rico, “solo está contraindicada en personas que hayan tenido alergia a alguno de sus componentes”. “Dependiendo de qué vacuna se administre, pueden tener diferentes excipientes. En general, los que pueden causar reacciones alérgicas son el polietilenglicol (PEG), el polisorbato 80 y el trometamol”, señala la experta, quien insiste en que si no hay una alergia clara a estos excipientes, “no habría ningún tipo de contraindicación para vacunarse”. “Los especialistas del Servicio de Alergología estamos a disposición de la ciudadanía para resolver cualquier duda al respecto que pueda surgir. Pero tenemos que ser muy cautos con esta cuestión, porque las primeras noticias que llegaron de EE UU y Reino Unido crearon una gran confusión, y nuestros pacientes se pusieron muy nerviosos, como es lógico”, reconoce la alergóloga del Chuac.

El polietilenglicol (PEG) y el polisorbato 80 no son componentes exclusivos de las vacunas contra el COVID”, explica Begoña Feal, especialista del Servicio de Farmacia del complejo hospitalario coruñés. “Están presentes en muchos contrastes que se utilizan en pruebas de imagen, y también son de uso frecuente en cosméticos”, especifica esta farmacéutica del Chuac, quien apunta que estos excipientes pueden provocar también una “reacción cruzada”, es decir, que “los alérgicos a uno de ellos lo sean también al otro”.

Sea como fuere, en caso de presentar alergia a alguno de los componentes de las vacunas contra el COVID referidos por estas dos expertas coruñesas —o a ambos—, lo aconsejable es “no administrar la inyección” y derivar al paciente al Servicio de Alergología para su valoración. “Nosotros decidiremos si es aconsejable no poner la vacuna porque hay una alergia clara, o si es recomendable hacer un estudio porque esa alergia no está bien documentada”, expone Rosario López Rico. El mismo procedimiento que se seguirá cuando se produzca una reacción alérgica a la primera dosis. “Si se da esta circunstancia, habrá que estudiar también al paciente, mediante las pruebas pertinentes, para estratificar el riesgo que supondría administrarle la segunda dosis”, señala.

En este punto, entrarían en juego los profesionales del Servicio de Farmacia, encargados de desarrollo del protocolo a seguir en estos casos. Un protocolo consistente en realizar una prueba, “con los propios excipientes tal cual son, y diluidos diez o cien veces”. “Preparamos diluciones de forma muy exacta, individualizadas para paciente y en la forma que nos piden, que pueden ser para administración intradérmica o atópica (sobre la piel), mediante un parche. El objetivo es testar qué cantidad de producto puede tolerar el paciente en cuestión”, explica Begoña Feal, quien especifica que para el polietilenglicol (PEG) y el polisorbato 80 ya contaban con protocolos previos. “Sí hubo que pedir el trometamol, porque no lo teníamos y una de las vacunas lo contiene. Los otros excipientes ya los teníamos de realizar estudios con otros medicamentos”, apunta.

Los farmacéuticos del complejo hospitalario coruñés han realizado también un listado de los medicamentos que contienen esos excipientes, “sobre todo, contrastes radiológicos”, porque “conocer qué pacientes tuvieron reacciones a los contrastes debido a uno de esos productos nos pone sobre aviso para hacerles previamente la prueba”, sostiene Begoña Feal. “Es un plus de seguridad al proceso de vacunación. Todo se está controlando al milímetro”, destaca.

Sin casos de anafilaxia en el área coruñesa

El Sistema Español de Farmacovigilancia de Medicamentos de Uso Humano, coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), identificó apenas 1.555 notificaciones de acontecimientos adversos entre los 1.065.441 ciudadanos que en todo el país han recibido al menos una dosis de la vacuna hasta el 24 de enero. Es decir, apenas el 0,15%. Así se desprende del segundo informe de farmacovigilancia sobre vacunas contra el SARS-CoV-2, publicado por la Aemps, dependiente del Ministerio de Sanidad. A la fecha de cierre del documento, el 24 de enero, el 98% de las dosis administradas correspondieron a la vacuna de Pfizer y BioNTech, y el 2%, a la vacuna de Moderna. De las 1.065.441 personas vacunadas, siete de cada diez son mujeres, de ahí que la mayoría de las notificaciones procedan de ellas, (82%), y de personas de entre 18 y 64 años (85%).

“Estas cifras entran dentro de lo esperable”, señala Rosario López Rico, alergóloga del Complexo Hospitalario Universitario de Coruña (Chuac), quien asegura que en el área sanitaria coruñesa no se ha registrado, por ahora, “ningún caso de anafilaxia” entre los vacunados contra el COVID. “Sí nos han consultado varios pacientes, e incluso varios compañeros sanitarios, sobre algún caso en concreto, pero no se han notificado efectos adversos por la vacuna, más allá de alguna reacción local o inespecífica que no impidió administrar la segunda dosis. Un poco de disconfort, algo de distenia, dolor en la zona del pinchazo... Nada reseñable ni diferente a lo que puede suceder cuando se administra cualquier otro tipo de vacuna”, expone.

“Lo que sí se recomienda tras recibir la vacuna, como se hace con todas —continúa la doctora López Rico—, es que todos los pacientes esperen 15 minutos en el centro de vacunación, y hasta 30 en el caso de las personas con antecedentes leves a cualquier otra cosa (alimentos, medicamentos, etc.) que no tengan nada que ver con los componentes de la vacuna, simplemente por precaución. Nada más”, subraya.

Al igual que la doctora López Rico, Feal insiste en que las vacunas contra el COVID, como el resto de fármacos, “han sido sometidas a controles exhaustivos”. “Sí que hay que estar un poco más vigilantes porque son medicamentos nuevos, de reciente comercialización y que además se van a administrar a una escala nunca antes vista. Por eso colaboramos con el Servicio de Alergología, para tenerlo todo a punto, protocolizado, ahora que arranca la vacunación para la población en general. Así, cuando surjan casos de este tipo, no tendremos que andar haciendo búsquedas de información ni de productos, porque ya los estamos solicitando y la mayoría ya los hemos conseguimos”, indica la farmacéutica del Chuac.