Hermelinda Vanaclocha es subdirectora de Epidemiología de la Comunidad Valenciana, una de las autonomías, junto con Galicia y Andalucía, que está sufriendo una peor tercera ola de COVID-19 en relación a la primera.

Hay expertos que consideran que estamos ya en la cuarta ola y no en la tercera. ¿Cuál es su posición?

Hablamos de tercera ola. Hubo un pequeño repunte tras la primera ola en agosto. Desde el punto de visto técnico sí fue una segunda ola pero no se trató como tal, por eso consideramos que la segunda empezó en octubre y la tercera es la que empezó en el mes de diciembre.

¿Y las Navidades remataron?

Creo que en la Navidad en sí, la inmensa mayoría ha cumplido las normas. Se ha quedado en los días importantes a comer y cenar mucho más de lo que nos hubiera gustado pero no se han pasado. El problema no han sido las comidas importantes de fiestas, sino el salir con los amigos todos los fines de semana de todo diciembre. Has ido a comer o a un bar a ver a los amigos y te has quitado la mascarilla, se ha estado mucho tiempo y cuando se va el sol te has juntado en el interior. Eso lo he visto yo en el centro de Valencia, no me lo tiene que contar nadie. Parecían Fallas, la gente llenando los bares.

La hostelería siente que se la está criminalizando y que están pagando el pato.

Entiendo que están pasando por una situación económicamente difícil, pero no es que se les criminalice. El problema no es el espacio en sí, el problema es la relación que la gente mantiene en esos espacios. No es lo mismo ir al teatro o al cine: allí los de al lado no son contactos estrechos porque no te quitas la mascarilla. Los bares y restaurantes son sitios preparados para comer y beber, y es donde haces contactos estrechos: te quitas la mascarilla y aumenta la probabilidad de contagio. En nuestro país es nuestra manera de relacionarse, y esa forma de relación es el problema, no tanto el espacio donde se desarrolle. No es que el bar no sea seguro, es la relación que desarrollas en él.

¿Habrá cuarta ola?

Es difícil de saber, pero, de entrada, consideramos que es prácticamente inevitable que no la tengamos, aunque puede ser como la segunda o como la tercera. Porque la variante inglesa está bastante extendida en España, y es mucho más transmisible. Las restricciones han ayudado a que no se introduzca de forma tan rápida como en Inglaterra, pero está ahí y va a ser difícil tener a todo el mundo vacunado antes de que la variante se disperse bien porque no hay tanta producción de vacunas. Por eso tenemos que mantenernos en mínimos. Es difícil de decir si vendrá o cómo será. No podría asegurar nada.

¿Cuánto nos van a complicar el futuro las nuevas variantes?

La variante inglesa destrozó Inglaterra. Esperamos no llegar ahí porque la suerte es que ha llegado cuando teníamos las máximas medidas de restricción. Las detecciones que tenemos son de la última semana de diciembre. Por eso, la británica se va extendiendo, pero como ha coincidido con restricciones potentes ha ido más despacio. Todavía no está muy extendida, pero llegará.

¿Y la sudafricana?

La sudafricana se detectó [en la Comunidad Valenciana], por primera vez, la semana pasada gracias a que tenemos unos hospitales muy bien preparados para la secuenciación genómica, con una red muy bien organizada, por lo que vamos con ventaja. Estamos aprovechando la tradición de los equipos de investigación que han hecho análisis genómico con gente tan potente como Iñaki Comas, Fernando González Candelas o Andrés Moya.

Se puso como fecha el verano para pensar en una inmunidad de grupo y una vuelta a la “normalidad”. ¿Vamos a llegar?

Siempre hay que ser prudentes. Un verano como los de antes no va a ser, pero hay que pensar que puede ser relativamente bueno. Con mascarilla, pero podremos quedar con amigos al aire libre e ir a un bar, más o menos lo que hicimos el verano pasado. Entonces nos pareció dramático, pero me conformaría con tenerlo en Pascua, pero para eso debemos llegar a situaciones de muy baja incidencia del virus.

Mirando al futuro: ¿nos tendremos que vacunar todos los años frente al SARS-CoV-2 como ocurre, por ejemplo, con el virus de la gripe?

La sensación, con los estudios que hay hasta el momento, es que vamos a tener que vacunarnos contra el nuevo coronavirus como con la gripe, aunque aquí seríamos todos y no grupos concretos. Esa es la sensación porque el nuevo virus muta. Habrá sistemas de detección parecidos a los que tenemos para el virus de la gripe estacional a no ser que se descubra algo nuevo, y se irá viendo cómo circula y qué tipo de virus lo hace en el hemisferio norte y el sur como con la gripe. Entonces se trasladará para hacer una u otra vacuna y se decidirá qué grupos debe ponérsela.