La Fundación ANAR ha visto en once años multiplicarse por cuatro los casos de abusos sexuales a menores en sus canales de ayuda y ha radiografiado el drama que viven estos niños y adolescentes en su propia casa, en la mayoría de los casos sin poder mostrar marcas, ni heridas, y sin apoyo familiar. Para arrojar luz sobre un problema en la mayoría de las veces oculto, la Fundación, responsable de un teléfono y un chat de ayuda a niños y adolescentes (900 20 20 10), presentó ayer un estudio basado en el análisis de las 89.808 llamadas sobre abuso sexual realizadas entre 2008 y 2019 para atender a 6.183 víctimas.

En ese periodo, la tasa de crecimiento de los casos de abuso fue de un 300%, pasando de 273 en 2008 a 1.093 en 2020. En los últimos años la evolución se ha disparado con un incremento medio del 20,5%, aumentando especialmente los abusos a través de redes y aplicaciones de mensajería.

El informe de esta entidad revela que aproximadamente cuatro de cada cinco víctimas son mujeres, la mayoría en edad adolescente. Cuando la víctima es un chico, suele ser menor de 12 años.

Los abusos tienden de repetirse en el tiempo (69%) y van acompañados en la mayoría de los casos de violencia física o intimidación, sobre todo cuando la víctima es mujer y adolescente. Sufren principalmente tocamientos obscenos, pero una de cada diez víctimas relató penetración con violencia. En el 80,2 % de los casos la agresión no deja ni marcas ni heridas, según ANAR. “Las víctimas tienen gran dificultad para demostrar el abuso porque en muchos casos no hay señales físicas y por desgracia las reacciones del entorno no son de apoyo”, destaca la directora del Teléfono ANAR Diana Díaz.

En casi el 38% de los casos, el entorno niega los hechos; en el 31% se justifica o se encubre al agresor y en un 7% se llega a culpar a la víctima.

En ese contexto, de todos los casos atendidos por ANAR solo el 43% mostró intención de denunciar y no llegó al 11% los que formalizaron la denuncia.

Cambios bruscos de ánimo, síntomas psicosomáticos o conductas sexuales explícitas, entre los signos que pueden alertar de que un menor ha sido víctima.