Inglaterra retornó ayer a una ralentizada actividad comercial con la reapertura de negocios no esenciales como grandes almacenes, peluquerías, pubs y gimnasios, en la nueva fase de un desconfinamiento gradual que debería culminar con el fin de las restricciones el 21 de junio.

Nervios, emoción y una cierta ansiedad predominan entre los comerciantes y el creciente público que se sienta pese al frío en las terrazas de bares y restaurantes —el interior permanece cerrado— o se acerca a las tiendas del centro en busca de contacto humano o bienes de consumo menos accesibles por internet.

Tras posponer una prometida pinta de cerveza a raíz de la muerte el pasado viernes del duque de Edimburgo, el primer ministro, Boris Johnson, urgió a los ciudadanos a “comportarse responsablemente” para no socavar el programa de vacunación, que ya ha inmunizado con una primera dosis a más de 32 millones de personas.

Toldos, sombrillas y calefactores son el nuevo mobiliario que hizo posible que el 38% de pubs y restaurantes con espacio al aire libre pudieran abrir ayer sus puertas a un público deseoso de socializar.