Un estudio publicado el pasado jueves por la revista Science arroja un resultado relativamente tranquilizador para los descendientes de la catástrofe de Chernóbil —y por extensión, a los de Fukushima—. No hay pruebas de que los padres que estuvieran expuestos a la radiación transmitieran cualquier exceso de mutaciones a los niños concebidos después de la exposición, según la investigación, una de las más importantes jamás realizadas en este ámbito.

“Si bien el documento no puede excluir totalmente que tales efectos puedan ocurrir, de este estudio se desprende claramente que los riesgos son sustancialmente menores de lo que se cree actualmente”, afirmó a National Geographic Robert Ullrich, vicepresidente de la Radiation Effects Research Foundation.

Otro estudio del equipo examina la relación entre la lluvia de Chernóbil y cientos de casos de cáncer de tiroides entre las personas que estuvieron expuestas. En este sentido, los investigadores también descubrieron que los cánceres causados por la radiación no tienen ningún “biomarcador” único que los distingan.

Suelo contaminado

El impacto en el suelo, 35 años después de la catástrofe, es más grave. A finales del año pasado, un informe de la Universidad de Exeter y el Instituto de Radiología Agricultural de Ucrania concluía que las cosechas de las zonas cercanas a Chernóbil todavía mostraban indicios de contaminación. Tras el análisis de granos de trigo, centeno, avena y cebada encontraron concentraciones de isótopos radiactivos (estroncio 90 y cesio 137) por encima de los límites de seguridad oficiales de Ucrania en casi la mitad de las muestras.

Otras tres cuartas partes de las muestras de madera analizadas contenían concentraciones de estroncio 90 por encima de los límites máximos definidos por el Gobierno ucraniano. En un estudio anterior, los investigadores encontraron que la leche en partes de Ucrania tenía niveles de radiactividad hasta cinco veces superiores al límite de seguridad oficial del país.