Reconoce que el regreso a las aulas en septiembre fue “un torrente de emociones” ya que a la “alegría” de reencontrarse con sus compañeros y alumnos tras casi seis meses de contacto virtual se unía “el nerviosismo por volver a empezar, cierto miedo a tener las aulas llenas, a que no se guardasen las distancias, a que no tuviéramos todo el material necesario, a volver a cerrar los colegios...”. Rubén Barrán, profesor de Educación Física en el colegio San Pedro de Visma de A Coruña, recuerda vivir con incertidumbre esas primeras semanas. “Al principio era un caos con el protocolo. Los profesores lo que queríamos priorizar era la seguridad de los alumnos y que fuese un curso lo más normal dentro de los posibles, pero claro los primeros días había nervios, miedo a que se quitasen la mascarilla y todo era ‘no toques ahí’, ‘separaros’, ‘no podéis estar juntos”, recuerda este docente que reconoce que, al final, el balance del curso es mucho más positivo de lo que podía augurarse.

“Los niños son todo un ejemplo, fue algo excepcional el tener que decirle a alguno que se colocase la mascarilla. Al revés, están horas sin quitársela y siempre si necesitaban bajarla un momento, como en mi clase después de hacer ejercicio por ejemplo, te pedían permiso y ya les indicabas que se fueran lejos para poder hacerlo”, explica Barrán, que asegura que lo que peor han llevado los alumnos, según les reconocen ellos mismos, “es no poder relacionarse con compañeros de otras clases porque funcionan como grupos burbuja y, por ejemplo, los de 5ºA en el patio solo pueden estar con los de 5ºA”. Y lo mismo ocurre a la entrada y la salida, que se reorganizaron para que no coincidieran grupos no burbuja.

También sus clases tuvieron que adaptarse a la nueva realidad COVID. “Tuve que readaptar las intensidades de los juegos o los ejercicios porque cuesta más con mascarilla y también influyó el tema del material y que haya que tenerlo en cuarentena. No tenemos una pelota para cada alumno del centro y esto obliga a organizar actividades en las que no haya que compartir material”, indica este docente, que afirma que en su centro fueron “afortunados” porque apenas hubo casos. “Hay características del centro, como el tener muchos espacios abiertos, que jugaron a favor. Lo positivo es que ha aumentado el número de actividades que los profesores organizan al aire libre”, indica este docente, que explica que cuando un alumno estaba en cuarentena se le notificaban las tareas por el aula virtual o podían seguir las clases online. “Ahí sí que vimos grandes diferencias. Mientras había niños de los que no sabíamos nada en ese periodo de tiempo, otros (la mayoría) estaban ahí todos los días”, indica.

De cara al próximo curso, Barrán reconoce que teme “que se vuelva a las ratios anteriores a los desdobles de 25 alumnos”. Este docente cree que habría que mantener el mismo número de estudiantes por aula que este curso y también está a favor de las mascarillas, “se ha visto que son efectivas”. “Lo que me gustaría es poder recuperar los patios de antes, que los niños pudieran interrelacionarse”, afirma.