Basta con echar un vistazo a la calle para comprobarlo. La mayoría de los coruñeses ha decidido seguir llevando mascarillas el primer día en el que la norma permite prescindir de ellas, siempre y cuando, tal y como detalla el Diario Oficial de Galicia, se esté en exteriores y sea posible guardar la distancia de seguridad entre personas no convivientes. La estampa era similar en todos los barrios y calles, más o menos concurridos: lo extraño, como viene siendo habitual estos meses, era toparse, esta mañana, con algún paseante a cara descubierta. "Yo no me atrevo a ir sin ella, cada día hay nuevos contagios, no cuesta nada llevarla. Es la norma que menos molesta", asevera una señora que pasea, bien provista de mascarilla, por Cuatro Caminos.

Los pocos que sí se atrevieron a despojarse de las mascarillas, sin embargo, admiten que lo estaban deseando. "En calles muy abarrotadas me la pondré, pero si estoy a diez metros de la gente, iré sin ella. Estoy vacunado, hay que ir volviendo a la normalidad", juzga Enrique Abuín, que descansa en un banco del barrio de Os Mallos con la mascarilla en la mano. Con el avance del día, no obstante, cada vez son más los que se animan, desde la lejanía del resto de sus congéneres, a dar la cara y relajar la tensión de los últimos meses, siempre con la prudencia por delante. "A mí me da miedo quitarla, aunque no descarto hacerlo mas adelante, pero a medida que pasen los días supongo que irá más gente sin ella. Estamos todos muy acostumbrados todavía", juzga Mar Sarandeses.