Pocos superarían con nota una prueba de empatía. Aunque uno considere que es capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender cualquier situación, en la práctica de forma voluntaria o sin querer se selecciona hacia quien desarrollamos esa empatía y los expertos aseguran que todos somos menos receptivos de lo que pensamos. “Ahora todos estamos muy sensibilizados con la gente de La Palma pero la pregunta que hay que hacerse es si siempre mantenemos la misma empatía con el cercano, con la persona que está pasándolo mal a nuestro lado”, señala el psicólogo Aquilino Lousa, que este otoño impartirá el taller La empatía como motor del cambio en la Fundación María José Jove, con el objetivo de ayudar a los asistentes a desarrollar esta habilidad que si explotara todo el mundo llevaría a una sociedad “más comprensiva, en la que no se juzga, con relaciones más francas, mayor respeto y una mayor integración a la diversidad”.

La Real Academia de la Lengua define empatía como la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”, pero para este psicólogo coruñés ser empático conlleva mucho más: no solo hay que comprender al prójimo sino actuar, cuando es posible, para cambiar su situación y sobre todo demostrar al contrario que se siente esa empatía. “El comportamiento humano tiene tres dimensiones: racional, emocional y conductual. Muchas veces la empatía no tiene sentido si no hay acción. Si yo tengo un compañero de clase que lo vacilan por lo que sea y pienso ‘qué injusticia, qué rabia’ pero no hago nada para frenarlo, si me cuentan un chiste machista que no me gusta pero me río... y otro aspecto clave es que la otra persona perciba la empatía. ¿De qué me vale que tu sufras y te pongas en mi lugar si yo no lo percibo? Para ello hay que escuchar al otro con la mente abierta, con optimismo, sin juzgar e intentar se asertivos”, sostiene Lousa, quien asegura que la empatía forma parte del ADN del ser humano — “nos ha ayudado a sobrevivir como especie”, dice—, pero el problema está en que se selecciona con quien ser empático y esto lleva a serlo solo con quienes piensan o actúan de forma similar a uno mismo. “Es muy fácil que el del PP empatice con el del PP y el del PSOE con el del PSOE, lo que hay que intentar es empatizar con aquella persona que siente, piensa, ama o reza de manera distinta a cómo yo hago yo. Ese es el reto”, sostiene este especialista, quien impartirá este taller precisamente para que los asistentes mejoren “esta actitud o habilidad” en las sesiones gratuitas que se impartirán en octubre, noviembre y diciembre y para las que ya no hay plazas disponibles.

¿Cómo lo hará? Con diferentes actividades y lecturas en las que se trabajará la escucha activa, el lenguaje verbal y no verbal, la tolerancia, la asertividad, el control de las emociones negativas, el realce de las positivas y la automotivación.

“La clave de la formación es la reflexión, darnos cuenta de que la empatía es un valor, que se puede trabajar en las aulas, en nuestras familias, que apostamos por la empatía. Pensar ‘¿yo realmente soy tan empático como creo o no?’, eso es clave”, indica Lousa, quien tiene claro que todo el mundo tiene menos empatía de lo que cree y pone un ejemplo muy gráfico. “En un partido Depor-Celta es muy fácil ponerlos del lado de los jugadores del Dépor, empatizar con ellos si les meten un gol, pero ¿haremos lo mismo con los otros? Eso siempre cuesta más”, indica este especialista que reconoce que, en parte, el ser humano se pone un escudo y solo es empático con una parte del mundo porque “ser empático duele, implica sufrir, llorar con la otra persona”.

Pese a que reconoce que precisamente quienes acuden a este tipo de talleres suelen estar “más concienciados” con el tema y ser quienes menos lo necesitan, Lousa confía en que mejoren esta habilidad que está entre los deberes pendientes de la sociedad. “Si todo el mundo la aplicase ganaríamos mucho como sociedad. Es un reto inmenso pero este tipo de retos son los que nos mueven y nos han permitido avanzar”, asegura.

“La pandemia nos afectó a todos e hizo salir lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros”


Sabe bien que la empatía es una asignatura pendiente de gran parte de la sociedad porque lo ve a diario en su consulta. “Tengo pacientes que están muy solos simplemente por el hecho de ser diferentes o gente que se queja de que sus amigos y familiares no se enteran de lo mal que están porque no los escuchan y no se ponen en su lugar”, señala el psicólogo Aquilino Lousa, que deja claro que pese a lo que pueda parecer la pandemia de COVID no supuso un revulsivo a la hora de sensibilizarnos con los demás. “La pandemia nos hizo empatizar porque este golpe lo vivimos todos por igual, nos afectó a todos y entonces es fácil ponerte en el lugar del otro porque el lugar del otro es casi tu lugar. Pero la pandemia también ha hecho salir lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros. Ha habido muchos miuras desbocados cuando dijeron que se podía salir de casa. Y después hay que pensar ‘¿cuándo dura esta empatía, esta sensibilidad?’”, sostiene Lousa, quien animará a reflexionar a los alumnos de su taller sobre la importancia de mejorar la empatía tanto en el entorno laboral como en el familiar o académico. Además aclara un falso mito sobre la empatía. “Ser empático con una persona no significa tener que justificar lo que hace”, sostiene.