“Escultor, poeta, polemista, showman, contador de historias, fabulador y filósofo de la vida, y mentor creativo del máster internacional de creatividad”. Así se definía a sí mismo el iconoclasta escultor y artista plástico Paco Pestana (Castroverde, 1949), que falleció el lunes en Lugo a causa de un infarto. Tenía 72 años. El funeral se celebrará hoy, a las once de la mañana, en Velatorios Lucenses, en As Arieiras, donde se instaló la capilla ardiente.

Pestana fue un artista multidisciplinar y un alma libre y soñadora, lo que le hizo viajar a distintos países. Hizo el servicio militar en el Sáhara y a finales de los sesenta emigró a Holanda. A lo largo de su vida, ejerció múltiples trabajos esporádicos para cubrir sus necesidades. De regreso a Galicia, regentó un bar y montó una comuna en Negueira de Muñiz. Enamorado de la cultura, en especial de la literatura, pronto se adentró en este género a través, sobre todo, de la poesía.

En 1977 se instaló en Lugo, donde residiría hasta su fallecimiento súbito. Fue a finales de esa década cuando decidió dedicarse exclusivamente al arte y comenzó a trabajar con la escultura con 29 años. Pestana pertenece a una generación de escultores que surgen a partir del grupo Atlántica, aunque nunca llega a pertenecer a dicho grupo. Es un ejemplo claro de la mezcla entre obra y artista. Ambos son inseparables. A lo largo de su trayectoria participó en destacadas exposiciones dentro y fuera de España, y estaba considerado como uno de los artistas más reconocidos en los últimos treinta años en Galicia.

La Fundación Paco Lareo hacía público ayer su pésame por la muerte de Pestana manifestando sentirse “triste y huérfana”. “Se fue un gran colaborador, amigo, altruista, escultor, pintor polifacético de una creatividad y obra exquisitas, transmitiendo en cada pieza su bonhomía, sensibilidad y amor”, manifestó la entidad.