Se especulaba con que este año el Premio Cervantes iría a parar a un autor latinoamericano y así ha sido, pero premiar a la poeta y narradora uruguaya Cristina Peri Rossi (79 años) es en cierta manera cumplir con las dos orillas. Porque después de haber vivido en su ciudad, Montevideo, durante 30 años, la dictadura militar la obligó, como a tantos de su compañeros de militancia y activismo social, a exiliarse en Europa. Desde entonces, 1972, convirtió a Barcelona en su ciudad. En aquellos años, los 70, recalaron buena parte de los escritores latinoamericanos obligados a trasterrarse, empujados tanto por las dictaduras como por la búsqueda de un futuro mejor, como pudiera ser el caso de García Márquez o de Roberto Bolaño. Peri Rossi se convierte en la sexta mujer en ser distinguida por el Cervantes.

Pese a que su nombre sonaba como una de las favoritas, este miércoles la autora, a quien una amiga le había advertido de la posibilidad, tenía una preocupación mayor que la del galardón. Poco antes de que Miquel Iceta la llamase para anunciarle el premio, se vio afectada —antigua fumadora— por un broncoespasmo que requirió la presencia de un médico de urgencias en su casa. “Fue a poco de que la medicación me hiciera efecto y empezara a respirar con normalidad que recibí el anuncio. Si un broncoespamo, me ha traído el Cervantes creo que necesitaré una buena gripe para que me den el Nobel”, bromeaba ayer desde su piso barcelonés de la calle de Numancia mientras las llamadas de teléfono se sucedían sin descanso como en un caótico carrusel.

De esta manera se ha reconocido en ella la trayectoria de “una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo”, así como la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en la pluralidad de géneros”, en alusión a su dedicación a la poesía, la novela y especialmente al relato, en el que se ha destacado como una de las grandes cuentistas de su generación.

“La literatura de Peri Rossi es un ejercicio constante de exploración y crítica, sin rehuir el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporáneas como la condición de la mujer y la sexualidad”, destaca.

La autora se muestra orgullosa de un premio que dice haberse ganado a pulso: “No tengo enchufes y no pertenezco a ninguna camarilla. En eso soy una navegante solitaria y una francotiradora”. También tiene un recuerdo para su pequeño país suramericano, que en el 2018 tuvo también en la nonagenaria Ida Vitale, otro premio Cervantes. “Me alegro tanto por Uruguay como por España, porque llevo a los dos países en el corazón y, a excepción de sendas temporadas en París y en Berlín, solo he vivido en ellos.

Hija de una familia de emigrantes italianos, Peri Rossi solía acudir a las bibliotecas porque no estaba su economía del momento para comprar libros. A los 16 años, la lectura de El segundo sexo de Simone de Beauvoir fue para ella un punto de inflexión en su concepción feminista.

Cortázar, el amigo

Fue gran amiga de Julio Cortázar, que se enamoró de ella y le dedicó el poemario Cinco poemas para Cris, pero la relación no llegó a ser plena por la distinta opción sexual de ella. Fue el cuentista argentino quien alojó a la escritora durante dos años 1974-1975 en su piso parisino, después de que el Gobierno español, en colaboración con el de Uruguay —que la puso en busca y captura— le denegase el pasaporte.

Entre las obras más destacadas de la autora, influidas por los también uruguayos Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández, se encuentran el libro de cuentos Los museos abandonados (1968), que le dio un reconocimiento instantáneo; la novela La nave de los locos (1984), que incluye una profunda reflexión sobre el exilio , así como los poemarios Estados del Exilio (2003), Estrategias del deseo (2004) y Playstation (ganador del premio Loewe). En el año 2020 publicó La insumisa, autobiografía literaria en la que narra su infancia y adolescencia.

Niega la autora que un premio como el Cervantes —dotado con 125.000 euros— signifique sentirse querida. “En mi ciudad he ganado el Ciutat de Barcelona pero la verdad es que en Cataluña no he recibido una especial consideración. De todas formas un premio no significa que te quieran. Te hacen sentir señalado, eso sí. Pero el sentimiento pleno del amor... eso lo provocan los amigos, los animales y quizá el sentirse satisfecha de tu obra. Y yo la verdad, estoy satisfecha de mi obra”, celebra.