Prudente como siempre, y haciendo hincapié en que la información disponible es "preliminar", el jefe del Servicio de Microbiología del Complexo Hospitalario de A Coruña (Chuac), Germán Bou Arévalo, se muestra confiado en que la aparición de ómicron, la nueva variante del SARS-CoV-2, originaria de Sudáfrica, que ha puesto en alerta a los países del G-7, la Comisión Europea (CE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), “no se traduzca en una mayor severidad” de los cuadros clínicos de COVID. En los casos descritos hasta ahora, recuerda, los pacientes “sufren enfermedad leve o están asintomáticos”. Un “dato para la esperanza”, pese al “alto número de mutaciones” que acumula ómicron, subraya el doctor Bou, quien considera que la aparición de nuevas variantes del coronavirus en países con una menor cobertura vacunal debe hacer reflexionar al mundo occidental sobre la urgencia de hacer llegar dosis, “por humanidad, e incluso por egoísmo”, a todos los rincones del planeta.

¿Qué se sabe de ómicron y cuál es su diagnóstico ante la aparición de esta nueva variante del SARS-CoV-2?

Aunque los datos que han trascendido son preliminares, es una buena noticia que, de momento, en todos los casos que se conocen de ómicron los pacientes sufren COVID leve o están asintomáticos. No se han descrito, por ahora, casos de enfermedad severa, ni se han notificado fallecimientos de ciudadanos infectados con esa variante del SARS-CoV-2. Esto es un dato para la esperanza, porque el hecho de que ómicron tenga un número de mutaciones tan alto —algo que ha elevado la preocupación sobre su potencial infeccioso, de transmisión o de escape vacunal— no parece traducirse, en la clínica, en una mayor severidad. Al menos con la información que tenemos actualmente.

Tras reunirse de urgencia los ministros de Sanidad del G-7, el pasado lunes, la Comisión Europea (CE) elevó el nivel de alerta por ómicron y su presidenta, Ursula von Der Leyen, llegó a pedir “prepararse para lo peor”. ¿Pecan de alarmismo?

El Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) ha querido anticiparse a que ómicron pueda llegar a comprometer la salud de las personas o la eficacia de las actuales vacunas, y por eso decidió catalogarla como variante de preocupación (VOC). Personalmente, creo que el ECDC ha actuado así por precaución. Su decisión ha llevado a incrementar los controles fronterizos, en los aeropuertos... en definitiva, ha empujado a los países europeos a tomar medidas para evitar que ómicron se propague. El primer caso detectado en España, de hecho, se diagnosticó después de que el afectado, un ciudadano procedente de Sudáfrica con escala en Ámsterdam, diese positivo en un test de antígenos en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

¿Acabará imponiéndose ómicron a sus predecesoras o quedará en un susto, como delta plus?

Las variantes del virus con mayor capacidad de transmisión acaban imponiéndose a las demás. Ya sucedió con alfa y delta, originarias de Reino Unido y la India, respectivamente, y en Sudáfrica parece que está pasando ahora lo mismo con ómicron.

¿Y en A Coruña?

En nuestra área sanitaria, en Galicia y en España en general, la variante del SARS-CoV-2 dominante continúa siendo la delta. De hecho, el 95% de los positivos en nuestra demarcación son cien por cien delta.

¿Hay algún caso sospechoso en estudio en el área coruñesa?

Hasta ahora [al mediodía de ayer] no hay ningún caso sospechoso de ómicron en estudio, pero en cualquier momento podría aparecer uno. Tenemos activada la red de secuenciación genómica, y disponemos de un sistema de cribado mediante PCR que nos permitiría detectar si apareciese esta variante. Entre 48 y 72 horas después de surgir la sospecha, tendríamos el resultado.

¿Le ha sorprendido la gran cantidad de mutaciones que acumula ómicron o era previsible que, antes o después, apareciese una variante así?

No es tan sorprendente. El SARS-CoV-2, como cualquier virus, trata de escapar a la acción del hombre (a su sistema inmune o al efecto de las vacunas) como puede. Y la forma que tiene de enfrentarse a la inteligencia humana, por así decirlo, es mutando.

¿Adaptarse o morir?

En efecto. El virus solo busca sobrevivir, y emplea toda su maquinaria genética para evolucionar y tratar de escabullirse de la acción del hombre.

Sin ser extraordinario, ¿cómo se explica que una sola variante del SARS-CoV-2 presente tantas mutaciones?

Se especula que el elevado número de mutaciones de ómicron se ha podido generar en un huésped, en este caso un ser humano, probablemente inmunodeprimido aunque con cierta respuesta inmune. Esta circunstancia habría dado al virus el nicho adecuado para poder seleccionarse.

¿Qué espera que suceda en las próximas semanas?

Los virus evolucionan con el tiempo y tienden a ir atenuándose. Acumulan mutaciones porque no quieren matar a su huésped, sino transmitirse. En el caso de ómicron, sorprendente que los cuadros clínicos descritos hasta la fecha sean asintomáticos o con sintomatología leve. Desde mi punto de vista (es una opinión totalmente personal), esto podría indicar que quizás esta sea una variante que ha llegado al máximo de su capacidad de mutación.

¿A qué se refiere?

A que ómicron sea una variante transmisible pero que no dañe al ser humano, lo cual significaría que el virus habría llegado a su techo. Hay teorías biológicas que dicen que, a partir de un determinado momento, las mutaciones son deletéreas.

¿Qué significa?

Que el virus se hace daño a sí mismo. Esperemos que sea este el caso y que, realmente el SARS-CoV-2 no evolucione más allá de lo que tenemos ahora.

¿La aparición de ómicron debe suponer un toque de atención para los países ricos, que acaparan e incluso destragan dosis de la vacuna contra el COVID mientras en el mundo subdesarrollado el porcentaje de inmunizados es mínimo?

Sin duda. Las variantes del SARS-CoV-2 que hasta ahora se han transmitido mejor, como alfa o delta, han surgido en países como Brasil, la India o Sudáfrica, donde hay poca población vacunada. Si al virus le das un tramo para replicarse, va a mutar. ¿Dónde le resultará más difícil hacerlo? En los países con una amplia cobertura vacunal. Por una cuestión de humanidad, e incluso por egoísmo, se deben suministrar vacunas contra el COVID a todo el planeta. Posiblemente así cortaríamos la capacidad de transmisión del SARS-CoV-2, o la reduciríamos al máximo. Da igual que nosotros tengamos a mucha población inmunizada, o que estemos recibiendo ya una tercera dosis. Las variantes de preocupación (VOC) surgirán en países donde la cobertura vacunal es menor o muy poca.

Moderna anunció el martes que la efectividad de su vacuna disminuye ligeramente frente a ómicron. Aún así es mejor que nos coja vacunados, ¿no?

Por supuesto. Incluso la variante delta, la dominante ahora en nuestro entorno, muestra una ligera disminución de la efectividad de la vacuna. Cuando se acumulan mutaciones, las vacunas pueden perder un poco de eficacia, no obstante, no hay datos aún que demuestren que las actuales no funcionen frente a ómicron. La producción de anticuerpos decae también con el tiempo, por eso aparte de seguir manteniendo las medidas de control higiénico-sanitarias que todos conocemos bien (distancia social, lavado frecuente de manos y uso de mascarilla), es fundamental que la población que no se ha vacunado todavía, lo haga. Y también que los colectivos más vulnerables acudan a ponerse la tercera dosis.

Arranca un mes complicado en lo social, con la Navidad a la vuelta de la esquina.

Y además es un mes invernal, donde hacemos más vida en espacios cerrados por las bajas temperaturas, lo cual favorece que aumenten los contagios. Esto es una evidencia, lo constatamos el año pasado con el propio SARS-CoV-2 y lo vemos cada temporada con la gripe y otros virus. En este contexto, las medidas de higiene respiratoria son claves. El uso de la mascarilla es, por supuesto, absolutamente obligatorio en interiores y previene muy bien la transmisión, pero también deberíamos llevarla en espacios abiertos, cuando la distancia social no se pueda mantener. Quitársela solo para comer y beber, e intentar ser lo más rigurosos y disciplinados posible. Hay que volver a incidir en este mensaje. Las vacunas protegen de la enfermedad grave, pero no del contagio, y las mascarillas sí se muestran eficaces para prevenirlo. Por tanto, hay que utilizarlas sí o sí.