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La Opinión de A Coruña

Así afecta el COVID a tu cerebro

Diversos estudios destacan la pérdida de materia gris y la alteración de las funciones cognitivas entre las secuelas del SARS-CoV-2

Un sanitario atiende a un paciente con COVID en una UCI. | // JULIO CARBÓ

La pandemia de COVID también ha dejado marcas en el cerebro; tanto en las personas que han pasado la enfermedad como en aquellas que hasta ahora han conseguido esquivar el contagio. Según señalan varios estudios, el coronavirus penetra en el sistema nervioso y puede causar múltiples afectaciones neurológicas en los pacientes afectados. Pero más allá de los efectos de la infección en sí, innumerables estudios alertan del impacto negativo que han tenido dos años de crisis sanitaria en el estado mental de la población. “Si hablamos de efectos del COVID en el cerebro, quizás lo más importante es entender que los daños van mucho más allá de lo que puede provocar el virus en sí. Estamos ante un fenómeno muy complejo”, explica, con talante didáctico, el neurocientífico Álvaro Pascual-Leone, director del Barcelona Brain Health Initiative (BBHI) y profesor de la Universidad de Harvard.

El gran reto para entender el impacto del COVID en el cerebro humano, argumenta Pascual-Leone, es distinguir los problemas causados por el virus de los provocados por el contexto. “No es lo mismo hablar de daños causados por la infección que de las alteraciones generadas por una situación de estrés”, matiza el neurocientífico en una entrevista con El Periódico, del mismo grupo editorial que LA OPINIÓN. “Es indudable que la pandemia de coronavirus ha supuesto un estresor neurobiológico importante para la gran mayoría de la población, pero el impacto final de este fenómeno depende de muchos factores. Por ejemplo, de qué tan resiliente es cada cerebro ante una situación de estrés”, comenta el experto.

En personas no infectadas

“El primer efecto nocivo del coronavirus empieza con la pandemia en sí. Han sido dos años de mucho miedo, incertidumbre y malas noticias y esto ha supuesto un daño enorme para la salud mental de la población”, comenta Pascual-Leone sobre el impacto de la ya conocida ‘fatiga pandémica’. En esta misma línea, varios estudios apuntan a que la pandemia ha provocado un aumento de las enfermedades mentales en la población general. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala un incremento del 25% en la prevalencia de ansiedad y depresión en todo el mundo tras dos años de crisis sanitaria.

Según explica Pascual-Leone, la pandemia también ha empeorado el estado de salud de personas con problemas neurológicos previos. Se ha observado, por ejemplo, una aceleración del deterioro cognitivo en personas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer. O un aumento significativo de trastornos hasta ahora poco frecuentes como el síndrome de Capgras, donde el paciente no reconoce a las personas de su alrededor. “Hay pacientes que me han explicado que la persona que tienen a su lado no es su pareja porque ‘lo normal’ era que siempre estuvieran fuera de casa, trabajando, y ahora los veían en un contexto casi inverosímil”, relata.

Otro de los fenómenos que más preocupa es el aumento de la soledad provocado por la pandemia. “Al principio, de forma casi paradójica, esta crisis nos unió mucho como sociedad. Salíamos aplaudir a los balcones, compartíamos un sentimiento de comunidad y luchábamos juntos contra un enemigo común. Pero con el tiempo este sentimiento se ha desvanecido y lo que queda es una profunda sensación de soledad”, comenta el neurocientífico. “El sentimiento de soledad y aislamiento es tan nocivo para el cerebro como fumar medio paquete de cigarrillos al día”, añade el experto.

Cuando una persona se infecta con el coronavirus responsable del COVID, el virus penetra en diferentes órganos de su organismo. En el cerebro, en el momento de la infección, el virus puede provocar desde reacciones inflamatorias hasta alteraciones del gusto y el olfato (también conocidas como anosmia y ageusia). “La pérdida de la capacidad de percibir olores o sabores no se debe a un problema en la nariz o en la lengua; el afectado es el circuito cerebral que canaliza estos sentidos”, explica Pascual-Leone. “Una distorsión del los sentidos cambia nuestro estado cerebral. Si nuestro olfato se altera, también se altera nuestra manera de estar en el mundo”, comenta el neurocientífico.

Más allá de los efectos inmediatos de la enfermedad en el cerebro, los expertos se siguen indagando sobre las secuelas que podrían quedar tras las infecciones por COVID. Un estudio de la Universidad de Oxford, publicado recientemente en la revista Nature, apunta a que las personas que han superado el COVID muestran desde daños en los tejidos cerebrales (sobre todo en las áreas relacionadas con el olfato) hasta una pérdida de materia gris. “No sabemos si esta alteración se debe a una falta de tono vascular, a una pérdida de neuronas o a un problema estructural. Tampoco sabemos si es un daño estructural y permanente o algo que mejora con el tiempo”, explica Pascual-Leone.

Otra de las incógnitas que ahora mismo sigue sobre la mesa es qué pasa con los pacientes que padecen COVID persistente. Es decir, en aquellas personas que padecen síntomas mucho más allá de la infección. Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Cambridge calcula que siete de cada diez personas afectadas por COVID persistente experimentan problemas de concentración y memoria varios meses después del inicio de su enfermedad. Según recoge el análisis, el 78% de los afectados reporta dificultad para concentrarse, el 69% informa de un estado de confusión mental, el 68% de problemas de olvido y el 60% de dificultades para encontrar la palabra correcta en el habla.

Incertidumbres

“Todavía hay muchas cosas que desconocemos sobre el impacto del COVID en la salud cerebral. Es probable que acabemos encontrando daños causados por la infección, pero también muchas alteraciones mentales causadas por el estrés en sí”, comenta Pascual-Leone. “Es como cuando vas por la carretera, te quedas parado en un atasco y crees que ha pasado algo grave pero conforme avanzas te das cuenta que todo está bien y que no hay ningún obstáculo. Con los daños del COVID quizás pase lo mismo; quizás nos estamos obsesionando con posibles secuelas graves y en realidad todo está mejor de lo que pensamos”, ilustra el neurocientífico.

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