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La Opinión de A Coruña

Día mundial del asma
Marina Blanco Aparicio Neumóloga del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y coordinadora del Área de Asma de Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ)

"El asma no tiene edad; puede aparecer en niños, pero también en ancianos”

“El tratamiento de esta enfermedad resulta muy efectivo pero la tasa de incumplimiento es elevadísima porque, al sentirse bien, los pacientes se confían y dejan de tomarlo”

La doctora Marina Blanco Aparicio. LOC

El asma es la enfermedad respiratoria más prevalente a nivel mundial, con variaciones, eso sí, entre unos países y otros, e incluso entre las distintas regiones de un mismo territorio. “En España, a raíz de estudios parciales, se estima que afecta a uno de cada diez niños y adolescentes, incidencia que baja a entre el 6 y el 7% de la población en la edad adulta, y en Galicia, a falta de realizar un estudio epidemiológico real, asumimos que las medias son esas”, apunta Marina Blanco Aparicio, neumóloga del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y coordinadora del Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), quien aprovecha el Día mundial de esta dolencia, que se conmemora hoy, para reivindicar la adherencia al tratamiento como la gran baza para mantener a raya la enfermedad. Asegura, además, que “el asma no tiene edad”, de modo que “puede aparecer en niños, pero también en personas mayores”, y advierte sobre el edadismo que se suele dar en estos casos. “A muchos ancianos se les atribuyen los síntomas a su edad, a un catarro, etc... cuando en realidad sufren asma. Salvo en los casos graves, esta enfermedad se puede controlar mediante el uso de un inhalador y el tratamiento es muy agradecido, sin embargo, se priva de esta oportunidad a los afectados de mayor edad”, subraya.

¿Qué es el asma?

El asma es una enfermedad consistente en la inflamación de las capas que integran las vías respiratorias. Debido a esa inflamación, esas capas sufren edema e hipertrofia del músculo y de todas sus estructuras, y esto finalmente se traduce en una obstrucción de los bronquios, es decir, que su calibre disminuye.

¿En qué se diferencia de otras dolencias respiratorias?

Lo que define el asma es que esa obstrucción bronquial es variable al flujo aéreo, a diferencia de lo que sucede en otras patologías como la EPOC, en las que se produce un daño más fijo, por así decirlo. Y esta es la buena noticia, con respecto al asma: en la mayoría de los casos, con el tratamiento disminuye la inflamación y los bronquios mejoran, hasta el punto de que en un porcentaje elevadísimo de pacientes vuelven a estar totalmente normales.

El tratamiento del asma es muy efectivo, pero más de la tercera parte de los afectados tienen un mal control de su enfermedad. ¿A qué lo atribuyen?

La escasa adherencia al tratamiento del asma es una gran frustración para los especialistas que abordamos esta enfermedad, precisamente porque sabemos que es posible controlarla en un porcentaje muchísimo más elevado de pacientes, pero esto es algo que no depende de nosotros, sino de los propios afectados. Muchísimos pacientes con asma, al sentirse bien, dejan de tomar el tratamiento, pero yo siempre les pongo el ejemplo de la hipertensión arterial...

¿A qué se refiere?

A que un enfermo con hipertensión arterial tiene la tensión bien porque se toma la pastilla correspondiente, pero si deja de hacerlo, precisamente, por el hecho de estar bien, volverá a ponerse mal. Con el asma sucede exactamente lo mismo. Los asmáticos están bien cuando toman el tratamiento porque los bronquios se desinflaman, no obstante, en el momento en que lo dejan, la inflamación y los síntomas reaparecen.

Pero el efecto no es inmediato, como en el caso de la hipertensión arterial.

En efecto, la inflamación bronquial no reaparece de un día para otro, pueden pasar dos, tres e incluso seis meses desde que interrumpen el tratamiento, y eso los despista. He de decir, también, que en la práctica clínica habitual muchas veces tengo la sensación de que los pacientes con asma no están informados sobre estas cuestiones. Al explicárselas, un alto porcentaje las comprende y cambia su actitud.

¿Hay diferentes tipos de asma?

El asma es muy heterogénea, hasta el punto de que los especialistas hablamos cada vez más de “asmas”, en plural, porque el espectro es muy amplio. Por un lado, están los adolescentes o jóvenes, que en la mayoría de los casos sufren “asmas” leves y cuyo problema fundamental es que no toman el tratamiento. En estos casos, hay que enfocarse en la formación, indagar por qué lo hacen y ponerle solución. Y aunque entre medias hay muchos matices, en el extremo opuesto está el asma grave, en cuyo caso, hasta hace unos años, se llegaba hasta donde se podía, de modo que muchos pacientes no tenían control de la enfermedad pese a tomar el tratamiento, y no había nada más que hacer.

¿Qué ha cambiado para este grupo de enfermos?

Desde hace unos años, existen unos fármacos nuevos, que son anticuerpos monoclonales, muy eficaces para controlar el asma grave. Hay cinco medicamentos de este tipo aprobados en la actualidad, no obstante, su prescripción requiere unos conocimientos muy precisos sobre la enfermedad. Por un lado, hay que realizar un estudio muy exhaustivo de los pacientes para poder indicárselos y seleccionar el que sea más eficaz; por otro, es preciso descartar, muy minuciosamente, otra serie de agravantes y desencadenantes de la dolencia en estos casos. No estamos hablando del asmático que no va bien porque no se toma el tratamiento, sino de enfermos que requieren un manejo en unidades especializadas y multidisciplinares.

El Chuac cuenta, desde hace años, con un unidad de ese tipo. ¿Con qué especialistas trabajan en el manejo de esta enfermedad?

Unos profesionales imprescindibles para nosotros son, por ejemplo, los otorrinos. Al hablar de asma, en la actualidad, nos referimos ya a la vía respiratoria única, porque la mayoría de asmáticos graves tienen también pólipos en la nariz, los otorrinos son los encargados de intervenir esas lesiones y, a continuación, esos pacientes se benefician de los fármacos biológicos. El asma grave es, a día de hoy, una patología súper especializada y, como tal, ha de estar en manos de profesionales con un gran dominio de estas terapias, que requieren un seguimiento especial y una indicación bien precisa, porque actúan sobre dianas muy concretas del mecanismo inflamatorio del asma. Unas bloquean a una molécula, otras a otra… y hay que saber seleccionar bien a los pacientes para que respondan a esos tratamientos.

¿Qué causa el asma?

Se han implicado muchas causas en esta enfermedad, desde factores prenatales, como el bajo peso al nacer, hasta otros que se asocian con su desarrollo, incluida la obesidad. Y aunque hay mucha variabilidad entre países, y también entre las distintas regiones de un mismo territorio, uno de los últimos factores que se han implicado en el desarrollo del asma es la contaminación ambiental.

¿Los genes influyen?

Existe también una cierta tendencia genética en el desarrollo del asma, sin que sea una herencia determinante, es decir, que una persona sea asmática no significa que sus hijos vayan a sufrir esa enfermedad, pero sí hay una cierta agregación. Se cree que el asma se produce, en determinados casos, por una predisposición genética y luego hay una serie de factores ambientales que influyen en el desarrollo de esta dolencia, que no tiene edad. Hay “asmas” que aparecen de niño, pero también las hay que se desarrollan de anciano.

¿Cómo es eso?

A muchos ancianos se les atribuyen los síntomas a su edad, a un catarro, etc... cuando en realidad sufren asma. Salvo en los casos graves, esta enfermedad se puede controlar mediante el uso de un inhalador y el tratamiento es muy agradecido, sin embargo, se priva de esta oportunidad a los afectados de mayor edad. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) ha publicado un documento de consenso centrado en el asma en el anciano y nuestro interés es difundirlo, porque estamos convencidos de que muchos ancianos no están diagnosticados de esta enfermedad pese a padecerla.

“Ni un solo paciente con asma grave ha ingresado en nuestro hospital por COVID”

Los pacientes con asma vivieron con gran preocupación la irrupción del COVID, pues temían que la enfermedad fuese un factor de mal pronóstico en caso de desarrollar la infección causada por el SARS-CoV-2. ¿Qué han constatado, en estos dos años de pandemia, con respecto a esta cuestión?

Se ha demostrado que el asma ni es factor de riesgo para contraer el SARS-CoV-2 ni factor de mal pronóstico en caso de infectarse con ese coronavirus. No hemos visto que los asmáticos ingresasen más en el hospital por COVID que los afectados por otras patologías crónicas. Al inicio de la pandemia nos preocupaba muchísimo el subgrupo de pacientes con asma grave, que están con tratamientos biológicos, sin embargo, en el Chuac no ingresó por COVID ni un solo enfermo de este tipo.

¿Les ha sorprendido?

Sin duda. Esperábamos que el SARS-CoV-2 se comportase como el virus de la gripe, que sí descompensa a los asmáticos, pero no fue para nada así. De hecho, nuestros pacientes con asma han estado mejor que nunca, y tenemos la impresión de que esto ha sido así porque al tener miedo al COVID siguieron el tratamiento a rajatabla y eso les ayudó a estar mejor controlados que nunca.

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