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La Opinión de A Coruña

César de la Fuente Núñez Biotecnólogo coruñés, catedrático de la Universidad de Pensilvania y Premio Princesa de Girona de Investigación Científica 2021

"De pequeño iba a las rocas de las playas de A Coruña a por cangrejos y erizos que luego me llevaba a casa e investigaba"

"Desarrollar un antibiótico es más caro que llevar un cohete a la Luna" | “España debería usar el ejemplo histórico de la pandemia de SARS-CoV-2 para apostar de verdad por la ciencia con una inversión a largo plazo”

El biotecnólogo coruñés César de la Fuente Núñez, ayer, en los Cantones. VICTOR ECHAVE

El profesor César de la Fuente Núñez, catedrático de Biotecnología en la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), regresó ayer a A Coruña, su ciudad natal, para impartir una conferencia centrada en sus innovadoras investigaciones, invitado por la Cátedra Fundación San Rafael-Universidade da Coruña (UDC). De la Fuente Núñez (A Coruña, 1986) es uno de los científicos más laureados de su generación y acumula una extensa nómina de reconocimientos por parte de prestigiosas instituciones, entre ellas el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que lo distinguió como uno de los diez innovadores del mundo en el campo de las ciencias de la vida, o la American Chemical Society, que lo nombró el mejor investigador joven de EE UU. La lista Forbes lo incluyó, recientemente, entre los 50 españoles más premiados, y en España recibió el Premio Princesa de Girona de Investigación Científica 2021 por sus trabajos en torno al desarrollo de nuevos antibióticos capaces de vencer a las llamadas superbacterias, una “pandemia silenciosa” que amenaza con llevarse por delante la vida de 10 millones de personas en 2050, y de la que también habló en su intervención pública, en la sede de Afundación.

Vuelve a casa, invitado por la Cátedra Fundación San Rafael-UDC, para compartir con los coruñeses los entresijos de sus investigaciones. ¿Cómo afronta esta cita en su ciudad?

Con ilusión y con orgullo. Volver a casa es para mí un momento único y agradezco mucho que la Fundación San Rafael y la Universidade da Coruña me hayan dado esta oportunidad. Es la segunda conferencia que imparto en mi ciudad, han pasado siete u ocho años desde la primera vez que hice algo parecido, y tengo muchas ganas de compartir un ratito con los coruñeses.

Pasó su infancia en As Lagoas, junto a la Torre de Hércules, y estudió en el Eusebio da Guarda antes de dar el salto a la Universidad de León, donde formó parte de la primera promoción de tecnólogos de esa institución. ¿Influyó A Coruña, de algún modo, en su vocación científica?

Sin duda. De pequeño me gustaba mucho pasear por las playas del Matadero, el Orzán y Riazor. Iba a las rocas a coger cangrejos, erizos y calamares que luego me llevaba a casa e investigaba. Siempre he intentado aprender de lo que tenía alrededor y A Coruña me proporcionó un gran patio de recreo: el mar y los seres que habitan en él. De adulto he conservado esa curiosidad innata que tenemos de niños y ese afán por entender el mundo que me rodea, y lo único que he hecho ha sido seguir ese hilo. Me ayuda en mi día a día en el laboratorio, donde es imprescindible mantener esas ganas de aprender porque siempre hay que resolver puzles nuevos.

De León dio el salto a Vancouver (Canadá), donde cursó el doctorado, y de ahí se trasladó a Estados Unidos, primero a Boston y posteriormente a Philadelphia, donde continúa en la actualidad. Después de tantos años al otro lado del charco, ¿qué es lo que más añora de su tierra?

Lo que más echo en falta son mi familia, mis amigos y la comida gallega (risas). También, por supuesto, mi ciudad. Y aunque siempre llevo A Coruña conmigo, en mi corazón, me encanta estar aquí, disfrutándola en tres dimensiones.

¿Cómo se lleva estar entre los 50 españoles más premiados, compartiendo lista con deportistas como Javier Gómez Noya o cantantes como Rosalía?

Me da un poco de vergüenza, sinceramente. A veces no sé muy bien qué pinto yo en esas listas, pero me alegra que la ciencia y la tecnología se pongan al mismo nivel que otras disciplinas muy valoradas por la sociedad, como la música o el deporte. También lo asumo como una responsabilidad, porque ahora tengo que intentar transmitir a los más jóvenes la importancia de la ciencia para que, en el futuro, quizás vean también como una opción dedicarse a la investigación, y no aspiren solo a cantar o a jugar al tenis o al fútbol. Inspirar vocaciones científicas es fundamental para el motor de un país y para nuestra sociedad.

Su grupo de investigación, denominado ‘Machine Biology’, trabaja para enseñar a los ordenadores a crear medicamentos. ¿Cómo se hace esto?

Conceptualmente, nuestra idea es enseñar a los ordenadores a poder diseñar y descubrir nuevos antibióticos. Primero tenemos que hacer entender a esos dispositivos el lenguaje químico de las moléculas, y esto es lo más difícil. Una vez que lo logramos, hay que enseñarles a leer y a escribir esas moléculas, como se hace con los niños pequeños. En nuestro caso, nos centramos en los antibióticos porque la predicción es que las llamadas superbacterias, resistentes a esos fármacos, matarán a diez millones de personas en 2050. Son una pandemia silenciosa, y nosotros estamos intentando hacer algo al respecto.

¿Cuánto cuesta desarrollar un antibiótico?

El presupuesto de la agencia espacial estadounidense (NASA) para enviar un cohete a la Luna es menor que el que hace falta para crear un antibiótico. La última estimación para desarrollar un medicamento de ese tipo supera los 2 billones de dólares. Es un proceso tremendamente costoso, arduo y que lleva muchos años, y nosotros estamos en la fase preclínica.

Desde el inicio de la pandemia de COVID, su equipo ha trabajado también en el desarrollo de tecnologías que facilitasen el diagnóstico del SARS-CoV-2, en concreto, han creado un test capaz de detectar ese coronavirus en solo 4 minutos. ¿Cómo avanza ese proyecto?

Nuestra misión es poder contribuir al desarrollo de nuevas tecnologías para solucionar problemas que afectan a la sociedad en el ámbito de las enfermedades infecciosas, y lo que estamos haciendo ahora es expandir a la detección de otros virus y bacterias esa tecnología que creamos para el SARS-CoV-2, de hecho, tenemos en camino un par de artículos sobre este proyecto, que se publicarán en los próximos meses o años. Así podríamos estar preparados ante futuras infecciones emergentes o en caso de que viniesen otras pandemias.

¿Se ha planteado en alguna ocasión volver a España?

De momento no, estoy muy contento en Estados Unidos, pero me encanta volver a España cada año, y nunca se sabe si en el futuro se dará la oportunidad de regresar en una situación idónea.

¿Confía en que la pandemia de COVID sea un punto de inflexión que impulse el desarrollo científico en nuestro país?

Creo que, si somos inteligentes como país, deberíamos usar este ejemplo histórico de la pandemia de COVID para apostar de verdad por la ciencia. No con agendas cortoplacistas, que es como funciona la política hoy en día, sino mediante un plan y una inversión a plazo largo, lo que realmente va a servir.

Su laboratorio inició antes de la emergencia sanitaria una colaboración con la UDC que ha permitido a investigadores coruñeses realizar estancias con su equipo. ¿Prevén nuevos proyectos con esa institución?

De momento, continuamos con esa colaboración y estamos muy satisfechos. La pandemia de SARS-CoV-2 paró un poco todo, pero mantenemos ese vínculo con A Coruña a nivel científico, y estaremos encantados de expandirlo, más adelante, si se da la oportunidad.

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