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La Opinión de A Coruña

Voluntariado en A Coruña

El voluntariado contra el cáncer regresa a los hospitales de A Coruña tras el parón del COVID

La Junta Provincial de la AECC retoma “con ilusión” el programa de acompañamiento a pacientes oncológicos y sus familiares: “Nos necesitan más que nunca tras dos años durísimos”

Candela Rodríguez, Marta Corroto y Marisol Jallas, junto a otra voluntaria, María José, delante de la entrada principal del Hospital Universitario de A Coruña. CARLOS PARDELLAS

Los voluntarios de la Junta Provincial de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) regresan a los hospitales coruñeses tras más de dos años de ausencia obligada por la pandemia de SARS-CoV-2. Con “muchas ganas”, “ilusión” y también con “algunos nervios”, la entidad ha retomado en el Hospital Universitario de A Coruña (HUAC) el programa de acompañamiento a pacientes oncológicos y sus familiares, “más necesario que nunca” tras un periodo “durísimo” para ese colectivo.

“Estábamos deseando volver a los hospitales, porque el acompañamiento a pacientes con cáncer y a sus familiares es uno de los objetivos principales de nuestra asociación, junto con la prevención y el apoyo a la investigación”, resalta Ricardo Calza, coordinador de voluntariado de la Junta Provincial de la AECC en A Coruña, quien especifica que esa entidad está presente en cuatro centros hospitalarios de la ciudad coruñesa y el regreso de los voluntarios, a cada uno de ellos, se realizará “de forma escalonada”.

“Empezamos por el HUAC, donde estaremos los martes y los jueves, de 17.30 a 19.30 horas; el día 18 retomaremos el acompañamiento en la Unidad de Mama del Abente y Lago, que visitaremos los miércoles y los viernes, de 11.00 a 13.00 horas; y ya en la primera quincena de junio, volveremos al Hospital de Oza y al Centro Oncológico de Galicia. Decidimos hacerlo así por una cuestión organizativa, dado que somos muchos voluntarios y cada hospital tiene sus particularidades y horarios”, refiere.

Y es que la AECC, detalla Calza, cuenta con “un total de 661 voluntarios” en la provincia coruñesa, de los cuales “aproximadamente el 50% pertenecen a las juntas locales”, mientras que “la otra mitad corresponden a las juntas de las tres ciudades, A Coruña, Santiago y Ferrol”. “Solo en A Coruña hay 191 voluntarios, de los cuales 44 realizan labores de acompañamiento en los hospitales. En el HUAC, el Abente y Lago y el Hospital de Oza son ocho (en cada uno de ellos), mientras que en el Centro Oncológico, donde llevamos dos décadas, hay veinte voluntarios, con presencia todos los días”, apunta el coordinador de voluntariado de la Junta Provincial de la AECC, quien reitera que la misión de ese batallón altruista, con independencia de su destino, es “apoyar y acompañar a los pacientes con cáncer y a sus familiares”. “Esto implica hablar de necesidades humanas, como pueden ser las expectativas, los deseos, los miedos, las inseguridades y los sentimientos. Es una parte muy importante que los hospitales recogen en sus planes humanización y que hay que tener en cuenta, también, en el proceso de cualquier enfermedad”, subraya.

Solo en la ciudad de A Coruña, la AECC cuenta con 191 voluntarios, de los cuales 44 realizan labores de acompañamiento en los hospitales

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A la hora de proponer a un voluntario la posibilidad de realizar acompañamiento en el hospital, el equipo de la Junta Provincial de la AECC tiene en cuenta, “principalmente, dos cuestiones”. “Por un lado, que su perfil se adecúe al de los pacientes y familiares que se va a encontrar en el hospital de referencia al que lo asignemos. En la Unidad de Mama del Abente y Lago, por ejemplo, solo hay voluntarias porque la gran mayoría de las pacientes que se van a encontrar son mujeres operadas de cáncer de mama, aunque esa enfermedad puede afectar también a hombres en un porcentaje muy bajo. En el HUAC, donde ingresan pacientes con todo tipo de tumores y están presentes también sus familiares, el voluntariado es principalmente joven, con una media de 35 años; en el Hospital de Oza hay voluntarios de todas las edades, porque los enfermos hospitalizados allí suelen ser mayores y hay también familiares; mientras que en el Centro Oncológico nos encontramos, principalmente, con pacientes que no están ingresados, sino que acuden al hospital de día, y los voluntarios son también de diferentes edades”, refiere Calza, quien recalca que “todos”, al margen de su perfil, “reciben formación en acompañamiento hospitalario en adultos” por parte de la asociación.

En cuanto a los motivos que llevan a los voluntarios a participar en el acompañamiento hospitalario a enfermos oncológicos y sus familiares, el coordinador de voluntariado de la Junta Provincial de la AECC en A Coruña asegura que “la mayoría vivieron la enfermedad a través de un familiar muy cercano” e, incluso, en sus propias carnes. “Cierto es que, a medida que disminuye la edad, se da también el caso de personas que vienen a la asociación impulsadas por una vocación de ayuda, y que a veces también están cursando carreras sanitarias y quieren aprender las destrezas del acompañamiento humano, más allá de las habilidades profesionales que puedan adquirir, posteriormente, durante su formación académica”, señala Ricardo Calza, quien hace especial hincapié en que el voluntariado hospitalario se dirige a “acompañar y apoyar” a los enfermos oncológicos, pero también a sus familiares. “Somos conscientes de que los pacientes son el centro de atención, pero también a las familias debemos darles todo el apoyo y el acompañamiento que podamos”, reitera.

“Lo que más recibes es el ‘gracias’ de los pacientes y sus familiares, pero el voluntariado a ti te da mucho más"

Marta Corroto - Voluntaria de 38 años

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Marta Corroto tiene 38 años y lleva algo más de tres vinculada a la AECC, de hecho, fue una de las primeras voluntarias en la planta de Oncología del HUAC y ha sido una de las encargadas de formar a sus compañeras que se estrenan estos días. Cuenta que llegó a la asociación “como muchos otros, porque un familiar, ya fallecido, había sufrido la enfermedad”. “También influyó una anécdota que me sucedió mientras esperaba para realizarme unas pruebas de alergia en el hospital, cuando me encontré con una paciente a la que acababan de diagnosticar un cáncer y se sentía incapaz de contárselo a sus hijos. Estuvimos charlando un buen rato y me di cuenta de la necesidad que tenía de desahogarse con alguien. Entonces llevaba ya un tiempo con el run run de ser voluntaria, tenía experiencia previa en el Materno con niños y, una vez superado mi duelo, me vi preparada para afrontar de nuevo esa labor, que requiere también cierto equilibrio emocional”, explica Marta, quien no duda en calificar el voluntariado en el hospital como “algo maravilloso”. “Cuando estás allí lo que más recibes es el ‘gracias’ de los pacientes y sus familiares, pero lo que te proporciona a ti el voluntariado es mucho más de lo que tú das”, asegura.

“Cuando atraviesas la puerta de Oncología entras en otro mundo, te sitúas y sabes que, entre comillas, vas a hacer un trabajo”

Marisol Jallas - Voluntaria de 54 años

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Marisol Jallas, de 54 años, se inició en el voluntariado en 2019, de forma casual y casi sin proponérselo, pero habla de esa labor con el mismo entusiasmo contagioso. “Nunca antes había hecho voluntariado, pero era socia de la AECC, seguía su actividad a través de las redes sociales, vi que pedían voluntarios para una carrera contra el cáncer y decidí apuntarme. La experiencia fue tan satisfactoria, que una semana después ya estaba llamando a Ricardo Calza para ofrecerme a colaborar con ellos de forma continuada. Iba a ciegas, con la única idea de aportar mi granito de arena, pero he recibido mucho más de lo que podía imaginar. El voluntariado en el hospital es duro, pero resulta muy gratificante. Una vez que atraviesas la puerta de la planta de Oncología del HUAC, entras en otro mundo, te sitúas y sabes que, entre comillas, vas a hacer un trabajo. Aprendes tantas cosas allí y sales tan agradecida... es una enseñanza de vida”, destaca Marisol, quien reconoce, no obstante, que transmitir este mensaje a sus allegados, y que lo entiendan, es “complicado”. “A veces las personas de mi entorno me hacen comentarios del tipo: ‘¿Qué necesidad tienes de pasarlo mal?’. Les cuesta comprender que no es así, y que además los pacientes que están allí ingresados y sus familiares nos necesitan, y para mí eso compensa todo lo demás”, remarca.

“El voluntariado en los hospitales es muy importante para los pacientes y sus familiares que valoran mucho nuestra labor”

Candela Rodríguez - Voluntaria de 24 años

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Candela Rodríguez, de 24 años, es la benjamina del grupo y se muestra “muy ilusionada, y también un poco nerviosa”, ante su debut en el acompañamiento hospitalario a enfermos oncológicos y sus familiares. No es su primera experiencia como voluntaria en un hospital, dado que previamente desarrolló esa labor en Santiago con pacientes con trastornos de la alimentación, pero sí se estrena en una planta de Oncología. En su caso se entremezclan las ganas de ayudar con su vocación sanitaria, puesto que Candela es licenciada en Psicología. “Me apunté como voluntaria de la AECC en el primer verano del COVID con la idea de poder aportar algo a los demás. Durante este tiempo, he colaborado en otras actividades con la asociación y ahora me estreno en el acompañamiento hospitalario, una labor que veo súper importante y que tanto los pacientes, como sus familiares, valoran un montón. Yo lo afronto con mucha ilusión, algunos nervios y, sobre todo, con responsabilidad. Creo que vamos a poder ayudar mucho allí, porque los dos últimos años han sido durísimos para este colectivo”, concluye.

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