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La Opinión de A Coruña

Pablo Ibarburu Cómico, actúa hoy en Afundación de A Coruña

“En el humor de hoy en día hay un acceso a la personalidad del cómico, es todo más natural”

“La gente escucha podcasts mientras hace las tareas o va al gimnasio, y al final, los toman casi como una cuadrilla de amigos”

Pablo Ibarburu. | // L.O.

El cómico Pablo Ibarburu triunfa en formatos como La Resistencia o LocoMundo, pero, en esta ocasión, para hacer reír le bastará consigo mismo. El humorista presenta mañana su espectáculo La hora de Pablo Ibarburu en Afundación de A Coruña, en dos pases que se celebrarán a las 18.30 y a las 20.00 horas. Hablará de religión, de su vida anterior y contará alguna anécdota al borde de la legalidad que, afortunadamente, ya ha prescrito. O eso espera.

Se lanza a los escenarios con un show en solitario tras años arropado por formatos solventes, como La Resistencia. ¿Impone?

Sí. Básicamente, antes hacía shows a medias con otros cómicos, media hora cada uno. Después de diez años, ya confiaba más en la hora que tengo de show y empecé a hacerla yo solo.

Lleva años actuando en bares. Ahora los cómicos llenan estadios. ¿De qué es síntoma?

Yo creo que ahora los cómicos que están llenando tanto son, sobre todo, gente que tiene podcasts. Me da la sensación de que los podcasts están reventando.. Pasa también en Estados Unidos. La gente escucha podcasts mientras está haciendo tareas de casa, o yendo al gimnasio, entonces después quieren ir a verlos. Lo toman como una cuadrilla de amigos suyos.

¿Cambió mucho el panorama desde los tiempos en los que si no salías en la televisión, no existías?

Claro, antes yo creo que el cómico no tenía una personalidad muy conocida. Ahora tienes acceso a la naturalidad que tienen los cómicos cuando tienen un podcast, que se les conoce un poco más. Si escuchas Estirando el chicle, te sientes casi como parte de la cuadrilla, aunque no lo seas.

Usted, durante el confinamiento, solía entrar en el podcast Apocalipso para dar cuenta del mal momento que estaba pasando el sector. ¿Se ha consumado la recuperación?

Sí. Yo la verdad es que he tenido bastante suerte, porque con la Resistencia, el público no me ha faltado. He tenido suerte de estar en un programa con tanta visibilidad. Durante la pandemia, cuando empezaron a abrir los teatros, ya tenía oportunidad de ir, aunque fuese a teatros más grandes y a la mitad de aforo. Al final, acaban viniendo 300 personas a un teatro de 800.

Habla de naturalidad. ¿Cuánto hay de guión en un programa como La Resistencia, que destaca por su espontaneidad?

Depende de la sección. Mi sección me la escribo yo, y nadie me pregunta lo que voy a hacer. Hay otras secciones que son más sketches o más gags que a lo mejor llevan más de guión. Hay un equipo de guionistas- que son de los mejores de España, que tienen mucho trabajo, pero a veces no se ve muy bien porque es todo tan natural que no distingues lo que es real de lo que no.

Confían en su criterio a la hora de escribir sus secciones.

Sí, para mí es importante que confíen. He trabajado en programas en los que te decían exactamente lo que tenías que decir, y al final te acabas aburriendo, porque para eso, pueden contratar a un actor. Este programa tiene algo que otros no tienen, que es que te dan la oportunidad de que algo salga mal, y, si el público no se ríe, pues ya está, pero al menos es natural. El público que está desde casa lo ve y al menos sabe que está viendo algo real. Hay programas en los que el público está obligado a aplaudir, entonces no sabes bien cuál es la reacción real.

En los últimos tiempos, han proliferado los formatos en los que se hace humor. ¿Hay una vuelta a los orígenes, el stand up comedy, solo ante el público?

Sí. Creo que, o al menos en el tipo de comedia que me gusta y que veo a mi alrededor, es todo más natural y personal, y dan como más acceso a que la gente se sienta más identificada que con un chiste más al uso o más temático. En el humor que se hace hoy en día es todo mucho más personal, más natural, hay un acceso a la personalidad del cómico.

Antes, la comedia era un sector del entretenimiento que pasaba más desapercibido. Ahora se han convertido en superestrellas.

Sí, yo creo que gracias a David Broncano y los programas que han creado él e Ignatius, Quequé o Ponce, que han dado acceso a cómicos más jóvenes. Antes, en la televisión solo salían los cómicos que ya llevaban muchos años, ahora hay más oportunidades. Luego, las cómicas han conseguido abrirse camino a través de los podcasts, como Inés Hernand, Vicky o Carol, y esto está muy guay.

La comedia hecha por mujeres gozaba de menos impulso, desde luego.

Sí, tuvieron que abrirse camino ellas y demostrar que lo revientan igualmente, que no les hacía falta que nadie les abriese camino, que podían hacerlo ellas.

En su show de hoy va a contar una historia ilegal.

Es una historia que me sucedió de verdad. Lo que digo es que ahora hay cómicos que cuentan chistes y de repente les llaman de la Audiencia Nacional. Es una historia que me sucedió de verdad en la universidad, pero que ahora podría ser considerada un delito de apología del terrorismo.

¿Y ya ha prescrito?

Espero que sí. Quiero creerlo, y, sino, pues un ratito a la sombra.

Hablará de religión, un tema que todavía cuesta meter en los monólogos.

Sí, yo crecí en una familia cristiana, de ir a misa los domingos, y cuento un poco cómo chocaba esa educación cristiana con mi cuadrilla de amigos, pero vamos, tampoco hay nada muy polémico, quiero creer.

¿Tuvo miedo alguna vez de terminar en la audiencia nacional?

No. Mido mis palabras por miedo a no expresarme bien y que se me entienda mal. Creo que el público es inteligente, y sabe distinguir cuando estás diciendo algo que es incorrecto pero gracioso. Cuando el público sabe que tú sabes dónde están los límites, te deja jugar con ellos y arriesgar más.

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