Sin lugar a dudas, el fallecimiento del doctor Pedreira es una triste noticia. Él era una de esas personas que marcaban la diferencia. Mucho y muchos hemos aprendido con sus palabras, con sus gestos y con sus silencios, que utilizaba a la perfección.

Médico internista de vocación y profesión, que ejerció hasta sus últimos días, siempre con una visión vanguardista, pero con mucho sentido común y humanidad. Dedicó su vida profesional a la lucha contra el VIH desde el principio de la pandemia, defendiendo con firmeza los derechos de las personas que viven con VIH y peleando por cada caso, por cada vida, en tiempos francamente difíciles. Y desde aquí, nuestro apoyo y reconocimiento a vosotros, las personas que vivís con VIH, sus pacientes, como él expresamente nos pidió.

Era de esas personas de mente lúcida y clara, que disfrutan (y mucho) del hoy, para las que el ayer es una enseñanza, que no añoranza, y el mañana una ilusión, sin obsesión. Disfrutaba de la vida y hacía disfrutar a los que tuvimos la suerte de acompañarle. Melómano, cinéfilo y lector insaciable, destacaba por su sensibilidad y cultura, que nos contagiaba a los que tuvimos la oportunidad de compartir la vida con él.

El doctor Pedreira era un gran viajero, recorría el mundo junto a María Jesús, su esposa, pero era un enamorado de su ciudad, A Coruña y de sus veranos en Perbes. Repetía muchas veces eso de “déjate de historias, como aquí no se vive en ningún lado” y sonreía con orgullo al ver las esculturas de Leiro en la Marlborough de New York.

El próximo 1 de enero, muchos esperaremos su mensaje de “sublime” cuando empiece a sonar la música en el Musikverein y, aunque esta vez no lo recibamos, no hay duda de que estará disfrutando del concierto de Año Nuevo en algún lugar.

El doctor Pedreira, Pepe, para sus familiares y amigos cercanos, donde quiera que esté, sin estar, estará siempre en nosotros. DEP.