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La Opinión de A Coruña

Historia política del envenenamiento: de la antigua Roma a Rusia

Como armas sigilosas, están detrás de algunas de las muertes más sonadas de la Humanidad. Su uso sobrevuela ahora la guerra en Ucrania

El oligarca ruso Roman Abramóvich, que recientemente sufrió “síntomas compatibles con el envenenamiento”, en una imagen de 2016. ANDY RAIN

El supuesto envenenamiento del magnate Roman Abramóvich y de, al menos, dos miembros de la delegación ucraniana en una negociación con Rusia (medios turcos apuntan hacia otra dirección: una intoxicación por un bote de gas que les habrían lanzado), no es un episodio nuevo en la historia. El ser humano lleva usando veneno desde el principio de los tiempos para fines nada honestos, como el ascenso al poder o para quitarse a algún enemigo de encima. También para suicidios. 

Un ejemplo de esto último es el filósofo griego Sócrates. En el año 399 A.C fue acusado y condenado por corromper a jóvenes y alejarlos de los dioses. Le dieron a elegir entre renegar de sus ideas o al suicidio por cicuta. Escogió lo segundo. Adela Muñoz Páez, catedrática del departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla, habla de todo esto en su libro Historia del veneno: de la cicuta al polonio (Debate), en el que hace un recorrido sobre algunas de estas muertes más impactantes de la historia.

Ascensos ‘sospechosos’ en Roma

Explica cómo en el acceso al trono en Roma influía más el avance del veneno que ser el heredero legítimo. Por ejemplo, Nerón mató a su madre Agripina, quien a su vez había asesinado al emperador Claudio para conseguir la corona de su hijo. “Supuestamente murió tras comer amanitas phalloides”, puntualiza Muñoz. Un hongo mortal. Agripina tiró de las dotes de Locusta para estos planes, una mujer que se ha llegado a calificar como la primera asesina en serie de la historia.

Pero hubo otras tantas muertes así. Tiberio, que sucedió a Augusto en el trono siendo su hijastro, hijo de su mujer, tenía por delante como mínimo a tres herederos mucho más directos. Todos murieron, explica Muñoz. Sospechoso cuanto menos. En la historia ha habido tres periodos relevantes en cuanto a los envenenamientos: el mundo grecorromano, la Europa de los siglos XVI y XVII, y los siglos XX y XXI. Avanzamos hasta el segundo periodo. “Estamos en una época donde príncipes y cardenales llevaban a sus probadores de comida y de bebida a banquetes. El veneno estaba la orden del día”, relata la escritora. 

El ser humano usa veneno desde el principio de los tiempos para fines nada honestos

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“El mismo rey Sol estuvo a punto de ser envenenando a estancias de su amante, Madame de Montespan”, prosigue. Parece ser que a la madre de seis de sus hijos no le hacía mucha gracia que estuviera con otras: “Pidió ayuda a adivinas y brujas, para conseguir conjuros o veneno. Quería vengarse de él o quitarse de en medio a sus rivales”. Una investigación de varios años juzgó a varias personas por artes venenosas. Pero cuando el rey se enteró de que su amante favorita estaba involucrada, mandó detener el proceso y quemar todos los documentos. Gracias a las copias de un jefe de la policía, hoy en día se pueden consultar en la Biblioteca Nacional de Francia, explica la escritora.

En muchos de estos asesinatos estaba detrás el arsénico, una sustancia “insoluble e incolora”. Gracias al químico y médico Mateo José Buenaventura Orfila, que “determinó un método científico preciso para detectar el veneno en el cuerpo”, se puso algo de fin a esto.

La historia más reciente

En el siglo XX el veneno también ha estado muy presente en la política. El dirigente de la Unión del Pueblo Camerunés, Felix-Roland Moumié, murió por talio en 1960. Muñoz señala los supuestos planes de ponérselo a Nelson Mandela en los zapatos, pues puede penetrar la piel. “Era el veneno de alto standing que Sadam Hussein utilizó con sus enemigos políticos. La gran ventaja en que la gente tardaba dos o tres días en morir, cuando ya se podía disipar la sospecha del autor”, señala.

Los nazis usaron cianuro en las cámaras de gas para matar a varios millones de judíos y de gitanos. Los documentos del MI5 británico también revelaron que habían planeado una campaña de envenenamientos contra los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial para posibilitar la llegada de un Cuarto Reich. También ingirió cianuro el exgeneral bosniocroata Slobodan Praljak tras la lectura de su última sentencia ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Una imagen que dio la vuelta al mundo. El exgeneral, de 72 años, moría horas después en un hospital de La Haya. Fue el mismo modus operandi que llevaron a cabo altos mandos nazis antes y después de los juicios de Núremberg.

De Rasputín a Litvinenko

Con Rasputín, inmediatamente antes de la Revolución Rusa, lo intentaron envenenar con mismo veneno, aunque no fue la causa final de su fallecimiento. De este país fue muy sonada la muerte del exespía ruso Alexander Litvinenko. Estando en Londres, enfermó repentinamente el 1 de noviembre del 2006 tras tomarse un té. Se estableció que fue por polonio-210, el “veneno más caro”. Murió poco después, el día 23 del mismo mes. En septiembre del 2021 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos culpó al gobierno ruso. 

Aunque el Kremlin lo desmiente, agentes de inteligencia occidentales están casi seguros de que el país cuenta con espías entrenados para el uso de la mayoría de sustancias peligrosas. Por eso, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano ya ha llamado los encargados de las conversaciones de paz a extremar todas las precauciones: “No coman, no beban, no toquen nada”. Algo difícil, recuerda la autora, cuando hay que trabajar en una mesa y puede inhalarse. 

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