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La Opinión de A Coruña

Los móviles antiguos renacen con las crecientes ansias de desconexión

Usuarios optan por deshacerse de su ‘smartphone’ y volver a dispositivos básicos agobiados por la dependencia de las pantallas

Teléfono móvil de 2004. | // KIRSTI TALSI

“Nunca he tenido un smartphone”. Aunque parezca mentira, esa es una realidad posible. Es el caso de Marina Sáez, ilustradora. En su bolsillo no tiene un teléfono inteligente con chats, redes sociales, cámaras de última generación y pantalla táctil, sino un Nokia muy sencillo, ligero, compacto y en blanco y negro que las nuevas generaciones podrían confundir con un mando a distancia.

Su caso es una anomalía. “Al principio renuncié a ello como elección, pero ahora es cada vez más un acto de resistencia porque todo está hecho para que tengas uno”, explicó. Desde que la irrupción del iPhone en el año 2007 transformase por completo el rumbo de la telefonía móvil, el mercado de los smartphones no ha parado de crecer. Actualmente, unos 6.648 millones de personas tienen un teléfono inteligente, lo que supone casi un 84% de la población mundial. En los últimos cinco años, el número de usuarios se ha disparado casi un 50%. Su proyección es seguir al alza.

El constante acceso a la pantalla se ha convertido en una rutina irracional, un gesto automatizado que se ha impuesto tanto en nuestra vida personal como en nuestros trabajos. La conectividad perpetua acelerada por la llamada economía de la atención ha impulsado muchos cambios, pero también la preocupación de usuarios que quieren desconectar más de tanta distracción e invertir su tiempo en otras cosas. “Tenemos la tendencia a estar con la mente ocupada todo el rato con las cosas de fuera”, explica Marina.

Hay quien se resiste a ello y opta por regresar a dispositivos antiguos en los que no se puede hacer scroll en Instagram, TikTok o Twitter, sino tan solo realizar llamadas o enviar SMS. “Cuando estás en una mesa cenando, la gente está todo el rato con el teléfono móvil contestando a otros mensajes (…) Yo también notaba ese movimiento instintivo de buscarlo cada dos por tres, esa ansiedad”, apunta Juan Carlos, de 31 años.

Esta tendencia, aún minoritaria, es difícil de cuantificar. Algunos informes señalan que la venta de dispositivos no inteligentes pasó de 400 millones de unidades en 2019 a 1.000 millones el año pasado. Por otro lado, en los dos últimos años las ventas de smartphones han estado en sus números más bajos desde 2015, algo que puede deberse al impacto de la pandemia.

Además, en los países pobres o en vías de desarrollo la falta de acceso a los dispositivos inteligentes no es una opción, como sí sucede puntualmente otras naciones con mayor penetración.

Otro de los motivos que pueden llevar a los usuarios a regresar a los dispositivos clásicos es la seguridad. Y es que antes de que sucumbieran a la conexión ininterrumpida a internet, los móviles podían ser más resistentes a las infiltraciones. En febrero, Nokia aseguró que sus importaciones a Israel se habían disparado un 200% tras conocerse que la policía usó Pegasus para espiar las comunicaciones de todo tipo de ciudadanos. Los conocidos como Burner Phone, baratos y de prepago, son usados por grupos criminales para evitar el rastreo de las autoridades.

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