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La Opinión de A Coruña

Eva Bobadilla Psiquiatra que participó en una charla sobre las secuelas de la pandemia

“A los jóvenes les han faltado dos veranos y se les ha privado de crear nuevos vínculos sociales”

La psiquiatra coruñesa afirma que los adolescentes son “un grupo que ha sufrido especialmente el impacto de esta pandemia”

La psiquiatra coruñesa Eva Bobadilla en la charla celebrada este jueves en el Muncyt. Víctor Echave

Los adolescentes son uno de los grupos de edad que más sufrieron las consecuencias de la pandemia en términos de salud mental. Dos años y unas semanas después de por fin salir a la calle tras el confinamiento, el problema fue protagonista de un debate en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología este jueves por la tarde. La Fundación CorBi fue la responsable de una conferencia en la que participaron dos psiquiatras, Eva Bobadilla e Iria Veiga. Bobadilla es una profesional coruñesa que trabaja en el Chuac. La conversación trató de manera más amplia las afectaciones que sufrió la salud metal de toda la sociedad en el año de la pandemia, en 2020. La segunda mitad del acto se centró de forma específica en un grupo, el de los adolescentes, como una de las franjas de población más afectadas por el encierro.

¿Por qué centran la atención de la charla concretamente en los adolescentes?

Se localizó en la población adolescente como grupo de riesgo especialmente afectado, aunque lo que revisamos son los aspectos de cómo la pandemia ha influido en la población general y en su salud mental. Focalizamos la segunda parte de la charla en la adolescencia, los que más han sufrido.

¿Cuáles son los aspectos que más han afectado a los adolescentes durante la pandemia?

Hay aspectos esenciales que se perdieron. El aislamiento, la interrupción en las relaciones, la formación y los hábitos de socialización en esta etapa de la vida son, sin duda, fundamentales. Y son, a su vez, necesarios para el futuro. Les sirven para crear estrategias de reposo y afrontamiento. Por este motivo, en los estudios está claro que ha sido un grupo que ha sufrido especialmente el impacto de esta pandemia. Y no solo de la pandemia. También de las estrategias que hemos tenido que utilizar y normalizar para hacerle frente como las cuarentenas y el aislamiento.

También están las consecuencias de la pandemia en la autoestima, como el rechazo a quitarse la mascarilla por vergüenza.

Claro. Es una etapa donde los jóvenes se están construyendo. Es una etapa de tránsito hacia la vida adulta en la que están construyendo su identidad. Esto lo hacen a través de la relación con el otro y eso se vio truncado. Les faltó esa suma de experiencias. A los jóvenes les han faltado dos veranos y se les ha privado de crear de vínculos sociales en estos últimos dos años. Esa es una de las razones por las que ellos han sufrido especialmente. Es cierto que hay otras poblaciones de riesgo y personas con enfermedades mentales previas. Pero, en general, como población global la respuesta ha estado bastante adaptada. Luego, los estudios nos dicen que hay una remisión de esa sintomatología. Es decir, que nos adaptamos bien como población pese al sufrimiento. Los que pagaron el pato fueron los grupos más vulnerables: la gente más joven y la gente más mayor.

¿Es posible que los jóvenes recuperen esos dos veranos perdidos?

A día de hoy aún se están viendo las secuelas. Este es un tsunami del que todavía nos estamos recuperando. Los estudios que hay publicados actualmente se centran en lo que pasó en 2020. Podemos hipotetizar sobre lo que va a pasar. Yo quiero pensar que sí existe una capacidad para la recuperación. El ser humano tiene esa resiliencia para sobreponerse al daño recibido. Pero el tiempo es el que nos lo va a decir. Ahora mismo, las consultas de los psicólogos y los psiquiatras están desbordadas; en los servicios de urgencia se han duplicado. Cada día atendemos a personas que están todavía viviendo las secuelas del sufrimiento emocional derivado de la pandemia.

En su caso, ¿ha percibido ese incremento de adolescentes en las consultas?

Por supuesto. Cada día, cada guardia y cada tarde. Lo hemos notado todos. Pedir una cita ahora es complicadísimo porque nos faltan horas. Trabajamos mañana y tarde. Ahora estamos sintiendo esas secuelas. Al principio no se notó tanto. Entiendo que entre el shock y la focalización de los recursos en los problemas derivados de la infección por el coronavirus, hubo un parón. Tampoco hubo mucha demanda. Se esperaba un aumento en las tasas de suicidio que al final no se vio, por lo menos en el año 2020, el único del que hay estudios.

¿En qué se diferencia el tipo de sufrimiento de los adolescentes en contraposición con otros grupos afectados como es el caso de las personas mayores?

Tienen contextos distintos. Son poblaciones vulnerables, pero por razones diferentes. El joven, aunque ha sufrido especialmente, creo que cuenta con una capacidad de adaptación y superación para seguir adelante. Yo creo que como sociedad estamos demostrando cosas muy buenas y que eso va a facilitar su recuperación. Tienen tiempo por delante y capacidades suficientes para hacerlo. El paciente mayor ha sufrido más. Se oxidaron. Yo decía que se nos están marchitando. La capacidad de recuperación de una persona mayor es mucho más limitada. Cuántas personas al límite del deterioro cognitivo han empezado una afectación importante. Personas que, a priori, eran autónomas. Y ahí, la capacidad de recuperación es más limitada.

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