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La Opinión de A Coruña

Los 1.744 esclavos gallegos de Urbano Feijoo

El Consello da Cultura investiga la controvertida figura en Cuba del empresario y diputado de Viana do Bolo

Retrato del empresario gallego Urbano Feijoo. | // CONSELLO DA CULTURA GALEGA

Duérmete niño, duérmete ya, que si no vendrá un esclavo ojiazul, puro celta, puro celta. Semejante nana para no dormir se cantaba en Cuba a mediados del siglo XIX. En esta historia de terror, los supuestos cocos infantiles eran los gallegos engañados por el empresario y diputado Urbano Feijoo Sotomayor y Cejo: supervivientes de la gran hambruna, convencidos en su tierra de que en el Caribe alcanzarían una vida digna, arrojados a su suerte al llegar a la isla. El Consello da Cultura Galega investiga la controvertida figura de este vecino de Viana do Bolo, con documentos en su web como el listado de parte de los 1.744 gallegos esclavizados en ocho expediciones, los nombres de los barcos y de los colonos que los transportaron hasta Cuba, la biografía a cargo de Elisa Vázquez de Gey o un artículo de Ascensión Cambrón.

Grabado sobre la esclavitud en la Cuba colonial del siglo XIX. | // LA OPINIÓN

Entre esos expedientes emerge el fundador de la Compañía Patriótico-Mercantil con el pretexto literal de “socorrer a los desgraciados gallegos”. Relata Elisa Vázquez de Gey a este diario que “Urbano Feijoo al principio decía que estos 1.744 gallegos serían muy bien tratados con comida sana y centros de aclimatación, pero cuando llegaron a Cuba les quitó la documentación y no existían los prometidos contratos... fueron tratados como esclavos africanos”. Reclutados en las aldeas más pobres de Galicia, con expediciones entre el 10 de marzo y el 27 de agosto de 1854, los gallegos viajaban con intención de trabajar en la industria transformadora de la caña de azúcar. Pero al llegar allí, la prometida “climatización” consistió en malvivir en barracones mientras contraían el cólera y otras enfermedades.

Plano de la ciudad de La Habana en 1853. | // CONSELLO DA CULTURA GALEGA

La novela Una casa en amargura de Vázquez de Gey narra “la historia de una casa en La Habana Vieja en la que la protagonista conoce a uno de los gallegos de Feijoo y se enamoran”. La Compañía Patriótico-Mercantil aprovechó la hambruna de Galicia para, según la filósofa y profesora emérita de Filosofía do Dereito Ascensión Cambrón, ofrecer trabajo con pésimas condiciones que en la práctica aún fueron peores. “En 1852 azotaron grandes lluvias y 1853 fue el año de la pobreza como describe Rosalía de Castro, al capitán general de Cuba (que era provincia española) se le ocurrió que Urbano Feijoo y su hermano Camilo preparasen la acogida masiva de gallegos pobres”, explica Cambrón a este diario. Añade Vázquez de Gey que “hubo un año que llovió tanto que se pudrían las pezuñas de las vacas y llegaron 4.000 pobres a Lugo”.

Feijoo prometía que “un gallego hace el mismo trabajo que dos negros”. Pero los capataces les impusieron los mismos cepos y látigos que a los esclavos africanos, con contratos en los que aceptaban castigos físicos. Muchos huyeron “y acabaron en los palenques de los negros esclavos, son esclavos ojiazules en las ciénagas”, indica Elisa Vázquez de Gey. Solo unos pocos empresarios cubanos recompraron los contratos de Feijoo para emplear a los gallegos. Otros acabaron en tareas municipales en el puerto o el ferrocarril. Relata Vázquez de Gey que “algunos ya eran septuagenarios cuando llegaron a Cuba y les daba vergüenza volver fracasados a Galicia”. Según Cambrón, “los gobernantes dieron soporte legal al proyecto, cuando el asunto llega a la comisión de investigación del Congreso solo se liquidaron los contratos... y al final los trabajadores quedaron endeudados”.

“Personajes como Feijoo eran filántropos en su tierra pero esclavistas en Cuba, como Eusebio da Guarda que fundó iglesias e institutos”, indica Vázquez de Gey. Quedan las cartas de gallegos a sus familias: “El empresario les prometió cinco pesos al mes cuando los libertos se llevaban 20 a la semana, comían carne seca, muchos murieron en la huida, era un matadero”, indica Cambrón. Al final los supervivientes se llevarían cinco pesos por todo el tiempo de penurias, “y les descontaron la enfermería o les cobraron el regreso”.

Urbano Feijoo volvió a su puesto de diputado en Madrid, escribió una memoria autoexculpatoria y no sufrió represalias. Industriales cafeteros y azucareros obtuvieron ganancias de la trata clandestina de esclavos hasta 1870. Entre ellos, la reina María Cristina de Borbón.

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