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La Opinión de A Coruña

Andreu Buenafuente Humorista, presentador y productor de televisión

“La gestión del país está en manos de gente muy maleducada”

“Entiendo el humor como defensa contra el miedo, el refugio más bonito posible”

Andreu Buenafuente. | // JORDI COTRINA

A través del ventanal lo veo llegar en su aspecto colegial motivado: bermudas, camisa y deportivas (las gafas de pasta oscura son ya parte de su físico). Frente a frente, Andreu Buenafuente es un tipo introvertido, que traga bastante y calla cuando lo cabrean (que no es el caso). Viene de grabar su última proeza, un programa dúplice que se emite en radio y televisión al tiempo, Nadie sabe nada. ¿Quién da mas en la profesión?

¿Cómo se llama lo que no es hiperactividad sino lo otro, o sea lo suyo?

Motivación. Me gusta mucho lo que hago, me hace sentirme pleno, y además es lo que he hecho desde los 17 años. He mejorado en esto del híper, eh, intento regular las energías, poner menos ingredientes a la paella, que se noten más los sabores y disfrutarla aún más. No siempre lo consigo.

Le llaman “el rey del late”, ¿por eso no pega ojo de noche?

Ahora en el exilio, ya no reino.

Mejor en el exilio que emérito, ¿no?

¿Emérito? No, no, en principio no. Soy el pesado de los late, te lo digo sinceramente: llevo desde 1999 con la turra de que es un género universal y síntesis de la televisión de entretenimiento, pero no ha creado escuela en España.

¿Y lo de no dormir?

No creas. Me encanta dormir y soy uno de los mejores siesteros del mundo.

Cuando el mundo es un disparate total, ¿de qué elige reírse?

Entiendo el humor como una defensa contra el miedo y el estupor ante el mundo, el refugio más bonito posible. Me siento un privilegiado por ganarme la vida con esto.

Repetimos toma: asegura que a su creatividad le sientan mejor los tiempos hostiles que la bonanza. ¿La está gozando?

Sííí, todo el equipo la gozamos. Somos como esas pandillas de amigos felices. Me pregunto si yo solo podría haber sido ese Quijote contra el horror cotidiano.

¿Se escucha bien la calle desde donde usted está?

Soy muy fan de la calle, me interesa más hablar con el señor mayor que me encuentro a la puerta del colegio de mi hija [Joana, 10 añitos] que con la gran celebrity. No me siento cómodo en los grandes eventos sociales, soy de clase modesta de un pueblo llamado Reus. En la calle está todo.

Pero, ¿nota o no que en esta pospandemia hay más violencia verbal en la calle?

Noto que la sociedad está más polarizada y que se ha perdido reflexión y educación. La gestión de este país está en manos de gente muy maleducada, irrespetuosa, rencorosa, nada pacificadora y que no mira por el bien común. Es su responsabilidad haber filtrado a la sociedad este estado de ánimo y lenguaje: están enviándonos el código de “todo vale”. Soy hijo de la Transición y siempre pensé que todo iría a mejor, y ahora no salgo de mi asombro ante esta regresión.

Usted, en cambio, opta por callarse cuando de verdad se enfada, según dice. ¿Cuánto ha tardado en pillar la técnica?

En la vida he gritado a nadie. Y lo mejor que quedará de mí en los equipos es el tono que entre todos hemos creado. Esa cosa enconada no la llevo nada bien. Los que me conocen saben que si callo es que estoy mal. Esa teoría de sacarlo todo fuera y quedarse a gusto ha fabricado millones de cretinos antisociales.

Andreu, ¿se nace disfrutón o cenizo, o es una condición que se adquiere?

Es una mezcla. Mi padre era disfrutón y mi madre, sufridora; y yo procuro que gane el disfrute.

Lo imagino un niño bastante insoportable [Reus, 1965]. ¿Lo era?

Te equivocas: era un amor de niño. Era más bien el que tramaba los planes, una especie de productor infantil, pero no la liaba.

¿Un líder?

Un líder a la sombra, nada adrenalínico: no cogía la espada sino la brújula.

Cataluña ha dado grandes cómicos cuando la idiosincrasia del catalán es bastante seria y antipática. ¿Curiosa paradoja o es precisamente la causa?

Eso es un topicazo que nos llevaría mucho rato discutir. El catalán no es especialmente dicharachero, pero lleva una carga irónica alucinante que yo compro antes que al gracioso de turno. Y lo identitario como matrícula de cómico tampoco me gusta.

Ustedes los del Terrat [Produccions] hacen gala de sus raíces charnegas. ¿Lo toleran bien los separatistas de Mediapro [propietarios de su productora desde 2019] con Jaume Roures al frente o en el negoci no hay clases?

Mediapro no es un partido político sino una empresa, y lo que quiere es variedad de gente con talento. Nunca me he sentido ni maltratado por ser catalán ni marginado por ser charnego [de orígenes familiares en Almería].

“Reducción de carrera de cómico”. ¿Qué ingredientes lleva y a qué sabe esa receta que se han inventado Buenafuente y Berto Romero?

Improvisación, algo muy exigente pero muy gratificante: no tenemos nada y hay que hacerlo todo, en 60 minutos hemos de poner en el asador todo lo aprendido. Como llevamos más de 15 años juntos logramos una complicidad tal… Lo más importante es que aún nos hacemos reír el uno al otro, nos sorprendemos.

Millás le pilló: ¿es ‘su’ programa de usted o ‘su’ de los dos? Porque a Berto le ocurre como a algunos animales de compañía, que terminan por parecerse a su amo: mismas gafas, tupé, etcétera.

Hostia, esto no le va a gustar nada a Berto. Es absolutamente de los dos. Sacamos lo mejor el uno del otro: mi gamberrismo y disposición a tirarme a la piscina, y su capacidad de pensar y preparar la comedia.

Buenafuente, nunca ha sido fiel a una cadena de televisión, ¿lo es en cambio en el mundo de los afectos?

He ido a donde me han querido, pero llevo en la Ser desde el 83. Soy muy fiel a mis proyectos, y en la vida intento ser honesto.

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