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La Opinión de A Coruña

Más de 5 millones de españoles se enfrentan a la epidemia silenciada de la soledad

El 8,7% de la población de España se siente sola muchas veces o de forma permanente

No hay peor soledad que la impuesta. La que uno no elige. La que siente un buen número de españoles, más de cinco millones según los últimos datos disponibles. Un manto de aislamiento que azota —con especial crudeza— a los más vulnerables, como los mayores. El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 trabaja con las comunidades autónomas en una futura Estrategia Nacional frente a la Soledad no Deseada. “Es una prioridad”, aseguran a El Periódico de España, del mismo grupo editorial que LA OPINIÓN. Desde las entidades urgen al Gobierno a que aborde con celeridad un problema de enorme calado y hablan un tabú entre los tabús: el “dejarse ir” de quien ya no tiene una red en la que apoyarse, una ilusión por la que vivir. Por eso para Pilar Pérez Merino, madrileña de Chamberí, 77 años, sin apenas visión los viernes son día de fiesta. Porque llega Carlos, su amigo, uno de los voluntarios que la oenegé Solidarios para el Desarrollo despliega por la ciudad para combatir una epidemia que viene de lejos y cada vez es mayor.

¿Cómo se dibuja un mapa de la soledad en España? De entrada, faltan datos, se queja Lázaro González, psicólogo jubilado y presidente de la Comisión de Soledad no Deseada de la Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP). Porque precisa: no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. Para calcular las cifras, tira de estimaciones. Como las últimas encuestas sociales europeas que calculan que el 8,7% de la población española se siente sola “con frecuencia” o de “forma permanente”. Estos datos, advierte, son de antes de la pandemia. Lo que vino después ya todo el mundo lo conoce. Su entidad estima que el problema de la soledad afecta a más de 5,5 millones de personas en España. Explica González, por ejemplo, que en nuestro país hay casi 1.500.000 de mayores de 80 años y, un alto porcentaje —porque están enfermos, porque son dependientes, porque han perdido a sus parejas, porque sus familias viven lejos o porque ya no tienen a nadie— sienten esa losa que tanto pesa. Sucede en las ciudades. Pero también en la España vaciada.

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