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La Opinión de A Coruña

Mujeres con discapacidad, presas fáciles de la trata

Un estudio del Observatorio de Discapacidad alerta sobre esa realidad cruel, oculta y difícil de rastrear en España y el resto del mundo: “Es más fácil captarlas y explotarlas”

Una mujer, sentada junto a unas muletas. | // EPE

Las mujeres y niñas con discapacidad son presas fáciles para tratantes y proxenetas: “Sale más barato traerlas, es más fácil captarlas y es más fácil explotarlas”, hasta 24 horas de abuso sin quejarse e incluso sin comer. La trata y la explotación sexual de personas con discapacidad es una realidad cruel, oculta y difícil de rastrear en España y el resto del mundo.

“La explotación sexual de las mujeres y ñas niñas con discapacidad está extendida y dispersa, pero tiene una dimensión invisible que obstaculiza la cuantificación, la denuncia y su correspondiente atención y eliminación”, destaca el estudio La trata de mujeres y niñas con discapacidad con fines de explotación sexual en España.

Engañadas y abusadas, indefensas. La vulnerabilidad de estas mujeres las convierte en blanco de comportamientos denigrantes, abusivos y violentos no sólo de proxenetas pertenecientes a redes criminales, también de sus familiares, conocidos e incluso “novios”. La investigación, elaborada por el Observatorio Estatal de la Discapacidad ha tratado de ahondar en esta violencia desconocida incluso por las entidades que trabajan con víctimas de explotación sexual y describe una pintura desoladora de normalización del abuso e impunidad de los criminales que convierten en esclavas sexuales a mujeres y niñas con discapacidad.

“Las entidades especializadas coinciden en reconocer que la discapacidad permite que la relación de dominación y de violencia que muchos prostituidores buscan en la prostitución encuentre menos resistencias. Existe un mayo riesgo de que las mujeres con discapacidad intelectual acepten realizar prácticas de riesgo (penetraciones sin protección) o prácticas violentas y vejatorias”, explica el estudio.

Al ser más fácil imponerles condiciones abusivas, para el proxeneta se incrementan las posibilidades de obtener beneficios a la vez que se reduce el riesgo de que las víctimas se rebelen, se escapen o les denuncien. Muchas normalizan la violencia, perciben como normal el maltrato y el abuso sexual, por lo que en ocasiones los explotadores no tienen que recurrir ni a la violencia, ni al chantaje ni a la amenaza para someterlas.

Las dificultades cognitivas pueden impedir que se identifiquen como víctimas y esto limita la posibilidad de que puedan pedir ayuda. Además, incide el estudio, pueden tener dificultades para explicar lo que les pasa y experimentar vergüenza o sentirse responsables de lo que han sufrido. En el caso de las víctimas de trata extranjeras, el problema se agrava porque desconocen el idioma y no tienen cerca ninguna red afectiva.

“Mientras las dificultades motrices pueden entorpecer la huida, la denuncia y los contactos con el exterior; las intelectivas o comunicativas entorpecen su propia valoración de la situación, su conocimiento de las alternativas existentes así como su capacidad de iniciativa para pedir ayuda”, subraya el estudio.

Explotadores conocidos

Alerta también de que las mafias de trata y los proxenetas no son el único perfil de explotadores de mujeres con discapacidad: “Pueden ser hombres a los que conocen en la calle, en las redes sociales, en su lugar de trabajo o incluso en los recursos especializados a los que acuden”. También compañeros sentimentales, hombres que las engañan para hacerles creer que son sus novios y los propios familiares.

Se refiere la investigación al caso de una joven con discapacidad intelectual a la que los padres obligaban a prostituirse con “todo el pueblo” sin mediar intercambio de dinero, simplemente por el reconocimiento social que esa explotación les brindaba. También al de una adolescente explotada en la calle 14 horas diarias desde los 16 años por un hombre al que se refería como su “marido”. “La impunidad del delito es incluso mayor si estos actos son cometidos por personas cercanas”, se señala en el informe.

En ocasiones, la discapacidad es una de las múltiples consecuencias que la explotación sexual tiene en las mujeres. Es el caso de una mujer a la que tuvieron que amputar el brazo después de que los puteros lo utilizaran para apagar en él cigarros. “Después de que le amputaran el brazo, fue de las mujeres más demandadas del prostíbulo porque consideraban atractivo el sexo con una mujer a la que le faltaba un miembro”, relata la responsable de la investigación, Beatriz Sagrado.

“Resulta particularmente difícil en las mujeres víctimas de explotación sexual discernir si los problemas cognitivos, intelectivos y/o conductuales son indicios de una discapacidad intelectual o incluso sensorial o si son el efecto de la explotación sexual o la trata a las que han sido sometidas”, precisa.

En diversos puntos, la investigación llama la atención sobre la vulnerabilidad de mujeres y niñas que se encuentran en recursos residenciales públicos, ya sean centros de acogida de migrantes o para personas con discapacidad de ser captadas por redes de trata. “Existe un riesgo de captación a través de las redes sociales” y las más pequeñas pueden llegar a realizar favores sexuales a cambio de dinero, objetos y consumiciones de escaso valor económico “bajo el efecto de amenazas o chantajes malintencionados”.

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