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La Opinión de A Coruña

Presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC)

Sara Catrain: “Los problemas de suministro de fármacos se están convirtiendo en algo endémico”

“La pandemia de SARS-CoV-2 ha reforzado a los farmacéuticos como profesionales esenciales, esto se tiene que reflejar a nivel legislativo y estamos ante una gran oportunidad para que sea así”

La farmacéutica coruñesa Sara Catrain González. Cedida

La coruñesa Sara Catrain González, con oficina de farmacia en el concello de Padrón, se acaba de estrenar como presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC), un cargo que afronta “con mucha ilusión” y con una hoja de ruta que pasa por “retomar” los proyectos aparcados por la pandemia de SARS-CoV-2, desarrollar todos los servicios asistenciales de la farmacia para acercarse, “si cabe aún más”, a los ciudadanos y, sobre todo, por situar la profesión farmacéutica, “estratégicamente, en el lugar que le corresponde”. “Se van a producir una serie de cambios legislativos importantes y nosotros tenemos que estar ahí para apoyar, mejorar la situación y posicionarnos como profesión en todos los campos donde tenemos capacidad”, resalta.

Accede a la presidencia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC) en un momento crucial, tras dos años y medio largos de pandemia de SARS-CoV-2. ¿Cómo encara este reto?

Con mucha ilusión. Con la anterior Junta de Gobierno del COFC trabajamos muy conjuntamente y de forma sincronizada, sacamos adelante un montón de proyectos y me da un poco de pena por los que se van, pero las incorporaciones son muy buenas también. Tenemos un gran equipo, con compañeros muy trabajadores e implicados con la profesión, y espero que consigamos, sino todos los objetivos que nos hemos propuesto, al menos algunos de los más importantes.

¿Cuáles son esos objetivos?

A nivel general, en este momento se van a producir muchos cambios desde el punto de vista legislativo. La ley de garantías está ahí, abierta, y tendría que ser una oportunidad para que nuestra profesión se posicione en el lugar que le corresponde. Desde el inicio de la pandemia de SARS-CoV-2, los farmacéuticos hemos estado a pie de calle, y no lo digo en sentido figurado, sino textualmente. Sobre todo, durante el confinamiento domiciliario de la primera ola, cuando todo lo demás estaba bloqueado o cerrado.

A pie de calle, y en ese primer momento, sin prácticamente ningún tipo de protección.

Efectivamente. Ni mascarillas ni guantes e incluso con dificultades para encontrar el metacrilato para instalar mamparas en las oficinas de farmacia. Aunque parece que ya nos estamos olvidando, al principio de la pandemia de SARS-CoV-2 no había evidencia científica de nada, y el protocolo que nos enviaban hoy, mañana no servía. Entre marzo y mayo de 2020, enviamos 40 informes diferentes a los colegiados, que hubo que redactar, y se montó una plataforma para que el personal del COFC pudiese seguir teletrabajando desde sus casas. En la segunda parte, iniciamos múltiples colaboraciones con la Consellería de Sanidade, por ejemplo, los cribados de población con los test de saliva dirigidos a los más jóvenes, los certificados de los autotest… Todo eso, que supuso una ingente carga de trabajo, nos ha reafirmado como profesionales esenciales y es algo que se tiene que reflejar a nivel legislativo. Y creo que estamos ante una gran oportunidad para que sea así.

En el plano más local, ¿qué es lo prioritario?

El desarrollo de todos los servicios asistenciales de la farmacia. Ya ha salido el decreto de los sistemas personalizados de dosificación de los medicamentos y hay que empezar a trabajar sobre eso. Son procedimientos bastante exhaustivos y nuestro objetivo es lograr que la mayoría de las oficinas de farmacia que quieran participar (porque, obviamente, es voluntario) puedan hacerlo. Esto nos va a acercar todavía más a los ciudadanos, porque vendrán a nuestros establecimientos semanalmente, o cada 15 días, a recoger sus tratamientos. Antes de nada, habrá que analizar si todo lo que toman es lo que les corresponde, que no haya duplicidades ni incompatibilidades. Mirar con detenimiento toda la medicación y controlarla. Lo ideal es que devuelvan donde se emblistan los fármacos y comprobar si no se han tomado alguna pastilla. Algo que sucede a menudo, por ejemplo, con la medicación para el colesterol, que se toma por las noches.

¿Algo más?

También tenemos que retomar los cauces de debate con los colegiados, las sociedades científicas y las instituciones. Este año, por ejemplo, volveremos a celebrar el día de nuestra patrona, la Inmaculada Concepción, tras dos años sin hacerlo, y hemos invitado a Antonio López Díaz, rector de la Universidade de Santiago (USC), la institución a la que pertenece la facultad de Farmacia de Galicia. Los estudiantes de ese centro llevan años desperdigados por distintas facultades de la USC debido a un problema muy grande de contaminación registrado en Farmacia y, en la actualidad, tanto el decanato como el rectorado de la USC tienen un proyecto para resolver esta situación, al que esperamos dar entre todos un empujón. La formación de los nuevos farmacéuticos es fundamental, y entre nuestros objetivos está también impulsar ese ámbito, así como proseguir con la formación continuada.

¿Cómo lo harán?

De forma presencial y virtual, para lo cual hemos desarrollado una plataforma online. Queremos que esa formación sea acreditada, por supuesto, y que certifique, específicamente, las competencias profesionales de los farmacéuticos. El debate entre los colegiados nos parece también importante, de hecho, antes de la pandemia de SARS-CoV-2 teníamos la provincia dividida por zonas, hacíamos reunimos periódicas y esto es algo que tenemos previsto recuperar, de mano de la vocal de Oficinas de Farmacia, Silvia Represa Veiga. A veces hay problemas que se pueden solucionar acercándose a los colegiados, pero el contacto directo con estos se resintió durante la emergencia sanitaria del COVID y es algo que también vamos a retomar.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación del sector?

Como ya he comentado, estamos en un momento de oportunidades para posicionarnos, estratégicamente, donde nos corresponde. Hemos realizado un trabajo esencial durante la pandemia de SARS-CoV-2, se van a producir unos cambios legislativos importantes y nosotros tenemos que estar ahí para apoyar, mejorar la situación y situarnos como profesión, no solo desde las oficinas de farmacia, sino en todos los campos donde tenemos capacidad.

¿Por ejemplo?

En biotecnología, en farmacología molecular... La facultad de Farmacia de la Universidade de Santiago (USC) es una de las pioneras de España, y la carrera de ese centro está entre las 500 mejores de toda Europa. Su nivel académico es estupendo y ahí también tenemos que estar, porque ese es el futuro de nuestros compañeros y de nuestra profesión.

La suya ha sido, tradicionalmente, una profesión muy feminizada. ¿Ha variado el perfil farmacéutico en los últimos años?

En este momento, los porcentajes andan en torno al 75% de mujeres y el 25% restante, de hombres. Aunque ellos tienen más presencia que hace unos años, continúa siendo una profesión eminentemente femenina. Los motivos, sinceramente, los desconozco.

¿Cómo viven las oficinas de farmacia coruñesas el aumento de la inflación? ¿Ha disminuido la venta de medicamentos o productos sanitarios no financiados?

Mi percepción es que en las oficinas de farmacia todavía no estamos notando todo el efecto de la inflación, aunque llegará. Hay que tener en cuenta que nos encontramos en verano, una época con mucha gente de paso, y quizás una cosa compense a la otra. Para tener una fotografía un poco más real del impacto de la inflación en nuestro sector habrá que esperar al último trimestre del año.

Un problema recurrente en su sector es el desabastecimiento de fármacos, que cada cierto tiempo vuelve a copar titulares. ¿Cómo está ese tema en la actualidad?

Horrible. Hay un montón de medicamentos en situación de desabastecimiento comunicada al Ministerio de Sanidad. Esto es algo que, efectivamente, sucede desde hace tiempo, pero ahora estamos algo peor. Algunos fármacos no entran en desabastecimiento porque, de vez en cuando, los tienen los laboratorios, pero eso no quiere decir que el suministro sea suficiente.

Explíquese.

Sucede a menudo, por ejemplo, con el trankimazin, que se utiliza para tratar los síntomas de la ansiedad grave, o con el alprazolam, que es su genérico. Quizás hoy puedas disponer de ellos en tu oficina de farmacia, mañana no tengas ninguno y tardes 15 días en reponer. Pongamos que si en mi establecimiento se dispensan diez envases de alprazolam de 0,5 miligramos al mes y yo consigo dos, está claro que ocho usuarios se quedarán sin él o van a tener que ir a buscarlo a otro sitio. Y esto es algo que no solo no ha mejorado, sino que va a peor.

¿Por qué?

La industria nos ha avanzado que va a haber dificultades de suministro, también, del material de acondicionamiento de los fármacos. Debido a la guerra de Ucrania, hay problemas con el aluminio y esto afecta, por ejemplo, a la elaboración de los blísteres de los medicamentos. Estamos, por tanto, ante un problema que se está convirtiendo en endémico, y aunque la mayoría de los fármacos tienen sustitutos, hay casos en que no es así. Cuando esto sucede, ya no basta con que derivemos a los usuarios a su médico de familia para que les paute una alternativa, sino que han de volver a la consulta del especialista para buscar otras opciones terapéuticas. Y, en este momento, hay tres o cuatro principios activos en esa situación.

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