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La pareja de Juana Canal asegura que la encontró muerta, la descuartizó y la enterró

El detenido volverá con los agentes al lugar donde “cavó unos hoyos” y abandonó el cuerpo de la que era su novia, hace 19 años u Escuchas telefónicas propiciaron el arresto

Agentes de la Guardia Civil, junto a la finca donde se centra la investigación, ayer. | // RAÚL SANCHIDRIÁN

“Me la encontré muerta, me asusté y la descuarticé”, aseguró Jesús P., pareja de Juana Canal y autor de la nota que Sergio, el hijo mayor de la madrileña, encontró la mañana siguiente a su desaparición, el 22 de febrero de 2003. Casi 24 horas después de su arresto, el hombre afirmó que guardó los restos de Juana en dos maletas en el piso de Madrid y se dirigió a Navalacruz (Ávila). Se bajó del coche, cavó dos hoyos y abandonó el cuerpo en el monte. Según ha podido saber Caso Abierto, portal de sucesos e Investigación de Prensa Ibérica, volverá, en compañía de los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, al lugar donde ocultó el cuerpo de su por entonces pareja, Juana Canal.

La confesión se produjo en la Comandancia de la Guardia Civil de Ávila mientras que, en paralelo, agentes de la UDEV de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, en un operativo conjunto, registraban desde la tarde ayer una finca de Navalacruz (Ávila) que se encuentra próxima al lugar dónde se hallaron los restos óseos de la mujer desaparecida. Los últimos, hace escasos días. “Sergio, tu madre y yo hemos vuelto a discutir (...) Me voy a buscarla”. Un trozo de papel. No dejó más. Desapareció de las vidas de Juani, de Sergio, con quién vivía en Ciudad Lineal. No se molestó en llamar.

Jesús dibujó una nueva vida, discreta. Abandonó el taxi, trabajo que le daba de comer. Hoy, con 53 años, tres hijos, es propietario de una caravana de perritos calientes y patatas fritas, también llamadas food trucks. Su mayor público lo encuentra en las ferias (recorre pueblos de Madrid y Ávila), aunque aparca también en festivales. Tras el parón por el coronavirus, este verano presumía de que todo volvía a la normalidad. Casi dos décadas en silencio, hermético, impasible. El hallazgo de los restos mortales de Juana Canal, los primeros huesos que aparecieron en Navalacruz (Ávila) mientras unos senderistas paseaban, dieron un giró a la investigación. Se abrieron nuevas diligencias. Se apuntó al homicidio, el crimen machista fue la primera opción.

Se revisó el expediente. Se miró de nuevo el piso de Madrid. Agentes de la UDEV y de la Científica de Policía Nacional, con la ayuda del GOR de Ciudad Lineal, rastrearon con nuevas técnicas científicas, capaces de detectar vestigios y sangre aunque hayan pasado dos décadas. El resultado fue negativo. El siguiente paso fue batir de nuevo la zona en la que tres años atrás se encontraron los primeros restos: se hallaron más huesos y ropa interior que, a falta de confirmar con el análisis de ADN, presumiblemente son de Juana Canal.

Paralelamente, la jueza autorizó el pasado septiembre un pinchazo telefónico para controlar las conversaciones de Jesús, en el punto de mira ya para la policía. Al principió no dijo nada, pero según avanzaba el tiempo, “dio sus frutos”, apuntan fuentes cercanas a la investigación.

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