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María José Pereira Rodríguez Jefa del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Laboral del área sanitaria de A Coruña y Cee

“Estamos viendo a un número importante de ingresados con gripe cuando aún no tocaba”

“A nivel inmunológico, podemos decir que los niños que vinieron al mundo en pandemia están todavía como recién nacidos; de ahí, la importancia de vacunarlos contra la gripe”

La doctora María José Pereira Rodríguez, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac). F.F.P.

La responsable del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Laboral del área sanitaria de A Coruña y Cee, María José Pereira Rodríguez, habitual de estas páginas en lo peor de la pandemia de SARS-CoV-2, analiza el inusual escenario de esta temporada —con la coexistencia del COVID, la gripe y otras infecciones respiratorias estacionales— y, en plena campaña de vacunación contra la gripe, urge la inmunización de los grupos prioritarios, entre los que se incluye, por primera vez, a los niños menores de 5 años.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación en el área sanitaria coruñesa, en un momento de excepcional convivencia entre el SARS-CoV-2, la gripe y otros virus respiratorios estacionales?

Venimos de dos años de pandemia, en los que el COVID arrasó con todo, desde el ánimo de los ciudadanos hasta buena parte de la actividad asistencial en determinados momentos, y en los que ejerció también una presión muy importante sobre el conjunto de infecciones respiratorias que se producían, de modo que cuando un ciudadano presentaba fiebre, congestión nasal, tos, etc... lo habitual es que fuese debido al COVID. Esta temporada, la situación ha cambiado, y aunque el SARS-CoV-2 continúa circulando, también lo están haciendo ya virus a los que quizás aún no les tocaba.

¿Por ejemplo?

Estábamos acostumbrados a que el virus respiratorio sincitial (VRS) se incorporase dentro de la batería diagnóstica de estas fechas (noviembre y diciembre) y que diese el ‘relevo’ a la gripe en cuanto a la producción de infecciones. Eso era lo habitual: primero VRS y, cuando la circulación de este virus empezaba a bajar, iniciaba su ascenso el de la gripe. Sin embargo, este año están circulando, simultáneamente, el VRS, el virus de la gripe y el SARS-CoV-2, y con una intensidad fuerte ya casi desde finales de septiembre. Esto hace que observemos una incidencia significativa de este tipo de infecciones en los grupos etarios habitualmente afectados por el VRS (principalmente los niños), y también por la gripe.

¿Se traduce en un aumento de la hospitalización?

El impacto en la hospitalización es mayor en adultos. Estamos viendo a un número importante de pacientes ingresados con cuadros de gripe cuando aún no solía tocar, no obstante, continúa siendo mayor la cifra de hospitalizados con COVID (en proporción 2-1), pero con tendencia a la baja.

¿Les ha sorprendido?

Siempre hay un goteo de pacientes hospitalizados con gripe en los meses de octubre y noviembre, pero esta intensidad de ingresos no la veníamos observando.

El hemisferio sur va por delante. En base a lo sucedido allí, ¿con qué previsión trabajan de cara a las próximas semanas?

Con la gripe es difícil adelantarse, sabemos cuándo suele venir pero no podemos prever, con exactitud, su impacto. En función de lo ocurrido en el hemisferio sur, pensábamos que la epidemia se iba a adelantar y, efectivamente, ha sido así. Estamos ante un aumento de incidencia, sin llegar aún a una intensidad importante, pero ha empezado antes. ¿Qué puede pasar a partir de ahora? Sabemos, por ejemplo, que en Australia los casos de gripe subieron muy rápido y bajaron relativamente al mismo ritmo, y que el impacto fue menor en cuanto a complicaciones. Aquí estamos viendo un incremento de la incidencia, pero no está siendo especialmente veloz, y la particularidad es que desconocemos cómo se van a ir dando el ‘relevo’ los virus.

En el caso de los niños, ¿es posible que al haber estado tan protegidos frente a virus respiratorios, por las medidas antiCOVID, ahora sean más sensibles y por eso se registran más cuadros infecciosos en este grupo etario?

Es una de las explicaciones, aunque probablemente no sea la única. De ahí, nuestra insistencia en destacar la importancia de vacunar contra la gripe a los menores de 5 años. Galicia ha incluido, de forma pionera, a los pequeños de 6 a 59 meses en los grupos prioritarios de vacunación, y esta medida tiene ya el refrendo, a nivel nacional, para generalizarse en otras comunidades autónomas el año que viene. Venimos de dos años diferentes, en los que niños y mayores han estado muy protegidos frente a las infecciones respiratorias, y puede que esa falta de reactivación de la memoria inmunológica tenga un impacto en el número y en la intensidad —o en la gravedad— de los cuadros clínicos.

Ese nuevo grupo prioritario de vacunación incluye, de hecho, a pequeños nacidos ya en pandemia, de modo que han pasado los primeros meses o años de su vida en una especie de ‘burbuja’ protectora.

A nivel inmunológico, podemos decir que los niños que vinieron al mundo en plena pandemia de SARS-CoV-2 están todavía como recién nacidos, pues no se han expuesto a ningún tipo de virus respiratorio. Tampoco al de la gripe. Y aunque hay dudas sobre si conviene, o no, exponerse a los gérmenes respiratorios, lo cierto es que la vacuna prepara al sistema inmune para que pueda responder de forma organizada a ese ataque. Sin embargo, la infección es una respuesta inmune no organizada y puede traer consigo complicaciones. Por eso es importante la vacunación, sobre todo, de los grupos más susceptibles, y los niños pequeños lo son.

También son vectores de transmisión, con el consiguiente riesgo, por ejemplo, para sus abuelos.

Así es. La salvaguarda de las personas inmunodeprimidas debe incluir la llamada ‘defensa-muralla’: intentar proteger a esos grupos ‘blindando’ a su entorno, porque a veces los pacientes inmunodeprimidos o con algún tipo de situación especial no son los que mejor responden a la vacuna contra la gripe. No obstante, si se vacuna al inmunodeprimido, a su entorno más próximo y a una puerta habitual de entrada de las infecciones en las casas, como son los niños en general, se estará facilitando el funcionamiento de esa ‘muralla’.

Aparte de los niños de 6 a 59 meses, ¿hay más novedades en los grupos prioritarios de vacunación contra la gripe?

En cuanto a indicaciones de la vacuna, no existen muchas más novedades con respecto a campañas anteriores. Siempre ha habido una recomendación por edad, y también insistimos en la vacunación de los pacientes con enfermedades crónicas de base que, de alguna manera, se pueden complicar después de pasar la gripe. No porque sus defensas estén bajas, sino porque su organismo puede estar ya sobrecargado reponiéndose, por ejemplo, de una insuficiencia cardíaca o de un problema renal. Y, al contagiarse con el virus de la gripe, ese sistema inmunológico que trabaja para intentar solucionar su dolencia crónica, tendrá que defenderse también de esa infección, y eso puede agravarlo todo.

Con respecto a la cobertura vacunal por franjas edad, ¿alguna les preocupa especialmente?

Sí vemos que una parte de la población de 60 a 69 años —un grupo de edad sin un complejidad muy importante en cuanto a enfermedades crónicas— es reticente a la vacunación contra la gripe, y no sabemos muy bien a qué puede deberse. De hecho, la cobertura vacunal en esa franja de edad roza el 50%, mientras que entre los 70 y 84 años está ya en un 74%. Creemos que esto puede estar relacionado con que los ciudadanos de 60 a 69 años interpretan la recomendación de vacunarse contra la gripe como que se les están echando años encima o restando calidad de vida. Para nada es así. Su calidad de vida puede ser excelente, pero igual que con el paso de los años se pierden reflejos, capacidad auditiva o visual, el fenómeno de la inmunosenescencia —por el cual la respuesta del sistema inmune se va enlenteciendo a los ataques— también está ahí, aunque nos encontremos fenomenal. Y vacunarse es una actividad preventiva que solo aporta ventajas, por tanto, es absurdo desaprovechar esa oportunidad.

“Con síntomas respiratorios, para evitar ser un riesgo para otros, debemos usar mascarilla”

“Si hay una actuación que, durante esta pandemia, se ha visto afectada por la fatiga, ha sido el uso de la mascarilla. No obstante, la realidad es que, durante el primer año, cuando aún no había vacunas contra el COVID, muchas personas vulnerables pudieron esquivar esa infección aislándose y utilizando mascarilla en entornos de alto riesgo”, reivindica la responsable del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Laboral del área sanitaria de A Coruña y Cee, María José Pereira Rodríguez, e insiste: “Con síntomas respiratorios, si queremos evitar ser una amenaza para otros, debemos usarla”.

En el actual contexto, ¿cuándo es aconsejable usar mascarilla?

Se recomienda utilizar mascarilla si creemos que podemos ser un elemento de contaminación del medio. Y, desde luego, en un entorno mal ventilado, con personas tosiendo, recurrir al cubrebocas debería ser asumido, de forma natural, como lo que es: una medida de protección, igual que el lavado de manos después de ir al baño.

¿Por qué cree que nos cuesta tanto interiorizar esto?

Porque, en el subconsciente colectivo, la mascarilla continúa como un elemento asociado a una época muy complicada de nuestras vidas. No obstante, debemos seguir pensando que, si tenemos síntomas respiratorios y no queremos ser un riesgo, debemos utilizarla. En entornos sin suficiente ventilación o con mucha gente, hagamos lo mismo, sobre todo ahora que hay una alta incidencia de virus respiratorios circulando. Las vacunas han sido absolutamente esenciales pero, ante cualquier germen, conocido o no, que se transmita por la vía respiratoria, las mascarillas son de gran utilidad.

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