Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

‘Viento herido’, 12 pepitas de oro de Carlos Casares

Cristina Sánchez-Andrade traduce ‘Vento ferido’ al castellano: relatos de “gente anónima y universal, borrachos, pobres, viejos solitarios”

Carlos Casares y su colección de locomotoras en 1995 CAMESELLE

Un niño que se queda ciego. El viejo que apura las últimas horas del día tras enviudar. Amores perdidos del verano pasado. O el redondel dejado por el circo huido, con el que robaba corazones la francesita Anne. Como pepitas de oro relucen los 12 relatos que forman Vento ferido de Carlos Casares (Xinzo de Limia, 1941-Vigo, 2002): clásico entre los clásicos de la literatura gallega, que ahora traduce al castellano Cristina Sánchez-Andrade a través de la Editorial Impedimenta. Con ilustraciones de Xulio Maside, artista que ya acompañaba al texto original de 1967, este Viento herido llega justo cuando se cumplen 20 años de la repentina muerte del escritor. Un libro que sigue impactando a millones de lectores desde su publicación, a partir de la cita de Cesare Pavese: “Cualquiera que pase tiene un rostro y una historia”. Según la traductora y escritora Sánchez-Andrade, son cuentos sobre “gente anónima y universal a un tiempo”. Con personajes que se mueven entre los restos de una guerra y el principio de un amor.

Portada de 'Viento herido' de Carlos Casares, con Impedimenta La Opinión

A la pregunta de si impresiona traducir al castellano semejante obra de gran impacto incluso en colegios e institutos, Cristina Sánchez-Andrade recalca que “más que impresionar es un gran honor y una suerte”. En una conversación con este diario afirma que “me he empapado del estilo, la economía narrativa, el humor y la ironía... y he aprendido mucho como escritora de la manera de contar de Carlos Casares”. Ella misma tiene una obra claramente inspirada en la narrativa oral, como El niño que comía lana (Premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en España en 2020). Y sobre Viento Herido recalca que “ojalá todos los libros para traducir fueran así, me embarcaría en muchas más traducciones”.

Torrente Ballester, la periodista Marisa Real y Carlos Casares. // MAGAR

La iniciativa para llevar este clásico al castellano “surgió de manera espontánea en un día de lluvia, en una lectura poética, de una conversación entre el editor de Impedimenta, Enrique Redel, y yo”. Cuenta Sanchez-Andrade que “no sé cómo empezamos a hablar de literatura gallega y salió el nombre del libro. ¡Enrique hasta se sabía párrafos de memoria de algún cuento! Me dijo, ¿lo traducirías? Y yo, claro, no lo dudé un momento”.

¿Cómo puede un traductor evitar que se pierda el encanto del texto original? “Creo que hay que conocer y ser muy respetuoso con la voz del autor; Casares viene de la tradición oral y, en ese sentido, creo que hay una conexión muy grande con lo que yo, humildemente, pueda aportar como traductora”, indica Sánchez-Andrade. Apunta que “he intentado ser lo más fiel al texto y que no pierda su música interna, pero en las traducción es inevitable que siempre se pierda algo”.

Entre los elogios recibidos por la primera publicación de Casares en el 67, destaca el de Gonzalo Torrente Ballester: “Estos cuentos poseen una gracia que se clava en la inteligencia y que da lugar a eso tan indefinible que es la flor de la literatura”. Admite la traductora Sánchez-Andrade que “para mí también fue un impacto, es difícil encontrar algo tan breve y tan enjundioso a un mismo tiempo, que además aúne la tradición oral con la literatura de vanguardia de la época”.

Con la influencia de William Faulkner (retratista de la violencia de los Estados Unidos sureños en tiempos de entreguerras) y de John Dos Passos (otro desmitificador del gran sueño americano), el Viento herido avanza cuando aún suenan los cañones de 1936-1939. Así se muestra en la cruel El juego de la guerra o en Como lobos (donde despacha directamente una ejecución fascista). Incluso en personajes aislados como el viejo Tomás, al que “querían mal porque era republicano”.

Por Viento herido desfilan, como enumera Sánchez-Andrade, “borrachos de taberna, pobres que cuentan cuentos, viejos solitarios, tipos enfurecidos a los que no se les deja hablar”. Y como dice un personaje, todos ellos dejan “una pena muy grande y negrísima que se mete dentro del corazón”.

Compartir el artículo

stats