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ANUARIO 2022

El salto de Feijóo a Madrid inicia la era Rueda

El político de Os Peares asumió el liderazgo del PP estatal tras la caída de Casado. Su heredero lo relevó en el partido y la Xunta en un congreso sin rivales

Feijóo abraza a Rueda el día en que dimitió como presidente de la Xunta. | // XOÁN ÁLVAREZ

La profecía de que Alberto Núñez Feijóo abandonaría Galicia para iniciar una carrera política en Madrid se cumplió dieciséis años después de que tomase las riendas del PP gallego y lo hizo de una manera no solo inverosímil, sino inédita. La dirección estatal de los populares que encabezaba Pablo Casado implosionó en tres días de febrero de este año tras el enfrentamiento de este con la baronesa madrileña Isabel Díaz Ayuso, un terremoto que acabó colocando a Feijóo al frente del partido, liderando la oposición a Pedro Sánchez en el Estado y obligando a acometer un relevó exprés no solo al frente del PPdeG, sino de la Xunta. Feijóo, que encadenó cuatro mayorías absolutas continuadas desde 2009, se convirtió en el primer presidente del Ejecutivo autonómico en dimitir de su cargo.

Todo comenzó con una filtración a la prensa el 17 de febrero, cuando se conoció que la dirección estatal de Casado estaba investigando los negocios del hermano de Ayuso con la Comunidad de Madrid presidida por esta.

La baronesa reaccionó acusando a la cúpula del partido de espiar a su familia y urdir un plan para destruirla políticamente, a lo que respondió en una comparecencia en directo retransmitida por todas las cadenas de televisión el entonces secretario general del partido, Teodoro García-Egea, mano derecha de un Casado que también alimentó la sospecha de que el hermano de Ayuso había hecho negocios con Madrid en plena pandemia. Más tarde, se supo que sí había vendido material sanitario a la comunidad presidida por su hermana, aunque el caso no fue más allá.

La suerte de Casado estaba echada porque sus apoyos fueron desapareciendo y tuvo que anunciar la convocatoria de un congreso extraordinario para elegir nuevo líder y dirección. Fue el clímax de un runrún en la formación popular, que no le veía opciones de ser alternativa al socialista Pedro Sánchez y que temía el sorpasso de Vox. Todas las miradas se posaron entonces en Feijóo, al que le perdonaron no haber dado el paso adelante que se le exigía para sustituir a Mariano Rajoy en 2018, cuando la moción de censura que lo apartó de la Presidencia del Gobierno acabó con su carrera política.

El político gallego abrió el 22 de febrero la puerta a tomar el control del PP, cuatro días después del estallido de la crisis, con unas declaraciones que evidenciaban el estado de alerta en el seno popular. “Todos somos responsables de esta situación. Tenemos que estar a la altura y tomar decisiones, yo entre ellos”, avanzó antes de añadir que se necesitaban “cambios” en el partido. “Decidiré en función de lo que el partido le pida a cada uno que haga”, añadió.

La decisión estaba tomada, pero ahora había que concretarla, lograr un respaldo unánime a su figura y evitar una pugna por relevar a Casado como la que no pudo sortear en 2018 ante el intento de Soraya Sáez de Santamaría de sustituir a Rajoy. Y cerrar, claro, su relevo en una Galicia marcada por un presidencialismo inédito. Con su cuarta mayoría absoluta, lograda en 2020 tras la pandemia, Feijóo había igualado al León de Vilalba, pero este siempre había tenido que lidiar con potentes contrapesos internos, como los Baltar, Cacharro o Cuíña. Fuera del foco que acaparaba Feijóo, solo se percibían sombras.

El 2 de marzo, Feijóo confirmó su candidatura a liderar el PP alegando una “obligación moral” y causando un terremoto en la política gallega, además de sorpresa porque adelantó su paso en un acto de una empresa coruñesa, horas antes de hacerlo con más de medio millar de cargos de su partido. La oposición de BNG y PSdeG creía que sus opciones de tumbar al PP en las autonómicas de 2024 crecían porque los populares perdían a su mayor activo. En las filas populares se reactivaron los movimientos de 2018 que mostraban que no existía tanta cohesión interna como parecía.

Feijóo mantuvo la Presidencia del PPdeG hasta el 31 de marzo, cuando dimitió para ser elegido a dos días presidente del partido a nivel estatal. La Xunta la abandonó tras su dimisión el 29 de abril.

Antes, Feijóo jugó al despiste con la negativa a determinar un sucesor, alegando la necesidad de que se eligiese en un congreso autonómico. Pero pretendía que este tuviese como único candidato a su sucesor natural, Alfonso Rueda, uno de los dos conselleiros que seguía con él desde 2009, el que fuera su jefe del partido y vicepresidente de la Xunta durante la última década.

Sin embargo, el barón coruñés Diego Calvo y su homólogo ourensano, Xosé Manuel Baltar, deslizaron su apuesta por la libertad en el proceso de elección. Afines al primero, dudaban en privado de que la elección de Rueda fuese la correcta. En una entrevista a LA OPINIÓN, Calvo evitó apoyarlo. “¿Rueda? Lo importante es buscar una persona con la que esté a gusto todo el partido”, respondía a este diario.

El nerviosismo comenzó a germinar en el seno de un PP gallego desorientado ante la marcha de Feijóo, así que un día después de esas declaraciones, Miguel Tellado, entonces secretario xeral del PPdeG y al que Feijóo se llevaría a la cúpula estatal, advirtió a Calvo contra las “ambiciones personales”.

Finalmente, Rueda se hizo con la Presidencia de la Xunta el 14 de mayo y ocho días después con la Presidencia del partido en un congreso sin rivales. En su Ejecutivo solo introdujo un cambio, el nombramiento de Calvo como vicepresidente segundo, desvelando finalmente que este lo había pedido. Días antes, había negado reclamación alguna de puestos.

En esa tesitura, Rueda afrontó el final del año y la aprobación de sus primeros presupuestos, con un nuevo equipo de comunicación al frente de la Xunta tras la salida de los fieles de Feijóo rumbo a Madrid, un solo conselleiro nuevo y la sensación de que en 2024 se jugará iniciar su elección como candidato.

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