Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sanidad

Paladas frente al cáncer de mama en A Coruña: “Estamos todas en el mismo barco”

Coruñesas en tratamiento o que han superado ya la enfermedad se reúnen cada semana en Santa Cristina para remar en un ‘barco dragón’ | Oncólogos, cirujanos, expertos en medicina deportiva y las propias pacientes avalan los beneficios “físicos, emocionales y sociales” de la actividad

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en la playa de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros).  | // VÍCTOR ECHAVE

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en la playa de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros). | // VÍCTOR ECHAVE / María de la Huerta

A Coruña

“El cáncer es lo que es, pero dentro de lo malo, a veces hay cosas buenas, y Bolboretas es una de ellas”, subraya Beatriz Pérez, fisioterapeuta y “superviviente” de esa enfermedad, al resumir qué ha encontrado en esa asociación, integrada por mujeres en tratamiento o que han superado un cáncer de mama. Cada sábado, si el clima lo permite, se reúnen en la playa de Santa Cristina, en Oleiros, para remar a bordo de un ‘dragón’. Oncólogos, cirujanos y expertos en medicina deportiva avalan los beneficios “físicos, emocionales y sociales” de esa actividad, impulsada en A Coruña por la Cátedra HM de Traumatología del Deporte de la Universidade da Coruña (UDC), con el doctor Rafael Arriaza a la cabeza. Entre paladas, risas y confidencias, las protagonistas lo tienen claro: “Estamos todas en el mismo barco”.

Paladas frente al cáncer de mama: “Estamos todas en el mismo barco”

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en aguas de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros). / Víctor Echave

“Este proyecto surgió de una casualidad”, cuenta el doctor Arriaza, traumatólogo y codirector de la Cátedra HM de Traumatología del Deporte de la UDC. “En una sesión de la Comisión Médica del Comité Olímpico Internacional (COI), coincidí con el entonces médico de la Federación Internacional de Piragüismo, el canadiense Don McKenzie, a punto de jubilarse en aquel momento. Comentando lo que hacíamos cada uno con nuestros deportistas y los proyectos que teníamos entre manos, me habló de una iniciativa que había puesto en marcha con mujeres con cáncer de mama, también de forma casual, en 1996. Don era profesor en la Universidad de Columbia Británica (Canadá), y me contó que todo había surgido a raíz de serle diagnosticada esa enfermedad a una compañera de su departamento. A aquella mujer, deportista, el cirujano que la operó le dijo que se olvidase de la actividad física porque podría desarrollar linfedema [inflamación causada por la acumulación de líquido linfático] en el brazo. Y no es que fuese una ocurrencia de este médico, en aquel momento, ese era el conocimiento estándar”, apunta el traumatólogo coruñés, quien relata cómo el doctor McKenzie decidió entonces “revisar la literatura científica” y, al hacerlo, constató que “nadie decía por qué no se podía realizar ejercicio” en esos casos.

Paladas frente al cáncer de mama: “Estamos todas en el mismo barco”

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en la playa de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros). / Víctor Echave

A partir de ahí, “reunió a un grupo de 24 voluntarias, todas con cáncer de mama, y les planteó un programa de entrenamiento en gimnasio de tres meses”, además de “remar en un tipo de embarcación tradicional china, denominada dragon boat (barco dragón), en la que cabían todas”. “Tras ese periodo de prueba, ninguna de las participantes en aquella experiencia tenía linfedema, y se encontraban mucho mejor en todos los sentidos: físico, anímico, etc. Don, que aparte de médico era científico, publicó los resultados de ese estudio inicial, no obstante, las voluntarias le plantearon que querían continuar adelante con el entrenamiento y así fue como arrancó todo”, refiere.

“Mientras Don me contaba todo esto —continúa el doctor Arriaza— ya estaba pensando en la bahía de A Coruña, sin dejar de preguntarme: ‘¿Cómo es posible que no estemos haciendo algo así?’. Además, yo llevaba años colaborando con el Grupo de Investigación en Ciencias del Deporte (Incide) de la UDC, que coordina el profesor Juan Fernández y, por otra casualidad y en otro de mis medios, había coincidido con otro médico en Francia que desarrolla otro programa de ejercicio físico en pacientes oncológicos, ya no solo en cáncer de mama, sino en general”, apunta el traumatólogo coruñés, quien rememora cómo, tras la Comisión Médica del COI en la que conoció a Don Mckenzie y su proyecto de remo para mujeres con cáncer de mama, estalló la pandemia de COVID y “todo se paralizó”. “Hubo que dejar la idea en stand by y empezar a darle vueltas al cómo y qué se podría hacer. A través de la Cátedra HM de Traumatología del Deporte de la UDC, planteé si se podría disponer de fondos para adquirir un ‘barco dragón’, y la idea les gustó. Hablé, entonces, con la doctora Julia Rodríguez, cirujana de mama y coordinadora de la Unidad de Mama del Hospital HM Modelo, a quien también le encanta el deporte, y con Juan Fernández y sus compañeros del grupo Incide. Organizamos un encuentro para dar a conocer el proyecto, en la facultad de Ciencias de la Educación, y al ver que asistieron más de 70 mujeres, nos dijimos: ‘Esto hay que sacarlo adelante como sea”, rememora el codirector de la Cátedra HM de Traumatología del Deporte de la UDC.

Sentada junto a él, la doctora Rodríguez resalta: “La oncología de 1996 no tenía nada que ver con la actual. Aquellas pacientes de cáncer de mama que iniciaron el proyecto en Canadá se habrían sometido a una linfadenectomía (extirpación de los ganglios linfáticos), sin embargo, a día de hoy, la cirugía en esos casos es mínima: muchas veces, hacemos cirugía conservadora de la mama; en otras ocasiones, mastectomía con reconstrucción... y aunque aún se lleva a cabo alguna linfadenectomía, cada vez son menos”. Y es que “los factores para desarrollar linfedema” en el cáncer de mama, explica la coordinadora de la Unidad de Mama del Hospital HM Modelo, “son la cirugía y la radioterapia”. “En los últimos años, han empezado a salir estudios sobre los beneficios del deporte para las afectadas por esta enfermedad oncológica, la más frecuente en mujeres. Los médicos nos centramos mucho en cirugía, radioterapia... y estas cuestiones no solían tratarse en congresos, no obstante, el abordaje integral del cáncer requiere, también, entrenamiento físico, fisioterapia, psicología, nutrición, acupuntura muchas veces...”, especifica la doctora Rodríguez, y subraya: “Que el deporte es beneficioso lo sabíamos, pero ahora está demostrado, científicamente, que las pacientes con cáncer de mama que lo practican de forma habitual durante el tratamiento, y también una vez finalizado este, mejoran la supervivencia entre un 28-30%. Por tanto, es algo ‘obligatorio’ hoy, como un medicamento más”.

“Que el deporte es beneficioso para las pacientes con cáncer de mama lo sabíamos, pero ahora está demostrado científicamente que aumenta la tasa de supervivencia”

Julia Rodríguez

— Cirujana de mama y coordinadora de la Unidad de Mama del Hospital HM Modelo

Las integrantes de Bolboretas, en torno una treintena en la actualidad, dan fe de lo que cuenta la cirujana coordinadora de la Unidad de Mama del Hospital HM Modelo. “Este proyecto suscita mucho interés entre las mujeres que están en tratamiento de un cáncer de mama, o que han superado ya esta enfermedad, porque, en cuanto pruebas el remo, te das cuenta de que es una actividad que te puede ayudar, pues no solo te activa, sino que te permite estar rodeada de compañeras que te entienden porque han pasado por lo mismo que tú”, explica Ruth Rodríguez, embarcada en Bolboretas desde sus comienzos y miembro, en la actualidad, de la directiva de la asociación. “Te sientes acompañada, y eso te ayuda a descargar lo que tienes dentro y necesitas soltar. Además, a medida que percibes la mejoría, vas dejando atrás esa parte más fea de los tratamientos y empiezas a despegar”, agrega.

Beatriz Pérez, integrante también de la asociación, tiene “la doble vertiente”: es profesional de la salud (en su caso, fisioterapeuta) y “superviviente” de un cáncer de mama. “Cuando la doctora Julia Rodríguez me diagnosticó la enfermedad, en 2018, en mi cabeza estaba muy claro qué tenía que hacer. Hay tres cosas que dependen de las pacientes, y que ningún médico puede hacer por nosotras: practicar ejercicio físico, comer bien y mantener la cabeza en su sitio. Consciente de ello, en el momento en que me comunicaron lo que había, me dije: ‘Vamos a darle caña’. A partir de ahí, llevé a cabo una revisión bibliográfica exhaustiva para ver qué ejercicio me podría ir mejor, y me di cuenta de que, en aquel momento, había mucha información, pero muy dispersa. Desde entonces, he realizado cursos de especialización en fisioterapia oncológica, de hecho, cuando irrumpió el COVID, en marzo de 2020, me encontraba en Madrid, en una de esas formaciones”, recuerda Beatriz, quien hace hincapié en que, “a día de hoy”, los profesionales que trabajan “con ejercicio” saben ya “qué dosis es buena para cada paciente”, algo “muy importante” puesto que, “además, es por consenso internacional”.

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en la playa de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros).

Integrantes de Bolboretas, durante una jornada de remo en la playa de Santa Cristina, en Perillo (Oleiros). / Víctor Echave

“Siempre se hacen varios tipos de ejercicio, de fuerza y de resistencia. ¿Qué tiene de bueno remar en el ‘barco dragón’? Que es una mezcla de ambos. En mi caso, por ejemplo, cuando me reincorporé al trabajo, me fui a un club de piragüismo —aún no existía Bolboretas— y me puse a remar. Durante el tratamiento, de hecho, ya practicaba ejercicio, lo que me permitió perder un 5% de grasa, y ganar un 5% de masa muscular, en aquella etapa”, destaca.

Entre las integrantes de Bolboretas, “hay mujeres que ya practicaban deporte antes, pero también otras que no lo habían hecho en su vida”, explica Juan Fernández, coordinador del grupo Incide de la UDC y uno de los entrenadores del grupo. “Las hay que llegan en un buen estado de forma, otras con sobrepeso o con unas carencias de fuerza...”, indica Fernández, quien detalla que el “esquema de trabajo” de las bolboretas incluye “dos sesiones semanales de entrenamiento en seco, para que puedan mantener la forma física durante los periodos en los que el clima les impide ir a remar”.

“Cuando el tiempo permite salir al mar, hacemos primero unos ejercicios de calentamiento en la arena de la playa de Santa Cristina, no va ser llegar y ponerse a remar. Además, sacar al ‘dragón’ de su ‘guarida’ tiene ya lo suyo, porque es un barco enorme y muy pesado. Una vez en la embarcación, el entrenador se sitúa en la parte de atrás, de pie, y nos va guiando y corrigiendo. Estamos como una hora en el agua, y nos lo pasamos pipa”, resalta Ruth Rodríguez, quien asegura que el perfil de las bolboretas es “variado”, de hecho, por la asociación han pasado mujeres con edades comprendidas entre “los veintitantos, y los 72 años”. “En este último caso, con una forma física que ya quisiéramos muchas de nosotras” , reconoce.

Cuenta Ruth que ella misma sufrió linfedema, tras someterse a un “vaciamiento axilar completo”, aunque “lo tenía bastante localizado” y pudo ser intervenida con éxito. “En mi caso, creo que parte de que saliese bien fue debido a que, desde que inicié el proceso de mi enfermedad en Granada, donde vivía por aquel entonces, me dijeron: ‘Tienes que hacer ejercicio, tienes que nadar y tienes que mover el brazo’. De hecho, en cuanto se me cerró la herida, me ‘tiraron’ directamente a la piscina, por así decirlo, para hacer ejercicios específicos, y pienso que eso es lo que me libró”, señala.

“El ejercicio físico ya no se recomienda solo cuando las pacientes con cáncer de mama tienen linfedema o pueden desarrollarlo; también se aconseja durante el tratamiento neoadyuvante”

Víctor Sacristán

— Oncólogo del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac)

“Cada vez se está demostrando más que hacer ejercicio es muy positivo, incluso antes de la cirugía”, considera Víctor Sacristán, oncólogo del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), que acaba de iniciar un programa de rehabilitación integral para pacientes con cáncer de mama, en el Hospital de Oza. “La práctica de ejercicio físico ya no se recomienda solo cuando las pacientes tienen linfedema o pueden desarrollarlo. También se aconseja durante el tratamiento neoadyuvante, es decir, cuando están recibiendo la quimioterapia o una hormona para que, posteriormente, a los cirujanos les resulté más sencillo operar. En el Chuac, los servicios de Oncología y Rehabilitación acabamos de poner en marcha un programa de ejercicio, guiado por los fisioterapeutas del hospital, para estos casos. Vamos poco a poco, decidimos empezar con el cáncer de mama, porque es uno de los más numerosos, pero nuestra idea es poder expandir el proyecto a otros tipos de tumores”, avanza.

A este respecto, Ruth Rodríguez subraya que “todas las incorporaciones recientes a Bolboretas están en plena quimio, o van a iniciar ese tratamiento”. “El cambio, en un año, ha sido tremendo. Antes, la gran mayoría de las integrantes de la asociación habíamos pasado ya los tratamientos, sin embargo, ahora nos contactan mujeres que, o bien van a empezar la quimio, o bien la están recibiendo, y esto es algo que nos encanta, porque vemos que la tendencia comienza a cambiar”, remarca Ruth, antes de asegurar que, “las que llegan nuevas” ven en las veteranas, como ella o Beatriz, una suerte de “luz al final del túnel”. “Nos ven y piensan: ‘Yo voy a llegar a estar así’. A nivel anímico, les ayuda un montón”, reitera.

“Otra de las cosas buenas que tiene el ‘barco dragón”, agrega, en este punto, el doctor Arriaza, es que “es una actividad de equipo”. “Cuando remas por tu cuenta, obtienes unos beneficios, igual que lo haces yendo al gimnasio, pero si en el ‘dragón’ vas a tu bola, no anda. Sin embargo, en el momento en que todas palean, aunque lo hagan mal, de repente, va como una flecha. Es una pasada ver cómo se mueve, y eso despierta un sentimiento de compañerismo, de solidaridad... que refuerza aún más ese vínculo tan especial que se ha creado entre las integrantes de Bolboretas”, apunta el traumatólogo y codirector de la Cátedra HM de Traumatología del Deporte de la UDC.

Frente a él, Ruth y Beatriz asienten, e inmediatamente, insisten: “Cuando te diagnostican un cáncer de mama, te sientes perdida, tienes un montón de preguntas... encontrarse, de repente, con otras mujeres que ya lo han pasado y que están bien, ayuda a relajarse y a ver que hay un después”, hace hincapié Ruth, a lo que Beatriz añade: “En el momento del diagnóstico del cáncer, buscas un referente, alguien que te diga cómo va a ser el proceso de la enfermedad. En Bolboretas, entre todas nos sentimos mucho más arropadas. El espíritu de la asociación es un poco ese: servir de guía a otras mujeres que acaban de ser diagnosticadas y que lo están pasando peor”, concluye.

* Los interesad@s en unirse a Bolboretas, o en obtener más información sobre el proyecto, pueden contactar con la asociación a través del correo electrónico bolboretascoruna@gmail.com o en Facebook (Bolboretas Coruña Dragon Boat)

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents