Sexualidad en la adolescencia: “No todo se resuelve dándoles preservativos”

Numerosas familias afrontan esa etapa de sus hijos con un desconocimiento absoluto sobre su vida íntima u “No me cuenta nada, ha construido un muro”, reconoce una madre

Olga Pereda

La educación sexual nunca ha sido un tabú en casa de Mónica Blasco, administrativa de Barcelona de 50 años. Cuando su hijo era pequeño, le hablaba con naturalidad y con un lenguaje adaptado a su edad sobre el cuerpo, los genitales, la autoestima, los límites y el respeto a los demás. El chaval tiene ahora 17 años y Mónica no sabe “absolutamente nada” de su vida sexual. Lo único que tiene claro es que es heterosexual, pero desconoce si le gusta alguna chica o si mantiene relaciones. “No me cuenta nada, ha construido un muro”, se lamenta Mónica, que no sabe cómo acompañar a su hijo en una parte de la vida tan importante como es la sexualidad.

El caso de Mónica no es aislado. La media de edad para la primera relación sexual coital es de 16,2 años, según el informe Juventud en España 2020, elaborado por el Instituto de la Juventud. Sin embargo, muchas familias afrontan la adolescencia de sus hijos e hijas con un desconocimiento absoluto sobre su vida íntima. O con desconcierto, como el que sintió Marta, empresaria de 51 años, cuando su hija, de 17 años, le informó de que iba a dormir en casa con una amigo después de una noche de fiesta.

Pérdida de control

El último estudio internacional HBSC, de 2018, asegura que, en España, el 20% de los chicos y chicas de 15 y 16 años ha mantenido relaciones coitales. El porcentaje aumenta hasta casi la mitad (48%) entre los jóvenes de 17 y 18 años. La sexualidad va más allá del coito, el cuerpo y los sentimientos. Es, en palabras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un aspecto de la vida que incluye “las ideas, las identidades, el deseo, las creencias, las actitudes, los valores y las conductas”. Siendo una dimensión tan importante, ¿cómo hacer frente a la sexualidad de los hijos e hijas adolescentes?

Primero, teniendo claro que la adolescencia no tiene nada que ver con la infancia. La complicidad y el fuerte vínculo de antaño se van difuminando. “La etapa más complicada en lo que a maternidad y paternidad se refiere no es la primera infancia ni la juventud, sino la adolescencia. Se sufre un duelo, un miniabandono. La relación con tu hijo cambia. El vínculo que tenías se va alejando. Eso cuesta mucho de aceptar, pero es fundamental hacerlo. Hay que asumir la pérdida de control y admitir que ahora tu hijo se encierra en su habitación y te prohíbe entrar”, explica Nuria Jorba, sexóloga y terapeuta de pareja.

Sexólogas y especialistas en educación sexual desaconsejan utilizar la presión y las preguntas directas y continuas para que los hijos cuenten algo. “Eso les cerrará todavía más”, advierte Jorba. La buena noticia es que los adolescentes, aunque no lo parezca, necesitan a los adultos y les escuchan. La receta es informar en lugar de preguntar.

“No hay que dar charlas. Y tampoco esperar un diálogo con ellos. Nuestro papel es el de ofrecer información a pequeñas dosis. Información objetiva, fácil y positiva, y nunca desde el miedo. Que tengan claro que no les vamos a juzgar, que no tengan nunca pánico a llamar a nuestra puerta”, añade Jorba. “Tu hijo te sigue necesitando como cuando era un niño, pero ahora debes estar en la retaguardia”, concluye.

La educación sexual comienza desde la primera infancia, donde no hay erótica sino una dimensión afectiva y social. “Si una madre jamás ha hablado de esto con sus hijos y se pone a hacerlo cuando son adolescentes... llega tarde”, sentencia la sexóloga, terapeuta sexual y divulgadora Sonia Encinas, autora de Sexo afectivo (editorial Montena), un ensayo dirigido a jóvenes sobre amor, empoderamiento, relaciones sanas, consentimiento y placer.

En muchos hogares se pasa de puntillas sobre la sexualidad pensando que hablar de eso implicará que los hijos e hijas aceleren sus relaciones sexuales. Todo lo contrario. “Hay evidencia que demuestra que las personas que han recibido educación sexual suelen retrasar sus primeros encuentros eróticos”, subraya Raquel Hurtado, subdirectora de Sedra-Federación de Planificación Familiar.

Aprender a llamar a la puerta

“No necesitamos saber todo sobre su intimidad, pero sí debemos dejarles claro que, si nos necesitan, ahí estaremos”

Las familias tienen sensación de seguridad cuando los chavales les cuentan cosas. No hacerlo es, para muchos, sinónimo de problema. Pero no es así. “Tus hijos no están en la obligación de contarte nada. Es su intimidad. La pregunta no es cómo puedo hacer para que me cuente, sino cómo puedo hacer para estar”, insiste Hurtado. Se trata, según la especialista en educación sexual, de no avasallar a preguntas sino de “tirar cañas”. Y pone algunos ejemplos: “Puedes decirle cosas como ‘si le pasara esto a un amigo tuyo, ¿tú qué pensarías’?, ‘¿a ti esto, qué te parece?’”.

Hurtado también recomienda a las familias “aprender a llamar a la puerta” para evitar momentos tensos como pillarlos masturbándose y saber generar espacios de intimidad a los chicos y las chicas. “La educación sexual es una carrera de fondo, no se trata de entregarle preservativos y pensar que ya está todo solucionado”, advierte la responsable de la Federación de Planificación Familiar, que ofrece charlas en institutos y colegios y sigue calificando de “asignatura pendiente” la educación sexual tanto en los hogares como en las aulas. “No necesitamos saber todo sobre su intimidad, pero sí debemos dejarles claro que, si nos necesitan, ahí estaremos. No desde la angustia. Les hablaremos de prevención, claro que sí, pero también de placer. Les podemos decir ‘mira, aquí tienes preservativos si los necesitas’ y ‘aquí tienes este ensayo sobre sexualidad por si te lo quieres leer’”, añade Encinas, quien recomienda a las familias que se vean superadas e incapaces que llamen a la puerta de una profesional.

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