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El último alegato de Gisèle Pelicot: «Este es el juicio de la cobardía»

«La sociedad necesita abrir los ojos al hecho de que vivimos en una sociedad machista y patriarcal, en la que la violación se trivializa», dice la mujer tras escuchar al último acusado

Leticia Fuentes

Aviñón, Francia (enviada especial)

Ayer fue una jornada importante para el proceso de Mazan, que entra en su recta final. Más de 160 periodistas de todo el mundo hacían cola frente al Tribunal, desde las seis de la mañana, para escuchar por última vez a Giséle Pelicot y su marido, Dominique, en el macrojuicio que ha sentado en el banquillo a 51 acusados de violar a esta mujer, bajo la supervisión y participación del que fue su esposo durante 50 años. «Es el juicio de la cobardía», dijo la mujer en alusión a la actitud de los acusados.

Días atrás, el abogado de Gisèle aún no sabía si ella iba a declarar, puesto que «se encontraba fatigada» después de más de 11 semanas de proceso. Sin embargo, el lunes —tras presenciar las lágrimas de desesperación de sus hijos pidiendo a Dominique que dijera la verdad sobre si abusó de su hija Caroline y de sus nietos—, Gisèle pidió la palabra al presidente del tribunal con una condición: «Quiero hablar antes que Dominique Pelicot». «Así será, madame Pelicot», le respondió el presidente Arata.

Ayer, tras escuchar al último acusado, la denunciante se dirigió al estrado para hablar por última vez a todas las mujeres de Francia con un altavoz de impacto global: «La sociedad necesita abrir los ojos al hecho de que vivimos en una sociedad machista y patriarcal, en la que la violación se trivializa».

Ha sido escueta en palabras porque, asegura, ya ha explicado todo lo que tenía que decir durante el proceso. Para esta mujer de Mazan, no hay olvido ni perdón: «Los actos que ha cometido sobre mí el señor Pelicot son imperdonables. Me ha traicionado. Nunca imaginé ni un segundo que él me pudiera hacer eso. Lo complicado para mí es que no vi nada y siempre creí que estaba viviendo con alguien bueno».

Como ya expresó en otras ocasiones, no sabe si algún día podrá responder a la pregunta de por qué esos hombres abusaron de ella y, aún menos, entender el motivo que llevó a ese marido y padre aparentemente excepcional a abusar de ella. «Siempre he tenido una vida completamente normal con el señor Pelicot. Nos despertábamos, desayunábamos juntos, íbamos a pasear, cogíamos la bici… La anormalidad era cuando él me drogaba, abusaba de mí y yo no lo sabía». También insistió en que Dominique la quería dominar: «Encontró la solución sometiéndome químicamente». De hecho, el esposo declaró: «Someter a una mujer insumisa era mi fantasía por puro egoísmo».

Tras la intervención de Gisèle, llegó el turno de Dominique Pelicot. Una última declaración escueta en la que quiso dejar claro que «nunca ha tocado a sus hijos, ni a sus nietos», e insistió en que no midió su sufrimiento hasta este juicio, cuando se encontró, frente a frente, después de cuatro años con la que era su familia.

Su hija, Caroline, no pudo aguantar al escuchar a su padre, y estalló con ira en plena audiencia: «No tienes el coraje de decir la verdad, ni siquiera sobre tu exesposa. Morirás en mentiras. Estás solo en la mentira. Es una pena para ti, no tienes cara». Su grito resonó en toda la sala, lo que provocó un incómodo silencio.

Philippe Leleu fue el último en declarar. Este acusado describe el mismo modus operandi que el resto de la cincuentena de agresores. «Hice lo que me dijo. Él me dirigió». La justicia solo ha podido identificar a 51 agresores de Gisèle, pero la policía ha contabilizado a más de 90. La mayoría de ese medio centenar no se reconoce como violadores.

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