El vino que suma premios de la bodega de dos mayores gallegos
Los hermanos septuagenarios Guitián producen en Valdeorras un ‘godello’ que deleita en España, Alemania y Suecia | Solteros y sin hijos, no piensan en el retiro, pero su negocio atrae el interés de compradores

Senén y Carmen Guitián, con el reciente premio nacional otorgado a su vino godello.
J. Fraiz
Algo de magia crea la orografía de Valdeorras para que la madurez y la fermentación del vino de Carmen y Senén —la marca comercial es Guitián, como su apellido— cautiven el paladar de consumidores de toda España y de países como Suecia y Alemania, así como a la crítica especializada. El godello que estos dos hermanos de 72 y 77 años producen en su bodega A Tapada, en 9 hectáreas de viñedo en el municipio ourensano de Rubiá, atesora decenas de premios, desde principios de los años noventa hasta la actualidad. El más reciente se lo concedió en octubre el Ministerio de Agricultura, en el certamen Premios Alimentos de España, en reconocimiento al Guitián fermentado en barrica, de la cosecha de 2022. Esta variedad, así como las de vino joven, sobre lías y de vendimia tardía, están consideradas entre los mejores blancos del país. Guitián ha sido el único vino blanco español con las máximas distinciones mundiales otorgadas en concurso, destaca la bodega.
«No utilizamos ningún herbicida ni sulfatos sistémicos. Nunca hemos tenido problemas con la fermentación. Aquí hay un clima con una temperatura un grado inferior a O Barco, y la maduración es más lenta, la vendimia se hace en plena madurez. Este año, entre el 23 de septiembre y principios de octubre. Es la forma de que el vino salga tan bien», expresa Carmen.
El proyecto de los hermanos Guitián en la bodega A Tapada comenzó en 1985. Entonces el líder era Ramón, fallecido en 1996 en un accidente de tráfico. Carmen y Senén ensalzan su inteligencia, su capacidad de vislumbrar qué era necesario para que la plantación de viñedo que nació en una finca familiar diese el fruto óptimo, con un vino reconocido y apreciado. Las instalaciones de la bodega se edificaron en 1993, dedicando en aquel momento «212 millones de pesetas», detallan los hermanos. «Se hizo una inversión a conciencia, ya entonces con presa neumática, luz por bandeja y una instalación con proyecto de un perito industrial. Este mismo año vinieron de la Xunta a hacer la revisión eléctrica y quedaron admirados».
Además de por las condiciones orográficas y climáticas favorables para la maduración, Carmen y Senén señalan otro factor de éxito, opinan. «Nos gusta trabajar y nos tira esta profesión. Nuestro abuelo decía que siempre había que intentar estar entre los primeros en aquello que se hiciera», dice Senén.
Los dos hermanos septuagenarios han conseguido que su bodega alcance un nivel de producción de unas 100.000 botellas de godello: 80.000 de vino joven, 5.000 de la variedad fermentada en barrica y 15.000 sobre lías. El 80% de su mercado es nacional. Como si reprodujera mentalmente el mapa de España al detalle, Carmen enumera de memoria los lugares en los que se comercializa su vino, que llega a los estantes de tiendas de alimentación, de productos selectos y a restaurantes de gama media y alta. «En Madrid y Barcelona tenemos el mercado más grande, después Bilbao, la provincia de A Coruña, también en la de Lugo, Asturias, Santander, Vitoria, Irún, Valencia, Alicante, Mallorca, Menorca, Tenerife...», detalla.
Los dos mayores llevan el peso de la bodega, también de las labores de oficina. El festivo del 6 de diciembre se dedicaron a extraer vino joven, a filtrar, catar y embotellarlo, para ofrecer un producto nuevo a los distribuidores en esta campaña de Navidad. Cuando el volumen de trabajo crece, los Guitián contratan a una brigada de seis obreros para labores como la poda y la vendimia. Además cuentan con un empleado fijo discontinuo durante nueve meses al año.
En edad avanzada, sin hijos y solteros, el relevo en la bodega se complica. «Es una pena, porque es una empresa de alta calidad, con su mercado, es un vino que gusta mucho», destaca Carmen. «Hay tantos enamorados de la bodega que el día que queramos vender no sé qué diremos. Algún pretendiente ya ha venido por aquí», completa Senén. Ellos por ahora no piensan en el retiro. Cuando den el paso —añaden— será «a la vez y de conformidad, afortunadamente nos llevamos muy bien». Carmen tiene la intención de seguir con el proyecto que, junto a su hermano Ramón, hizo del godello Guitián un vino apreciado en el mundo. «Estar sentada o andar de paseo no es lo mío. Prefiero mi trabajo, creo que me alarga la vida».
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