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Dentro de la ‘rave’ ilegal

Pizzas al horno, hinchables y «el mejor electrosound del mundo»: miles de amantes de la electrónica de toda Europa llevan acampados desde Nochevieja al lado del aeropuerto de Ciudad Real y esperan llevar la fiesta hasta el día 7

Roberto Bécares

Ciudad Real

«Oye, perdona, ¿tú acabas de llegar verdad? ¿Sabes si se puede salir bien? Nos queremos ir ya hoy... Cada año sube el nivel esta gente. Está muy bien este año. Hay unos italianos haciendo pizzas en un horno de leña y todo, pero ya después de dos días yo me piro de vuelta a Granada. Por las noches hace un frío que alucinas». Gabriel tendrá unos 30 años, viste un forro polar y unas zapatillas de montaña y llega andando tranquilamente hasta el perímetro de este Nomadland improvisado de furgonetas, camiones y coches abigarrados.

El chunda chunda resuena a lo lejos nada más coger la carretera que se dirige desde la A-41 al aeropuerto de Ciudad Real, inactivo desde hace años, pero que ha vuelto a tener notoriedad informativa por la celebración desde la primera noche del año de la Big Fucking Party, la rave ilegal más conocida de Europa.

«El sitio está muy guay. Aquí no hay ningún tipo de problema, ni incidentes, la gente es su propia policía y la policía de los demás. Dicen que va a durar hasta el 7 de enero, y de hecho el último día va a haber un espectáculo de circo», cuenta este profesor de Física que a última hora de la tarde del pasado día 31 de diciembre esperaba con impaciencia con varios colegas recibir la ubicación exacta de la rave ilegal en su tercera convocatoria en España; tras Fuente Álamo, en Murcia, en 2024; y La Peza, Granada, en 2023.

A través de mensajes en canales restringidos de WhatsApp y Telegram ya se había dado indicaciones a los amantes de la cultura rave que la free party, esta fiesta gratuita y autogestionada, iba a tener lugar entre Puertollano y Ciudad Real. A las 21.00 horas comenzó a circular la ubicación exacta y la A-41 comenzó a llenarse de furgonetas.

Sobre las diez de la mañana del jueves, varios furgones de la Policía Nacional cortaban el acceso por carretera a la rave, donde se congregaban miles de personas, más de 10.000 según gente cercana a los organizadores, colectivos provenientes de toda Europa. Las furgonetas camperizadas y los utilitarios se habían ido aposentando alrededor de la que llaman calle principal, donde están repartidos cada cien metros cada uno de los nueve muros de altavoces.

«Algunos de esos muros valen medio millón de euros. Es el mejor soundsystem de toda Europa, y toda esta gente lo hace gratis», cuenta Lua, ingeniero industrial catalán de unos 30 años que trabaja de fotógrafo y se vuelve a su casa porque le toca «currar». «Es un ambiente libre, se está perfectamente, nadie pregunta a nadie», cuenta un colega suyo, Henri, también en chandal.

–¿Y os volvéis ya porque habéis tenido suficiente?

–Nunca es suficiente, pero echamos de menos ya la ducha caliente. Por la noche hemos llegado a tener cinco bajo cero.

El público ronda entre los 20 y 40 años, de todo tipo y condición, pero por haber hay asistentes vestidos de lagarterana y hasta uno con el uniforme de Policía local. Nadie mira mal a nadie. Cada uno va a su bola, sobre todo los perros, que los hay a decenas por todo el recinto, pero pasan casi inadvertidos en este sorprendente caos ordenado.

Nico y Fernando son gallegos y llegaron el primer día. Cargados de comida por un tubo. «Tenemos hasta chuletones para hacer con el camping gas. Hay que comer bien. Nos vamos a quedar toda la semana, aunque haya este frío». Uno de ellos va con el pantalón de un pijama de Snoopy. Están tumbados en el suelo jugando al ajedrez frente a un puesto de patatas fritas cuyos cucuruchos se venden a tres pavos. «Esto es completamente ajeno a cualquier otra fiesta. No hay regulación, pero la gente se respeta».

«Hay gente de toda Europa, Reino Unido, Italia, Francia, Bélgica... incluso han venido marroquís», explica María, estudiante de Socióloga de Granada que está haciendo su tesis sobre el movimiento rave y las Free Party. «El alcohol y las drogas están aquí, como en todos lados hay, pero aquí no se estigmatiza a nadie, aquí nadie se tiene que esconder».

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