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«Los refugios climáticos deben ofrecer gratuidad, zona de descanso e hidratación»

Según un informe de Greenpeace, Galicia es una de las siete comunidades españolas que no dispone de refugios climáticos en las grandes ciudades, una cuenta pendiente que la Xunta está intentando saldar impulsando un proyecto piloto en Ourense. Sin embargo, el concepto de «refugio climático» va mucho más allá de ofrecer espacios verdes en las ciudades para combatir las altas temperaturas

Carolina Sertal

El pasado mes de junio, la Xunta anunció una inversión en un proyecto piloto de refugios climáticos en Ourense a través de un convenio de colaboración con la Universidade de Vigo y el Concello ourensano. Sin embargo, Galicia es en la actualidad una de las siete comunidades autónomas españolas sin espacios públicos de protección ante el calor extremo, según refleja el informe de Greenpeace «Ciudades al rojo vivo: refugios climáticos y desprotección frente al calor extremo en España». La directora de campañas de la ONG, María José Caballero, analiza cuáles son las características que deben cumplir y por qué urge su implantación.

¿Qué abarca el concepto de refugio climático?

Son espacios, de interior o de exterior, que desde nuestro punto de vista tienen que tener una serie de características básicas: que ofrezcan gratuidad para poder acceder a ellos; posibilidades de zonas de descanso, para que las personas que acudan puedan reposar el tiempo que sea necesario; hidratación, que se proporcione agua de grifo de forma gratuita para las personas que acuden a estos espacios, puesto que es una de las medidas fundamentales para que nuestro cuerpo pueda combatir el calor, que estén identificados como tal por los ayuntamientos y que cumplan con el horario cuando se producen las mayores olas de calor. Estos requisitos son los que, básicamente, estamos solicitando a todos los ayuntamientos a la hora de habilitar estos refugios.

Teniendo en cuenta que cada vez más se están registrando estos episodios de calor extremo, ¿considera que se llega tarde?

Sí, porque es una situación que se está dando desde hace ya unos cinco años. Los momentos de calor extremo cada vez son más frecuentes y esto tiene un impacto muy acusado sobre la salud, sobre todo en determinados colectivos, tales como aquellas personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias, mayores, embarazadas, bebés y otros colectivos vulnerables como los que no tienen hogar. Por esto es imprescindible que los municipios dispongan de un plan de adaptación a las temperaturas extremas.

¿Cuál es la situación en Galicia?

Queda mucho por hacer y las ciudades gallegas no destacan por tener implementadas estas medidas. Hay que tener en cuenta además que no es lo mismo el impacto de las olas de calor que se sufren los vigueses, por ejemplo, con respecto a los habitantes de Cádiz, porque mientras estos últimos se han ido acostumbrando paulatinamente, en Vigo no ha habido tiempo a adaptarse a estas temperaturas extremas. Pedir a los ayuntamientos que adapten sus ciudades al calor es una cuestión de salud pública.

¿Y cómo están funcionando estos refugios en aquellos territorios en lo que sí se han implantado? ¿Qué tipo de espacios son los que se han habilitado?

Pues lo que nos encontramos en España es que en algunas ciudades sí que hay una lista de lo que pueden ser refugios climáticos, pero no están implementados. A veces se incluyen espacios privados y eso no es lo que nosotros estamos solicitando, porque aunque tengan la temperatura adecuada, si no puedes entrar sin pagar, ya no cumple con la característica de refugio. Nosotros pedimos que tengan horario adecuado, que sean gratuitos y que tengan esas zonas de descanso e hidratación, y normalmente estamos hablando de centros cívicos o de centros en los barrios como pueden ser las bibliotecas. Incluso podrían adaptarse los colegios para que en verano, cuando están cerrados, se conviertan en refugios climáticos y que durante el resto del año todas las niñas y niños no tengan que sufrir ni el frío, ni la humedad, ni el calor.

Además de los refugios, ¿qué otras medidas podrían adoptar las administraciones públicas ?

Realmente son cuestiones que no son difíciles de poner en marcha, tienen más que ver con la voluntad política. Estamos hablando de que haya fuentes públicas, por ejemplo, y que haya un mapa de estas que se reconozcan a través de otro mapa, lo que llamamos los desplazamientos confortables, que tienen que ver con que puedas desplazarte por la sombra para llegar o bien a estos refugios climáticos o a tus quehaceres diarios. Por otra parte, tenemos la regla «3/30/300», muy fácil de entender y la que está comprobado que afecta de forma muy positiva en la salud en casos de calor. Esto significa que desde tu ventana puedas ver al menos tres árboles, que vivas en un barrio que tenga un 30 % de cobertura vegetal y que no estés a más de 300 metros de un espacio verde público. En cuanto a estos últimos espacios, en estudio europeo se vio que, en más de 250 ciudades, los espacios verdes reducen hasta 12 grados la temperatura, sobre todo en las ciudades donde se da este efecto de isla de calor por el cemento y el hormigón.

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