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INCENDIOS FORESTALES

El fuego amenaza el futuro del oso: los ecosistemas quemados podrían tardar hasta quince años en recuperarse

Los expertos denuncian la falta de gestión real de los espacios protegidos

El fuego amenaza el futuro del oso.

El fuego amenaza el futuro del oso.

Pablo M. Santamarina

Oviedo

Los incendios forestales que han arrasado cerca de 4.000 hectáreas en el suroccidente de Asturias han encendido todas las alarmas sobre el futuro del oso pardo y del urogallo cantábrico, dos de las especies más emblemáticas y vulnerables del Principado. Los expertos coinciden en que el hábitat perdido tardará entre siete y quince años en regenerarse, con consecuencias graves en la cadena trófica y en el equilibrio de los ecosistemas.

El biólogo Carlos Nores advierte de que, aunque los osos adultos suelen escapar de las llamas, existen riesgos inmediatos: "Las hembras con crías de este año son muy vulnerables porque permanecen asentadas en áreas concretas, y las crías son demasiado pequeñas para poder desplazarse". Nores subraya además que los incendios actuales, de gran intensidad y comportamiento imprevisible, pueden llegar a provocar la muerte incluso de grandes vertebrados.

El problema principal, sin embargo, es a medio plazo: la pérdida del hábitat. "En los fuegos lentos y profundos se destruye la capa del suelo que alberga microorganismos y fauna edáfica. Sin esa base, la recuperación vegetal y animal es mucho más difícil", explica. Ese daño invisible repercute también en especies menos conocidas, como micromamíferos, reptiles o invertebrados, cuya recolonización puede tardar años. "En un bosque asturiano puede haber una docena de especies de micromamíferos; tras un incendio, solo un par de ellas tienen capacidad de volver rápido, mientras que otras, como las musarañas, que dependen de invertebrados del suelo, pueden tardar muchísimo".

En este contexto, el urogallo cantábrico aparece como la especie más amenazada. Con poblaciones en fuerte regresión, cualquier fuego que afecte a sus últimos reductos puede ser devastador. "Si se pierde un grupo reducido, no hay reposición posible. Los intentos de cría en cautividad apenas han tenido éxito en Europa", lamenta Nores.

Desde el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), su fundador Roberto Hartasánchez advierte de que los osos y otras especies deberán esperar "muchos años" hasta que encinas, robles o cerezos vuelvan a producir frutos en las zonas arrasadas. Critica además la falta de una estructura administrativa sólida en el Principado de Asturias: "Tenemos parques naturales y reservas de la biosfera que lo son solo de nombre, sin gestión efectiva, salvo Picos de Europa, que ni siquiera depende en exclusiva del Principado".

La preocupación es compartida por "SEO/BirdLife", que alerta de la grave afección de los incendios en espacios incluidos en la Red Natura 2000, como Somiedo, Ponga, Redes o Fuentes del Narcea, donde habitan las principales poblaciones de oso y el último reducto de urogallo en Asturias. La organización reclama una estrategia estatal de prevención y restauración que priorice la conectividad ecológica, la recuperación de bosques autóctonos y la protección de hábitats vulnerables.

Por su parte, la Coordinadora Ecologista de Asturias insiste en que los incendios han sido provocados y reclama recuperar los acotamientos de pastos para impedir que quienes prenden fuego al monte obtengan beneficios. También exigen que no se concedan ayudas de la PAC en terrenos quemados, al considerar que supondría un fraude.

El futuro del oso parece algo menos incierto que el del urogallo, pero Nores advierte que, si la dinámica de incendios provocados se mantiene, el escenario es sombrío e incierto: "Estamos ante un futuro muy complicado. Estos fuegos tienen la capacidad de borrar en días lo que la naturaleza ha tardado siglos en construir".

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