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Marta, madre a los 19: «Me decían que me iba a arruinar la vida»

Tres mujeres cuentan los retos que enfrentaron al decidir seguir adelante con el embarazo | La aprobación familiar, la conciliación y exponerse a la mirada social son algunos de ellos

Marta Lage, con su hija en brazos. |  L. O.

Marta Lage, con su hija en brazos. | L. O.

Malena Álvarez

A Coruña

A los 19 años la vida de Marta Lage cambió por completo, una persona comenzaba a depender de ella noche y día. Abandonó de golpe la adolescencia, ese periodo de autodescubrimiento en los que ser un poco inconsciente tiene alguna justificación. «Tenía que empezar a ser totalmente responsable de mis actos», concreta la joven. En nueve meses reestructuró sus planes de futuro para conseguir, en un corto plazo de tiempo, la independencia económica suficiente para mantener y darle un hogar a su hija.

La maternidad no fue la única dificultad a la que se enfrentó. A pesar de que siempre había querido tener hijos, Marta tuvo que soportar la mirada enjuiciadora de la sociedad en el momento en el que se convirtió en madre. «He notado prejuicios y malos comentarios de la gente que me han dolido, sobre todo al principio», reconoce. Y Relata cómo muchas personas asumían que por tener padres jóvenes la niña iba a ser criada y mantenida por sus abuelos o cómo pese a sus esfuerzos creían que su hija tendría una peor vida que con padres mayores. «Incluso hay desconocidos que te ven y se atreven a pararse y juzgar lo que estás haciendo en medio de la calle», precisa.

Estas experiencias no son solo personales, muchas madres jóvenes son víctimas de los prejuicios sociales. Élida Barreiro se quedó embarazada a los 16 años y, por la calle, ya ha tenido que escuchar más de una vez la frase «seguro que no sabe quién es el padre». Lucía González ; no es su nombre real, prefiere mantenerse en el anonimato, hace un año que tuvo a su hijo, cuando ella tenía 21. «Me molesta que juzguen continuamente», dice sobre su vivencia.

Ninguna de las tres valoró el aborto, sin embargo, en algunos momentos notaron la presión familiar «Desde que dije que quería seguir adelante con mi embarazo me hicieron sentir, en muchas ocasiones, que mi elección era un error, que me arruinaría la vida. Por suerte ya era mayor de edad para decidir por mí misma sin necesitar la aprobación de nadie», asegura Marta.

Ahora, cinco años después, agradece haber sido firme: «Mi hija es lo mejor que me ha pasado en la vida». Lucía corrobora esa afirmación, para ella no solo cambió su vida, también su forma de verla: «Ahora priorizo cosas diferentes, lucho por tener el mejor entorno posible para darle a mi hijo buenos valores». Como ejemplo, dejó el azúcar para fomentar una vida más saludable.

Con los cambios también apareció una brecha entre ellas y sus amistades: «Nuestros temas de conversación ya no son los mismos». Marta confiesa que a día de hoy solo conserva dos amigas que hiciese antes de ser madre: «Al principio algunos amigos mostraban cierto interés en seguir teniendo contacto conmigo, pero pronto empezaron a cambiar sus vidas y desaparecer casi por completo». No todo son obstáculos, la maternidad también les ha brindado otras amistades «maravillosas». Lucía explica que muchas madres se juntan para ayudarse entre ellas.

Marta terminó sus estudios de Formación Profesional cuando estaba embarazada de cinco meses, en cuanto tuvieron a su hija, ella y su pareja priorizaron el trabajo para conseguir solvencia económica. Contaron con ayuda familiar para la vivienda y la comida, pero lo que más se les complicó fue la conciliación: «Todos los abuelos trabajaban, el padre estudiaba y trabajaba y yo solo podía aceptar trabajar a media jornada porque el cuidado de la niña dependía al 100% de mí». Explica que priorizaron los estudios del padre porque era el que estaba en la universidad.

En familias monoparentales como la de Lucía esa conciliación es aún más complicada, pero ella agradece la reacción de su entorno. A Élida sus padres le ayudaron cuidando de su hija para que pudiese trabajar. Siempre le gustaron las manualidades y decidió emprender y comenzar a hacer encargos: «me pasaba la noche haciendo croché para sacar más dinero».

Ayudas y medidas

La falta de recursos, la precariedad laboral y las dificultades administrativas se suman a la carga emocional que supone criar un hijo en plena juventud. Lucía lo resume con contundencia: «No hay ningún tipo de apoyo a las madres en general. La maternidad sigue teniendo muchos lastres por todas partes».

En su opinión, hacen falta cambios profundos en la legislación laboral: «Una baja de maternidad de al menos un año, que la baja en caso de cesárea no empiece a contar hasta la recuperación del postoperatorio, adaptaciones de horario durante los tres primeros años hasta que los niños empiecen el colegio y más días para cuidados del menor». Pero, por encima de todo, señala un problema estructural: «Lo que peor está, y necesita un cambio inmediato, es la información. Nadie te cuenta nada, para enterarte tienes que buscarte la vida tú sola».

Esa falta de acompañamiento institucional la vivió Marta en primera persona: «Desde mi experiencia no conozco, ni se me ofreció en ningún momento, apoyo a través de ninguna institución. Recuerdo ir de forma voluntaria y con carácter informativo a una organización de los servicios sociales e irme sin ningún tipo de información, habiendo recibido malas caras y comentarios que daban a entender que buscase yo solita la solución a mis actos». Con el tiempo ha reflexionado sobre qué debería cambiar: «Crearía una organización pública que se diese a conocer desde el propio hospital, un espacio donde encontrar información sobre embarazo, maternidad y crianza, compartir testimonios e intercambiar experiencias, pero también acceder a ayudas económicas, inserción laboral, recursos sociales, educativos, jurídicos y de salud».

Marta añade un matiz que pocas veces se visibiliza: «Existen también padres jóvenes que necesitan apoyo en esos momentos y me parecería indispensable su participación en cualquier tipo de organización».

Las tres coinciden en que ser madre no debería ser sinónimo de error ni de exclusión.

Galicia: 81 mujeres menores de 20 años tuvieron hijos y 294 abortan

La maternidad joven continúa siendo una realidad en Galicia, aunque disminuye, sigue presente y genera debates. Según datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), en 2024 fueron 81 las mujeres menores de 20 años que tuvieron hijos en la comunidad, mientras que otras 392 pertenecientes al grupo de entre 20 y 24 años también dieron a luz. En paralelo, las estadísticas del Observatorio da Saúde Pública Galega reflejan el otro lado de la moneda: en 2023 se registraron 294 interrupciones voluntarias del embarazo entre menores de 20 años, la cifra más alta en la última década, y 1.307 entre mujeres de 20 a 29 años.

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